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El compositor, quien celebra sus 80 años, ofreció un concierto en el Instituto Goethe

Democratizar la música llevaría a un mundo mejor: Christian Wolff

En su expresión más amplia, hoy se ha convertido en una industria manejada por compañías multinacionales, dice a La Jornada

Por primera vez, se presenta en la ciudad de México

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La estructura de mi música hoy es menos estable y continua, y más cambiante, muy diferente de como solía ser, manifiesta Christian Wolff en entrevista con La Jornada. El discípulo de John Cage realiza diversas actividades en la capital del paísFoto José Antonio López
 
Periódico La Jornada
Viernes 3 de octubre de 2014, p. 3

Considerado uno de los más claros exponentes de la denominada Escuela de Nueva York, de música contemporánea, el reconocido pianista y compositor francés Christian Wolff (Niza, 1934), visita por primera vez la ciudad de México, donde celebra sus 80 años y ofrece una serie de conciertos, talleres y conferencias.

Radicado en Estados Unidos desde 1941, Wolff comenzó su carrera musical a los 16 años. Estudió piano con Grete Sultan y composición con John Cage, de quien fue un estrecho colaborador, siendo al mismo tiempo parte de un círculo artístico integrado por los compositores Earle Brown, Morton Feldman, David Tudor y el bailarín y coreógrafo Merce Cunningham, con quien también colaboró en equipo durante varios años.

Wolff estudió a los clásicos griegos en la Universidad de Harvard y se convirtió en un experto en Eurípides. En esa casa de estudios fue profesor de literatura comparada. En los años 60 del siglo pasado se asoció con los compositores Frederic Rzewski y Cornelius Cardew, para explorar diversas técnicas sobre composición e improvisación musical.

Durante los años 70, las obras de Wolff cobraron cierta dimensión política y fueron marcadas por los movimientos sociales de la época.

Apoyo de Cage y Feldman

En charla con La Jornada, antes del concierto que ofreció la noche del miércoles en el Instituto Goethe de México, Wolff recuerda sus inicios y explica el sistema de composición con el que trabaja actualmente.

Llevo muchos años haciendo música, empecé a los 16 mi carrera de compositor. En Nueva York la escena musical en aquellos años era más tradicional y conservadora, entonces conocí a John Cage y a Morton Feldman, quienes me apoyaron para continuar con la forma innovadora como estaba componiendo.

Otra destacada influencia, añade, fueron los artistas de pintura abstracta, con quienes estuve muy cerca. Había una cierta conexión con ese arte y la música. Ellos entendieron lo que quería expresar.

Cage fue su mentor como compositor, pero el trabajo que desarrolló con el coreógrafo Cunningham fue también muy importante, dice Wolff.

De John Cage, señala, aprendió que es posible hacer cualquier cosa. Como maestro siempre fue muy abierto a la innovación y siempre me dijo que hiciera mi propia música.

Respecto de la denominada música indeterminada, Wolff explica: Es indeterminada porque nunca se sabe cómo se va a interpretar, es el ejecutante quien toma la decisión y siempre puede ser un poco diferente de la vez anterior. Es una música muy orgánica, no sólo en el sentido tradicional musical, sino que mis piezas integran grandes silencios que permiten escuchar los sonidos que hay alrededor de nosotros, que también son muy orgánicos.

En los años 70, decidí inclinarme hacia la izquierda, políticamente hablando. La protesta contra la guerra de Vietnam, los movimientos feministas, el surgimiento de los derechos civiles, me influyeron y de cierta manera conecté mí música con todo ello. Hice textos, canciones y música política. Entre los compositores de entonces, estaba el chileno Víctor Jara, de los primeros que sentaron antecedentes.

Hoy día, dice Wolff, trabajo con sistemas muy precisos, pero libremente, ya que en cierto momento cambió el sistema, tomando otro camino. La estructura de mi música hoy es menos estable y continua, y más cambiante, muy diferente de como solía ser.

Técnicamente, abunda, hay dos cosas importantes. “Una son los recursos, el número de instrumentos y músicos. Es lo primero que debo saber. Segundo, es la escala, pequeña, mediana o grande. Empiezo a veces con unas cinco notas, las invento o las retomo de una canción. Luego hago ciertas transposiciones, medio tono, arriba o abajo; y luego un tono completo, arriba o abajo. Es muy divertido.

La idea general es, por un lado, generar orden y, por otro, es una forma de sorprenderme a mí mismo, porque no sé exactamente lo que va a pasar. Eso hace que sea interesante y divertido.

En la música contemporánea, dice, no hay suficientes silencios. Como que la gente tiene cierta ansiedad por llenar el espacio.

Wolff señala que la perspectiva de los jóvenes compositores de música contemporánea es muy difícil, porque se ha hecho de todo y hay muchas posibilidades.

En ésta, su tercera visita al país y la primera a la ciudad de México, durante el concierto que ofreció en el Instituto Goethe, acompañado por la reconocida percusionista Robyn Schulkowsky y los integrantes del ensamble Liminar: Alexander Bruck, Milo Tamez, Wilfrido Terrazas y Omar López, Wolff fue entrevistado sobre el escenario por Carlos Iturralde.

Wolff alude a la manera como concibe un ensamble. En términos técnicos, explica, “tenemos una jerarquía tradicional que integra al compositor, el intérprete y luego todos los demás. En mi música la jerarquía es diferente, no es tanto compositor-intérprete, sino que los ejecutantes trabajen juntos, no es la jerarquía del primer violín o segundo o tercer instrumentos. Esa es una de las razones por las que hago música y que de cierta manera es una postura política, donde el poder no viene de arriba hacia abajo, sino que es horizontal, lateral.

La música en su expresión más amplia hoy se ha convertido en una industria manejada por compañías multinacionales, en un producto de consumo. Así, con cualquier cosa que uno pueda hacer para acercar la música a la gente y democratizarla, el mundo podría ser diferente, mejor.

Las presentaciones en México y el contacto con muchos jóvenes compositores e intérpretes, expresó Christian Wolff, “me recuerda lo que alguna vez dijo John Cage: ‘ahora que ya me he vuelto tan bueno para componer música, creo que mi música va a pasar de moda, aunque ahora creo que no ha sido así’”.