Opinión
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Software libre y dependencia informática
E

l Festival Latinoamericano de Instalación de Software Libre (FLISoL), que cumplió ayer 10 años y se realiza en 19 países de la región y en España, contó en México con el desarrollo de diversas actividades en una treintena de sedes de todo el territorio nacional, en la que participaron estudiantes, ingenieros, programadores y técnicos en materia computacional, así como usuarios comunes de sistemas informáticos.

A contrapelo de los intentos por estigmatizar este tipo de tecnología como pirata, ilegal o insegura, es importante recordar que el desarrollo de ese tipo de programas parte del reconocimiento y el respeto a la libertad de los usuarios para ejecutar, copiar, distribuir, estudiar y modificar el código fuente de los mismos, como una forma de incentivar el enriquecimiento y la evolución de la tecnología. De acuerdo con el fundador de la Fundación de Software Libre, el estadunidense Richard Stallman, el software libre se desarrolla democráticamente bajo el control de sus usuarios, mientras que el programa privativo, bajo el poder de su dueño; éste funciona como un yugo que somete a los usuarios y los mantiene divididos e impotentes.

En efecto, la contraparte de proyectos como los que ha encabezado Stallman se difunden en actos como el FLISoL es un sistema de propiedad intelectual que, ante todo, favorece a las grandes corporaciones y obedece a una lógica de saqueo. En consonancia con el desarrollo del modelo económico vigente, las potencias económicas y militares del orbe han impuesto en los países periféricos, e incluso entre sus propias poblaciones, la obligación de respetar y homologar las normativas en materia de derechos de autor y propiedad intelectual, y ello ha propiciado, en lo que respecta a los sistemas informáticos, que corporaciones trasnacionales se hagan de patentes y establezcan estándares que impiden a los usuarios modificar los sistemas informáticos que emplean diariamente. De esa manera, han minado una evolución tecnológica horizontal y democrática y extendido una profunda dependencia en la materia.

En una circunstancia en la que las herramientas informáticas se han vuelto, al igual que el Internet, un medio fundamental para la creación, difusión y almacenaje del conocimiento humano, esa dependencia informática termina por traducirse en dependencia social y hasta política. No es gratuito que el presidente de Ecuador, Rafael Correa, haya adoptado desde el inicio de su mandato el uso de software libre como política de Estado para la administración pública de ese país, como una forma de garantizar su soberanía y de paso permitir el desarrollo de tecnología local.

Según puede verse con la realización de foros como el FLISoL, diversos actores sociales, académicos y hasta empresariales han cobrado conciencia de la conveniencia y necesidad de impulsar el desarrollo de este tipo de tecnologías. Sería deseable y necesario que entre las autoridades de países como el nuestro prevaleciera un mínimo de sensibilidad y se respaldara la transmisión masiva de esos conocimientos.

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