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Gracias a su talla, es más barato lanzarlas y ponerlas en vuelo, revelan

Las mujeres, más aptas para la misión a Marte, según estudios

La NASA realizó experimento con seis personas que estuvieron encerradas cuatro meses en un domo geodésico en el costado del volcán Mauna Loa, parecido al planeta rojo

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Semana tras semana, las tres mujeres de la tripulación gastábamos menos de la mitad de las calorías que los tres varones. Todos hacíamos más o menos la misma cantidad de ejercicio, explica Kate GreeneFoto tomada de Internet
The Independent
Periódico La Jornada
Jueves 23 de octubre de 2014, p. 2

En febrero de 1960, la revista estadunidense Look presentó una historia de portada que preguntaba ¿Debe una chica ser la primera en el espacio? Era un encabezado sensacionalista, que representaba una idea audaz en ese tiempo. Y, como todos sabemos, la propuesta tuvo corta vida: en 1961, la NASA envió a Alan Shepard a la estratósfera, seguido por docenas de otros astronautas varones en el curso de dos décadas. Apenas en 1983 Sally Ride se volvió la primera astronauta estadunidense lanzada al espacio.

Pero, ¿por qué alguien pensaría que una mujer sería el primer ser humano en ir al espacio? Por principio de cuentas, por los estudios médicos. Algunas investigaciones de las décadas de 1950 y 1960 sugerían que el organismo femenino tenía un corazón más fuerte y podría resistir mejor las vibraciones y la exposición a las radiaciones. Además, los estudios sicológicos sugerían que las mujeres enfrentan mejor el aislamiento y la privación de datos sensoriales.

Algunas de estas investigaciones eran limitadas en diseño y tamaño de muestras. Pero había otra razón más convincente para que las mujeres superaran a los hombres como astronautas potenciales: la economía básica. Gracias a su talla, es más barato lanzar y poner en vuelo a una mujer que a un hombre. Como conejilla de Indias de la NASA, tuve la oportunidad de verificar esto de primera mano. El año pasado tomé parte en un proyecto de investigación financiado por la NASA llamado HI-SEAS (Hawaii Space Exploration Analog and Simulation, Analogía y Simulación de Exploración Espacial en Hawai). Consistía en que yo y otros cinco miembros de una tripulación viviéramos como si fuésemos astronautas en la superficie de Marte. No salimos de la Tierra, obviamente, pero durante cuatro meses estuvimos encerrados en un domo geodésico en el costado del muy rojo, rocoso y parecido a Marte volcán Mauna Loa, en Hawai.

Análisis de alimentos

Nuestra comida, agua, energía y comunicaciones eran limitadas, y sólo se nos permitía salir del hábitat si vestíamos trajes especiales de imitación. Fue la primera misión HI-SEAS –la tercera comienza este mes– y estaba diseñada sobre todo para estudiar qué alimentos serían apropiados para los exploradores de Marte. Yo era la escritora de la misión y, como tenía los antecedentes y el interés científico necesarios, también realicé un estudio del sueño.

Un dispositivo que usamos para rastrear el sueño era un brazalete sensor, que también proporciona estimaciones del gasto calórico diario y semanal. Con el tiempo noté una tendencia. Semana tras semana, las tres mujeres de la tripulación gastábamos menos de la mitad de las calorías que los tres varones. Todos hacíamos más o menos la misma cantidad de ejercicio –al menos 45 minutos al día durante cinco días consecutivos por semana–, pero nuestros hornos metabólicos estaban calibrados en formas radicalmente distintas. Durante una semana, el varón de metabolismo más activo quemó un promedio de 3 mil 450 calorías diarias, en tanto la mujer de metabolismo menos activo gastó mil 475 calorías diarias.

Los requerimientos calóricos de un astronauta tienen gran importancia cuando se planea una misión. Mientras más comida requiera una persona para mantener su peso en un largo viaje espacial, más comida se debe lanzar con ella. Mientras más comida, mayor la carga. Mientras más carga, más combustible requerido para lanzarla. Cada kilo cuenta en camino al espacio. La NASA estaba bien consciente de esto y por eso a principios de la década de 1960 casi consideró integrar un cuerpo de mujeres astronautas.

Desde luego, la política y la cultura tienen el molesto hábito de entrometerse en las decisiones de ingeniería, en especial cuando está en juego el orgullo de un país, según sostiene Margaret A Weitekamp, autora de Right Stuff, Wrong Sex: America’s First Women in Space Program (Cualidades correctas, sexo incorrecto: las primeras mujeres en el programa espacial estadunidense).

Pese al extenso entrenamiento y a su excelente desempeño, las mujeres del programa fueron descartadas. Entre las razones estaba el temor por cuestiones de relaciones públicas si alguna de ellas moría, así como la dependencia de la NASA en los pilotos militares, todos los cuales eran varones en ese tiempo.

La primera mujer en el espacio fue la cosmonauta soviética Valentina Tereshkova, quien voló 20 años antes que Sally Ride. Su vuelo promovió una apariencia de igualitarismo comunista durante la guerra fría; sin embargo, Rusia no mantuvo una presencia femenina en órbita: apenas el mes pasado lanzó a su primera cosmonauta en casi dos décadas, Elena Serova.

Propuesta razonable

De hecho, diversos especialistas con los que abordé el tema reconocieron los beneficios de una tripulación integrada sólo por mujeres, o incluso por personas de talla pequeña en general. Un proponente es Andrew Rader, integrador de misiones en SpaceX. Cualquier cosa para reducir el peso, e incluso en términos de hacer que la nave parezca más grande, tener astronautas más pequeños sería estupendo, comenta. Es una propuesta razonable.

Por razonable que sea una misión marciana totalmente femenina desde una perspectiva económica, a algunos la idea puede parecerles ofensiva. Después de todo, sería una expedición que no representaría a la mitad de la población mundial.

De cualquier manera, el diseño de misiones espaciales siempre ha estado cargado de un lado u otro. La exploración en general es un asunto político antes que nada, dictado por gente que tiene el poder y el dinero para escoger el rostro de la expedición. Por ahora es improbable que quienes tienen el poder accedan a financiar una misión de pequeñas astronautas, ni siquiera para ahorrar dinero.

Sin embargo, si lo importante del viaje a Marte es el resultado, mientras más mujeres, mejor.

(Versión editada de un artículo que apareció primero en Slate.com)

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya