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¡No era un campo militar!, somos sólo gente de futbol, dice; se formó una familia, resalta

Miguel Herrera abolió la disciplina rigorista en el Tri y le funcionó

Los jugadores pusieron las reglas del convivio y las respetaron, sin perder de vista el compromiso con el trabajo, indica

El Piojo recuerda que siempre ha celebrado los goles de la misma forma

 
Periódico La Jornada
Sábado 19 de julio de 2014, p. a12

El Tri con Miguel Herrera no cumplió su promesa de volver con el título desde Brasil, apenas arañó el quinto partido en la Copa del Mundo. Sin embargo, en lo que obtuvo una nota sobresaliente fue en la integración de su plantel, pues todos los jugadores, al regreso, pidieron su continuidad, lo que ya es un hecho.

El Piojo Herrera se echó a la bolsa a sus dirigidos con su carácter abierto y siempre dispuesto al diálogo, pero sobre todo con convivios como una cena y una comida en Natal, y otra comida en Recife, donde los futbolistas pudieron departir con sus familiares y en los que hubo de todo: música, buena comida, charlas amenas, risas y hasta cerveza.

¡No estábamos en un campo militar!, exclama el técnico, que subraya: Fue una grata experiencia, la disfrutamos al máximo por la forma en que se jugó y por todo lo que disfrutamos como grupo.

Respecto de las comidas y la cena, asegura que cayeron muy bien entre sus dirigidos. “Creo que era importante que se sintieran cómodos. ¡No somos policías, no estamos en el ejército con esa disciplina rigorista! Somos simplemente gente de futbol.

“¡Claro que somos profesionales!, y cuando se puede estar con la familia, convivir, tomarse una cerveza, pues, no pasa nada. Siempre con la responsabilidad que tenemos y con la idea de buscar sobresalir, y bueno, creo que para ellos fue algo muy importante.

“Con esa situación rompimos hielos, hasta nuestras familias ahora se conocen más, se compenetran, se hizo un gran grupo, una gran familia diría yo... A ellos les gustó mucho esa actitud...

“En realidad nos tocó de a una cerveza, por ahí alguno se tomó dos, pero, reitero, no pasa nada. Estuvimos conviviendo algunas horas con la familia y eso es lo que más nos gusta ver, que estén contentos, disfrutando lo que estábamos haciendo.

Eso sí, todos muy serios en la responsabilidad que tenían dentro de la cancha, como siempre lo mostraron. Se mataron para conseguir nuestro objetivo; cierto, nos quedamos cortos, pero actitud hubo de sobra y nadie puede reprocharles nada, al contrario, yo estoy agradecido con ellos.

Costumbre en sus equipos

La idea de los asados o comidas surgió incluso antes de viajar a Brasil. El Piojo lo acostumbra siempre en sus equipos.

Reveló que los jugadores “pusieron los horarios, ellos mismos dijeron cuánto tiempo –dos, tres horas– y así estuvimos muy contentos, todos fueron bastante ordenados y disciplinados a la hora de respetar las reglas que ellos mismos establecieron”.

Fue así como el Piojo terminó por sepultar el estricto código disciplinario que había impuesto Néstor de la Torre y que quiso seguir a pie juntillas su hermano, José Manuel Chepo de la Torre, cuyas principales secuelas fueron un par de episodios.

Uno de ellos, la polémica fiesta en Monterrey (septiembre de 2010), que derivó en una suspensión de seis meses para Efraín Juárez y Carlos Vela, y el abierto pleito entre Rafael Márquez y Néstor de la Torre, quien por esa razón dejó el cargo de director de selecciones.

Néstor se fue, pero el reglamento se quedó y su látigo también alcanzó a ocho jugadores –entre ellos Marco Fabián– cuando en junio de 2011 introdujeron a prostitutas al hotel donde estaban concentrados en Quito.

Y qué mejor catador para la nueva disciplina que el capitán Rafael Márquez. Cuando él, que lleva cuatro mundiales, dice que éste fue el mejor Mundial en el que ha estado, eso a mí me llena de satisfacción. Alguien con tanta experiencia que diga que se la pasó bien y tuvo un gran grupo, quiere decir que lo formamos bien.

No sólo Márquez disfrutó del que habría sido su último Mundial, también Marco Fabián pidió la permanencia de Herrera. Igualmente Andrés Guardado se mostró feliz y confesó haber recuperado la motivación, las ganas de volver a vestir la casaca verde, algo que, admitió, se había perdido con los anteriores estrategas.

