Opinión
Ver día anteriorJueves 27 de julio de 2017Ver día siguienteEdiciones anteriores
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¿Futuro promisorio?
Orlando Delgado Selley
C

on una sincronía que parece concertada, desde diversos frentes se plantea que la situación económica mexicana ha mejorado y que la perspectiva hacia adelante es clara. De una parte, el Fondo Monetario Internacional (FMI) anuncia que el pronóstico de crecimiento para 2017 mejoró al pasar de 1.7 a 1.9 por ciento. Su explicación es que en el primer trimestre de este año la actividad económica superó las expectativas. Por otra parte, en declaraciones a La Jornada, el director general de Banorte señala que lo peor no pasó. Estábamos esperando que granizara y hubiera una tormenta fortísima y, pues, cayeron tres gotas, de modo que el futuro es promisorio y anticipa un mayor crecimiento para México. El presidente Enrique Peña Nieto, por su lado, en medio de críticas del gobernador panista de Baja California Sur, insiste en que pese a momentos convulsos el país sigue en la ruta del crecimiento, dinamismo y mejor futuro.

El optimismo que permea esta idea de futuro pretende ignorar que el mes próximo comenzará la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y no hay argumento sólido que pueda sostener que México resultará beneficiado. Lo probable es que las negociaciones sean difíciles, con temas en los que el gobierno de Donald Trump será inflexible al reducir las condiciones que han favorecido las exportaciones originadas en nuestro país. Uno de estos rubros es la permanencia del mecanismo de solución de controversias, que ya ha causado una respuesta dura de Canadá. Además, como lo han mostrado las audiencias públicas estadunidenses, los productores de aquella nación reclaman que productores mexicanos reciben subsidios desleales, ofrecen precios menores a los costos de producción y operan con costos laborales extremadamente bajos.

Pero no se trata solamente de las dificultades en la negociación comercial. En realidad en el país se vive una situación generalizada de desesperación. Se ha advertido que la corrupción pudiera significar entre 6 y 9 por ciento del producto interno bruto: recursos que se retiran de la economía formal y se pierden en la ilegalidad. Este brutal monto representa entre tres y cuatro veces el crecimiento nacional de los años recientes. Así las cosas, aunque conviene contar con un sistema financiero sólido convenientemente capitalizado, es indiscutible que resulta insuficiente para pensar que el país podría crecer con el dinamismo necesario para empezar a resolver los problemas sociales presentes.

Duplicar el ritmo de crecimiento observado en los pasados 10 años es, sin duda, una meta oportuna. Nadie disputaría que requerimos un crecimiento de, por lo menos, cuatro por ciento. El punto crucial es como lograrlo. Insistir en el camino de las reformas orientadas al mercado, pero ahora con cumplimiento del estado de derecho, parece insuficiente frente a los brutales desafíos de la delincuencia organizada. Retornar a la ruta del modelo de sustitución de importaciones, aunque se tratara ahora de bienes duraderos y de capital, parece poco funcional en un mundo globalizado.

De modo que se debe insistir en que no hay futuro en el rumbo neoliberal en el que el país se ha comprometido en los 35 años anteriores, pero tampoco lo hay en retomar una estrategia económica que ya no es viable. Se trata, por ello, de proponer con claridad un nuevo proyecto de desarrollo centrado decididamente en una redistrubución del ingreso que corrija los excesos concentradores del neoliberalismo y de los tiempos del dirigismo estatal. Una nueva visón del país que afirme que el bienestar social solo se lograra con una estrategia distinta de las que hemos experimentado desde el fin de la segunda guerra mundial.

Así que, con la información que se dispone, es posible afirmar que el futuro del país no es promisorio. En realidad es verdaderamente incierto y lo que enfrentamos es una descomposición profunda de los valores sociales que dificultan la posibilidad de una sociedad la nación avance en el camino del desarrollo. Desafortunadamente no se aprecia que se esten abriendo posibilidades que pudieran constituir una real alternativa a los que vivimos. Si duda esto puede cambiar. Esperemos que se generen las condiciones para que se produzca una amplia consurrencia social que lo promueva. Lo cierto es que no existe en la perspectiva un futuro que prometa bienestar para todos.