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La intérprete se presentó en el Festival del Centro Histórico

Eugenia León cautivó a 7 mil personas en Plaza de la República
 
Periódico La Jornada
Lunes 13 de abril de 2015, p. a13

Eugenia León ofreció el pasado sábado uno de los mejores conciertos de su carrera, titulado Voces de mujeres, voces del pueblo, que presentó por primera vez el 14 y 15 marzo en el Kennedy Center, de Washington; ahora fue en la Plaza de la República, frente al Monumento a la Revolución, en la penúltima jornada del Festival del Centro Histórico.

La tarde-noche fue propicia; Tláloc cooperó alejando nubarrones. Siete mil personas, informaron los organizadores, tuvieron la buena suerte de ser testigos de un programa que a Eugenia le planteó un reto, el cual fue vencido con creces, pues está en plenitud de facultades y con un ánimo que la hace brillar y dar a cada canción su realidad.

Los músicos, bajo la  dirección de Rosino Serrano, suenan compactos, integrados, y desde los ensayos, en un estudio de Coyoacán, predominaba la conciencia de que en el Distrito Federal debían superar lo hecho en Washington, donde el resumen se concretó en la palabra triunfo.

El público, heterogéneo en edades, se colocó frente al escenario, dando la espalda al Monumento a la Revolución. Se escuchó la obertura, apareció la cantante entre aplausos y gritos de los integrantes de su club de admiradores Corazones Gigantes.

Voces de mujeres, voces del pueblo es un concepto que puede variar de repertorio. El de esta noche fue una selección exigente. Comenzaron las notas de Yo vengo a ofrecer mi corazón, que fue cantada por miles. Pasó a Mi gusto es, la inmortal que definió a  Cruz Lizárraga; se sumaron Propiedad privada; Arriba, quemando el sol; Ay, pena, penita, pena; Saudade, Je ne regrette rien; Aos nossos fichos… interpretadas en el idioma que las vio nacer.

Preludio para el año 3001

Cantó una versión inolvidable de Preludio para el año 3001, sueño, utopía, proyección de una Argentina que renacerá.

De un género a otro. El grupo de Serrano tocó Qué bonita es mi tierra. Regresó Eugenia para entonar La tirana, una de las más solicitadas. En las pantallas se proyectaron retratos, imágenes de las cantantes Edith Piaf y Elis Regina…

En su diccionario musical, Eugenia define a La Lupe como  irreverente, única, excitante, descarada, excéntrica, legendaria e irrepetible. La tirana, que hizo trascender a la cubana La Lupe, Eugenia la hizo suya. Le dio su punto de vista. El último trago, en recuerdo de Chavela Vargas. Barco negro, Allá viene un corazón, de Soledad Bravo, de Venezuela.

De Marco Antonio Solís, el Buki, interpretó Como tu mujer, que hizo famosa Rocío Dúrcal. ¡Olé! Chacarera del olvidao, de una mujer que se volvió bandera: Mercedes Sosa.  La paloma, mexicana a la que Eugenia da una introducción con unas palabras de María Sabina. Prende la vela la hace escuchar negra, mulata, con el ritmo de tambores.

Siguieron Helwa ya baladi, de la Gran Dalida, de origen egipcio y nacionalidad francesa; Feeling Good, de Nina Simon, para cerrar con una especie de homenaje a sí misma: El fandango aquí, de Marcial Alejandro, de 1985. En el encore: Vámonos, de José Alfredo, que parafraseó para recordar a los estudiantes de Ayotzinapa. El adiós fue con La bruja.

Como el ombligo de México

En entrevista posterior al concierto, expresó que el Centro Histórico es como el ombligo. En este lugar han pasado cosas trágicas, surgió una identidad, hemos visto pasar artistas que han retratado la vida cotidiana. Los tiempos han cambiado y los edificios siguen ahí, como nuestros modos de vida: en el que vende, compra, pasea, vive y padece la concentración de un espacio antiguo, donde han pasado revoluciones, paz y hasta cosas simpáticas, cuando se ve que aún hay oficios de antaño, a los que la macroeconomía ha querido aplastar y no ha podido. Siempre es una sorpresa. Todo está junto y eso es lo que más me gusta.