Opinión
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Astillero

En el nombre del suegro

Desaires y desplantes de Trump

¿México, moneda electoral?

Polémica por terreno de Sedena

Julio Hernández López
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VISITANTE NO DESEADO. La visita del yerno de Donald Trump a México, Jared Kushner, provocó manifestaciones en contra en el Hemiciclo a Juárez. Durante el día ciudadanos mostraron cartulinas con mensajes de crítica a las reuniones que sostuvo el funcionario estadunidense con numerosos miembros del gobierno mexicano, entre ellos el titular del Ejecutivo y varios secretarios de EstadoFoto Alfredo Domínguez
L

uego de recibir dos ruidosos desaires de Donald Trump respecto a posibles encuentros personales con Enrique Peña Nieto, ayer éste hubo de conformarse con una larga reunión (alrededor de tres horas y 45 minutos) con un enviado familiar del presidente de Estados Unidos, el devaluado yerno Jared Kushner, a quien se le ha impedido en aquel país el ejercicio de privilegios de acceso a información oficial de alto secreto y a quien de manera reiterada se le ha acusado de mezclar asuntos de índole oficial con empresariales de su particular interés.

El orgullo del nepotismo de Trump, el citado yerno Kushner, tuvo a su disposición al principal ocupante de Los Pinos y a una parte sensible de su gabinete: los secretarios de la Defensa Nacional y de la Marina, y el de Economía, todos bajo la línea conductora del secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, acusado hace días desde un diario estadunidense de complotar en busca de manipular al ingenuo e inexperto Primer Yerno, a cuyas carencias políticas y diplomáticas se suma el hecho de que, según esas denuncias mediáticas, sus ambiciones en materia de negocios personales colocan en abierto conflicto de interés su actuar como comisionado para varios asuntos internacionales en nombre del suegro.

Para dar un botón de muestra de lo que se opina del yerno Kushner en esferas influyentes del vecino país, está el primer artículo de una serie de The New York Times sobre el nepotismo en la Casa Blanca. Bajo la firma de La junta editorial, ese diario publicó el pasado día primero que El poder que el presidente otorgó a su hija y su yerno ha terminado con un principio básico de la democracia estadunidense y está sembrando el caos en su administración. En una parte de este artículo se establece que La dependencia del señor Trump de familiares sin experiencia gubernamental ha demostrado el efecto corrosivo de tal nepotismo: incluso un pariente político incompetente puede rechazar las instrucciones de los miembros del personal más experimentado; el acceso (al presidente), la moneda del gobierno, no se controla; el despido es difícil sin importar lo merecido; y los estándares éticos son casi imposibles de hacer cumplir. (https://goo.gl/GEPBHZ).

En ese contexto, el simple hecho de conformarse con dialogar y negociar con un demeritado personero del poder ejecutivo de Estados Unidos deprecia la figura de la Presidencia de México donde, a pesar de la evidente asimetría entre los dos máximos poderes políticos de estos países, se había mantenido hasta ahora el cuidado de imagen de hacer que los subordinados de cada cual negociaran y acordaran (bajo la rectoría de sus jefes) lo que en sus expresiones finales sería presentado a los presidentes para que los suscribieran en actos protocolarios plenamente afinados.

Peña Nieto ha ido cometiendo pifias vergonzosas en su relación con el apabullante, impredecible y nada confiable Donald Trump. Primero fue el ignominioso tendido de alfombra roja en Los Pinos para recibir al entonces candidato presidencial republicano, en un lamentable acto de virtual apoyo electoral en momentos en que el rubio empresario sostenía una ruin campaña de denostación contra mexicanos asentados en el vecino país norteño. Ese fue el arranque de una serie de impudicias políticas pinoleras que han ido afectando el interés nacional.

La visita del yerno se produce en momentos sumamente críticos para la administración peñista. Por un lado, de manera evidente, está la presión desde Washington para que México acepte peores condiciones en un Tratado de Libre Comercio, con aranceles a aluminio y acero como las más recientes formas de chantaje. Por otra parte, el peñismo tiene una urgencia extrema de llegar a acuerdos, aunque sea con el yerno, y al otro día el suegro los desconozca o se burle de ellos mediante tuits, porque la suerte electoral, el proyecto de continuidad al costo que sea, necesita al poder imperial alineado en esa pretensión de aplastar la voluntad popular en julio próximo.

Más allá de lo que se informe oficialmente, con generalidades y vacuidad, de la reunión de casi cuatro horas con Peña Nieto, cabe preguntarse cuáles fueron los acuerdos secretos a los que se haya llegado en la sesión con el yerno Kushner, sobre todo en términos de seguridad nacional y combate al crimen organizado (con los halcones gringos deseosos de mayor contundencia en la guerra contra el narco y delitos conexos, con asesoría y conducción de los especialistas extranjeros) y, desde luego, en términos resolutivos respecto al TLC con el entreguista régimen actual más que dispuesto a sacrificar lo que sea necesario para conseguir la aprobación del trumpismo a los planes de prolongación del peñismo.

El 27 de septiembre del año pasado, Gerardo Fernández Noroña, ahora candidato a diputado federal, convocó a una rueda de prensa para denunciar un negocio al cobijo del poder, con terrenos propiedad de la nación. Se refería a un negocio de especulación inmobiliaria, pues el secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, estaría preparando la venta de un enorme terreno.

Ahora se ha sabido que en ese predio se pretende la construcción de una extensa zona habitacional y comercial, lo cual ha generado múltiples reacciones declarativas, muchas de ellas exigiendo transparencia en los planes que se tienen respecto a ese bien inmueble. Los tiempos que corren, con tantas evidencias de irregularidades y corrupción en materia de desarrollos inmobiliarios, obligan a que las fuerzas armadas no se vean envueltas en una gran polémica respecto a las decisiones de la jefatura del Ejército respecto a ese campo militar.

Y, mientras Andrés Manuel López Obrador hace saber que no buscará un nuevo periodo presidencial en caso de ganar este primero de julio, pues asegura que hará en seis años lo que podría hacerse en 12, ¡hasta mañana, en espera de la indicativa sesión de la Cámara de Diputados que servirá para nombrar al titular de la Auditoría Superior de la Federación!

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