Opinión
Ver día anteriorSábado 21 de noviembre de 2015Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
 
Santa Fe: ¿ocupación salvaje?
I

ván Restrepo tiene razón. Afirma que Santa Fe se ha transformado en modelo de ocupación salvaje del territorio. Así es ahora. ¿Por qué antes no se cometían tantos pecados urbanos y ambientales como los que ahora agobian su diario devenir? Hay que hacer memoria. Recordemos que Santa Fe nace para crear un zona de ecodesarrollo (esto es, equilibrio entre lo urbano y el medio ambiente) que sustituyera las limitaciones inherentes a su edad y los espacios que se perdieron en el Centro Histórico como consecuencia del temblor de 1985.

Las dificultades para introducir tecnología de punta en los viejos edificios, de obtener espacios para el estacionamiento de la creciente flota vehicular de ejecutivos y consumidores, los congestionamientos provocados por una sobresaturación de automotores tratando de circular por sus estrechas calles… Después del temblor, todo se dificultó. A ello se sumó una correcta prohibición de no permitir afectaciones a los edificios históricos de la ciudad de México, que en ese entonces ocupaban los grandes bancos, centros comerciales, hoteles, aseguradoras, joyerías y oficinas de gobierno y de la jerarquía religiosa.

La creciente incapacidad del viejo Centro para dar mayor impulso a esas actividades obligó a la creación de un nuevo centro de ciudad que pudiera inducir un desarrollo con mayor potencial económico. Ello, sin afectar los bosques y áreas verdes que rodean la ciudad y captan el agua que da vida a la metrópoli.

Al empiezo de su construcción, Santa Fe era un paisaje lunar. En la zona predominaban minas de arena, dos gigantescos rellenos sanitarios y una muy escaza vegetación. Los funcionarios públicos de esos años estaban convencidos de que debía ser un fraccionamiento de mediana densidad poblacional (cuatro pisos máximo). Además, de que debería ser un desarrollo cuidadosamente planeado y programado en su ejecución y ocupación.

Hoy día resulta que los edificios del fraccionamiento residencial Vista del Campo, en Santa Fe, están en creciente riesgo de un posible colapso. Esto debido a que han incurrido en anomalías que sólo se pueden explicar como producto de una corrupción que ha facilitado la ocupación salvaje, que en su artículo señala Iván Restrepo. Por ejemplo, la Dirección de Desarrollo Urbano y Vivienda, con la participación de la delegación de Cuajimalpa, autorizó la construcción de tres edificios con cuatro pisos (según informaron La Jornada y otros periódicos). Pero gracias a una extraña ceguera que ha afectado a múltiples funcionarios, estos edificios crecieron hasta alcanzar ¡14 pisos! Además, los tres edificios autorizados de pronto se convirtieron en cinco… ¿magia urbana o creatividad financiera?

Hoy, esparcidos por todo Santa Fe, debe haber más de 20 edificios de viviendas, con 30 y hasta 50 pisos cada uno. Un número similar alberga oficinas de los múltiples corporativos de grandes empresas, casi todas trasnacionales. Estos inmuebles han creado tal demanda de agua potable que ya saturaron las fuentes regionales que existían y ahora todos se tienen que abastecer de agua que es transportada de grandes distancias en camiones-cisterna.

Ni qué decir de su contribución a los congestionamientos vehiculares. Se estima que cada edificio atrae en promedio 600 automotores, que debido a la insuficiencia de transporte colectivo, eficiente, seguro, cómodo y accesible crea largas horas pico y la pérdida de valioso tiempo libre que se le roba a la convivencia familiar.

En los edificios asentados sobre minas de arena, adicionalmente les montaron una torre de telecomunicaciones de 5 toneladas de peso, que contribuyó a los deslaves. ¿Qué nadie en el Gobierno del Distrito Federal vio las diferencias entre lo solicitado, lo autorizado y lo construido? ¿Ocupación salvaje? Desafortunadamente, Iván, tienes la razón.

* Ex secretario técnico.

Comisión Ambiental Metropolitana.