Opinión
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Las casas denegridas
E

n el imponente edificio que alberga el Museo Nacional de las Culturas, en la calle de Moneda, se dice que estuvieron las llamadas casas denegridas. Eran unos salones pintados de negro, donde el emperador Moctezuma solía recluirse a meditar cuando lo agobiaban los problemas.

Hace unos años se inició una restauración del museo, que incluyó la recuperación de espacios que se habían cegado. Se aprovechó para excavar las habitaciones donde se pensaba que podían estar los cuartos negros. Aparecieron varios vestigios que parecen confirmarlo.

Esto se podrá apreciar en la visita a las amplias salas que estrenan museografía y permiten apreciar la soberbia arquitectura.

El recinto tiene una historia riquísima: a finales del siglo XVI se edificó en el predio la Casa de Moneda, que bautizó la calle. En el siglo XVIII fue reconstruida por el ingeniero Miguel Constanzó, quien diseñó un soberbio palacio en estilo barroco con elementos neoclásicos. La razón fue que se realizó en el momento en que el segundo venía a desplazar al primero.

El enorme patio, con una fuente en el centro, presenta una amplia arcada en sus lados poniente y oriente. En el sur ostenta una enorme portada neoclásica, con la efigie del rey Felipe V.

En 1848 la institución se trasladó al Palacio del Apartado y el edificio fue ocupado por la Suprema Corte de Justicia. En 1868 se instaló ahí el primer museo de América, denominado Público de Historia Natural, Arqueología y de Historia.

Alguna vez comentamos que no es exagerado llamarle la madre de los museos, ya que de ahí salieron las colecciones para crear los recintos de Historia Natural, que se instaló en la moderna edificación de hierro y cristal que iba a ser conocida como Museo del Chopo; el de Historia, que se alojó en el Castillo de Chapultepec; el del Virreinato, en el antiguo convento de Tepotzotlán, y el soberbio de Antropología, en su portentosa sede del Bosque de Chapultepec.

Al abandonarlo estas últimas colecciones y quedar vacío, surgió la posibilidad de que el majestuoso edificio volviese a dedicarse a oficinas gubernamentales. Eusebio Dávalos, a la sazón director general del Instituto Nacional de Antropología e Historia, concibió la idea de que se sacaran las colecciones de objetos de distintas culturas del mundo, que se encontraban en las bodegas, fruto de antiguas exposiciones, y lo convirtió en el Museo Nacional de las Culturas.

Tras la remodelación que todavía está en marcha, pero ya permite gozar el museo, se inicia una nueva etapa con muchas innovaciones. Estrena salas y directora. La maestra en antropología Gloria Artis Mercadet llega con gran entusiasmo y con el pleno apoyo de la Sociedad de Amigos, que preside la arquitecta Maya Dávalos, hija del fundador, de quien heredó la pasión por el recinto.

Les menciono dos flamantes salas que me gustaron particularmente: la del Mediterráneo, que muestra magníficas colecciones de Grecia, Roma, Egipto, El Levante, Mesopotamia y Persia. En el recorrido se pueden conocer los sistemas religiosos y rituales, la cultura política y administrativa. Muy interesante descubrir sus conocimientos ancestrales en la aplicación de las matemáticas, astronomía, física, literatura, medicina y arquitectura.

La sala de China se divide en tres secciones que tratan las Creencias tradicionales, el Florecimiento cultural y el Intercambio comercial. Hay esplendorosas vestimentas, porcelana y bronce.

La colección del museo está integrada por alrededor de 14 mil objetos representativos de diversas épocas, de prácticamente todo el mundo. Ayuda a comprender la unidad del género humano y su diversidad cultural, a partir de piezas arqueológicas de cuatro continentes.

Está muy cerca de la cantina Salón España, que abre los domingos. Se encuentra en la esquina de Argentina y Luis González Obregón. Ofrece buena botana y sabrosas tortas de sardina y atún. Presume una vasta colección de tequilas.