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Miguel Herrera admite que se quedaron cortos en los propósitos mundialistas, pero destaca la entrega de sus dirigidos en Brasil 2014Foto Notimex

En esa especie de moderna filosofía hedonista, el estratega relata que tuvo sus propios ratos de solaz. “En mi cuarto, de repente, me distraje viendo una película, leyendo libros… me llevé tres: Fuimos campeones, de Ricardo Gotta, que habla sobre Menotti, está muuuy bueno: es un regalo que me hicieron. También leí Balón dividido, de Juan Villoro, y llevé otro que no alcancé a leer.

Realmente no tenía mucho tiempo, solamente un poco en las noches. No necesitaba relajarme, para mí era cosa de disfrutar el momento, pasarla a gusto, disfrutar a los muchachos, el trabajo, la actitud, la música que ellos ponían: ¡la música de banda es lo que les encanta!... En fin, todo eso que te lleva a estar tranquilo y contento con lo que estás haciendo, apunta animoso.

Respecto de su explosividad, los festejos desorbitados que llamaron la atención y dieron la vuelta al mundo, anota:

“¡Lo he hecho siempre!, no es que me enorgullezca, pero es parte de mí y lo hago sin pensar, lo que pasa es que en el América y en la selección salió más a relucir, pero siempre he festejado así el gol. Creo que es lo más importante del futbol y algo que cuando se consigue siempre hay que celebrar de alguna forma.

“Estoy contento con lo que hicieron los muchachos, no por mis festejos... Ellos me hicieron festejar así –agrega entre risas–. Es la locura que tiene uno en la cabeza, imagino que puede ser mi forma de sacar el estrés”, añade.

No obstante, explica que en algún momento dejó todo para ver videos de los partidos, los cuales memorizaba. En mi cabeza repasaba jugadas todo el tiempo. Pensaba en lo que podíamos hacer, en lo que salió bien y que se puede mejorar, hay que reiterarlas, repetirlas, ensayarlas, aunque cuando estás en una justa tan corta y tan complicada el margen de maniobra se te reduce, pero lo mejor y lo más importante es trabajarlo.

Herrera no le pone ningún pero a su primera experiencia mundialista. Le gustó que algunos de sus jugadores se aplicaran en una cascarita en la playa de la localidad de Santos, su sede, donde dieron autógrafos y todo marchó sobre ruedas, inclusive, recuerda la ocasión en que su camión se averió.

“Fue parte de disfrutar todas las cosas; la gente de Santos se portó de manera extraordinaria; que de repente el camión no prendió, pues lo solucionamos rápido y simple: nos movimos en taxis... Yo pude convivir con mi mamá, mis hijas y mi mujer. Mi papá no está bien de salud, no puede viajar, pero ellas estuvieron a gusto, a pesar de uno que otro contratiempo.

Por lo demás, obviamente no estoy satisfecho, queríamos lograr cosas que trascendieran y no lo conseguimos, quedamos cortos, en la instancia de siempre. Es la realidad, pero eso es parte de toda esta experiencia. Debemos trabajar mucho; sin embargo, ya vamos en el camino con algunas bases hacia lo que queremos ser, dice convencido.

Scolari sabrá sobreponerse

Señala que siente pena por Luiz Felipe Scolari. “Sabe que fracasó en el intento de ser campeón en su casa, pero él ya ganó un título del mundo, otro de la Confederaciones, hizo cosas trascendentales. Ya estará, como todos, reflexionando sobre sus decisiones. Si hoy tiene un fracaso, pues siempre es cosa de levantarse y él lo sabe hacer.

Hoy por hoy Alemania es justo campeón, todo el tiempo fue consciente de lo que debía hacer para ganar.

Herrera niega que a esta fecha Costa Rica sea mejor que México; sin embargo, felicitó a los ticos. “Nuestro cruce, me parece, era un poco más complicado, aunque al inicio los dos grupos eran muy fuertes. En realidad hicieron un muy buen Mundial y me da mucho gusto.

Nosotros no queremos compararnos; queríamos ganar y no ganamos, y ya dije, lo que procede es prepararnos mejor, no para compararnos con otro de nuestra área, ¡claro que los felicito, hicieron un gran Mundial, hay que reconocerlo!, concluye.