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El escritor contrajo el virus AH1N1; finalmente, un derrame masivo le causó muerte cerebral

Fallece Federico Campbell, crítico de las imposturas del poder

Decía que la literatura sirve como herramienta para establecer conexiones, organizar las ideas y los pensamientos

Sus textos se caracterizan por un estilo breve, irónico y realista

Fue colaborador de La Jornada y Proceso, entre otras publicaciones

Se prevé que sus restos sean cremados

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El autor de La memoria de Sciacia, captado en una cafetería de la colonia Condesa, en el Distrito Federal, en 2001Foto Archivo
Ángel Vargas y Fabiola Palapa
 
Periódico La Jornada
Domingo 16 de febrero de 2014, p. 2

El escritor, periodista y editor Federico Campbell, considerado como uno de los intelectuales mexicanos que reflexionó más profundamente sobre el poder, sus claroscuros, personajes e imposturas, falleció ayer a los 72 años de edad tras sufrir un derrame masivo con muerte cerebral.

El autor permanecía internado en estado grave desde el pasado viernes 31 de enero en un nosocomio de la ciudad de México, debido a que contrajo el virus de influenza AH1N1, mismo que le provocó afecciones renales y un par de paros cardiacos.

El deceso ocurrió a las 16:20 horas de este sábado en el hospital Mocel, en la ciudad de México, si bien alrededor de esa hora en redes sociales se informaba que el escritor sería desconectado tras sufrir el derrame cerebral. Como fuente se citaba a su hermana Silvia Campbell.

Sus restos están siendo velados en el Panteón Francés San Joaquín desde anoche y, en principio, se prevé que serán cremados.

Federico Campbell nació en la fronteriza ciudad de Tijuana, en julio de 1941, y está situado como el mejor narrador bajacaliforniano de su generación. Realizó estudios de Derecho y Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México, mismos que dejó inconclusos.

Su literatura estuvo marcada por temas como la memoria, la aviación, el fantasma de la figura paterna y el periodismo, así como lo concerniente al poder, mientras sus textos se caracterizaron por un estilo breve, irónico y realista, al ser en gran medida autobiográficos.

Para el escritor, la memoria representaba la identidad personal, aunque reconocía que en la capacidad de distorsionar residía el secreto de la creación literaria.

Asimismo, sostenía que si de algo sirve la literatura es como herramienta para establecer conexiones, organizar los pensamientos y las ideas. No tiene otro propósito, según asentó en su libro La memoria de Sciacia (FCE, 1989).

Federico Campbell realizó estudios de periodismo en el Macalester College, en Minnessota, Estados Unidos, y se desempeñó como corresponsal de la Agencia Mexicana de Noticias en Washington, en 1969.

A lo largo de su vida colaboró en diversos diarios y revistas nacionales, como La Jornada y Proceso, y hasta antes de su muerte publicaba de manera semanal la columna La hora del lobo.

Sobre la labor periodística, el autor de Entrevistas con escritores explicó a este diario en 2004 que se género “es una interlocución, y nuestro pensamiento se iría por otro camino, si no intervinieran la voz, la inteligencia, la malicia, la curiosidad y el asombro del otro. Una de las fascinaciones del periodismo –aparte de los viajes– es que a uno le cuentan historias y siente que vive otras vidas y otros tiempos”.

En 1995 obtuvo la beca J.S. Guggenheim y en 1999 participó del Sistema Nacional de Creadores, además de que en 1977 fundó la editorial La Máquina de Escribir.

Su bibliografía está integrada por los libros Infame turba (Lumen, 1971), Entrevistas con escritores (1972), Todo lo de las focas (1983), Pretexta o el cronista enmascarado (FCE, 1979), Los brothers (cuentos, 1982, UAM, 1984), Tijuanenses (Joaquín Mortiz, 1989), De cuerpo entero (memorias) (1990), La ficción de la memoria (antología sobre Juan Rulfo) (Era-UNAM, 2003) y El imperio del adiós (antología de textos narrativos) (2004).

En el terreno del ensayo, en tanto, se encuentran La memoria de Sciascia (FCE, 1989), La invención del poder (Aguilar, 1994), Máscara negra: crimen y poder (Joaquín Mortiz, 1995), Post scriptum triste (UNAM, 1994) y Periodismo escrito (Alfaguara, 2002).

También incursionó en la traducción, desde donde abordó obras dramatúrgicas de Harold Pinter, David Mamet y Leonardo Sciascia.

Por su libro Transpeninsular recibió en el año 2000 el Premio de Narrativa Colima, otorgado por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y la Universidad de Colima, mientras su libro Padre y memoria lo hizo merecedor del Premio Nacional de Literatura Letras de Sinaloa, en 2011.

En un homenaje realizado por el INBA, con motivo de sus 70 años, en 2011, Federico Campbell resumió la forma de ver y ejercer su existencia, al afirmar que las cosas que uno hace en la vida dependen mucho de la vocación, de las pasiones, de los gustos, de cómo se asombra uno ante el mundo cuando nace, crece y, sobre todo, algo que lo constituye a uno son los otros, son los demás, son las ciudades en las que ha vivido.