Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 10 de septiembre de 2006 Num: 601


Portada
Presentación
Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA
El malpensante
GESUALDO BUFALINO
Poesía joven de Perú
RICARDO VENEGAS
(selección)
Dos relatos
La Sinfonía del deshielo, un grito de libertad
NORMA ÁVILA JIMÉNEZ
Los dos rostros de Shostakovich
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR
Pickpocket ataca de nuevo
ROBERTO GARZA ITURBIDE
Entrevista con MARTÍN LASALLE
180 años de caricatura
AGUSTÍN SÁNCHEZ GONZÁLEZ
Albricias
Mentiras transparentes
FELIPE GARRIDO

Columnas:
A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Señales en el camino
MARCO ANTONIO CAMPOS

Teatro
NOÉ MORALES MUÑOZ


Directorio
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ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR
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GRAMÁTICAS, GRAMÁTICAS (I de III)

Las primeras gramáticas occidentales aparecieron en Grecia bajo la forma de estudios fragmentarios sobre la lengua a través de algunos filólogos alejandrinos, entre ellos, Dionisio Tracio, autor de una Ars grammatica compuesta hacia el año 170 aC, y Apolonio Díscolo, autor de una Sintaxis, en el siglo ii dC. Habría que esperar hasta el siglo iv de nuestra era para que aparecieran los primeros estudios sistemáticos de la lengua, en forma de tratados y gramáticas preceptivas. La intención de los filólogos alejandrinos fue, entre otras, la de entender y anotar los antiguos textos homéricos, cuya construcción y sentido parecían perderse con el paso de los siglos, lo cual hizo entender a los estudiosos griegos la noción de cambio e historicidad en la lengua: respecto a los lectores del siglo ii aC, muchas de las palabras que éstos leían contaban con seis siglos de antigüedad pero, a su vez, las mismas se remitían a palabras o usos lingüísticos de cuatro siglos más atrás, es decir que, en el siglo ii aC, se comenzó a tener la conciencia de una pérdida del significado de palabras, giros o construcciones de una obra que se había fijado en el siglo v aC, "edición" que procedía de haber recogido por escrito, en el siglo viii aC, las muchas versiones y variaciones rapsódicas de los himnos homéricos con el fin de evitar más adiciones y variaciones al texto; por otro lado, ya para el siglo viii aC, las acciones narradas en esos himnos resultaban arcaicas, pues la guerra de Troya había tenido lugar hacia el siglo xii aC.

Con diez siglos de por medio entre la guerra de Troya y el sentimiento de ilegibilidad de los textos que historiaba dicha guerra, lo que, tal vez, los filólogos alejandrinos del siglo ii aC no sabían era que el lenguaje homérico era artificial, pues no se correspondía con ningún dialecto hablado en la remota época de la guerra al tratarse de una suma artificiosa de muchas formas dialectales griegas del siglo xii aC; por eso, además del artificio de las formas métricas y retóricas, el de los juegos lexicales, gramaticales y dialectales complicó el desciframiento del texto antiguo. Fue en ese momento que, con el paso del tiempo y el concurso de varios autores, se establecieron diversas categorías sintácticas, morfológicas, semánticas, poéticas y retóricas que, a partir de entonces, se irían complicando, a la par de su evolución, hasta llegar a nuestros días. Valdría la pena señalar que la lengua escrita sirvió de medida para entender los cambios y la evolución existentes en la lengua hablada, pero que los primeros trabajos gramaticales no fueron pensados para revertirse sobre la lengua escrita sino sobre la oral, ya que las gramáticas preceptivas del siglo iv ofrecían consejos y recomendaciones para ésta, no sólo porque géneros como los sermones se encontraban en boga, sino porque eran muy pocas las personas que sabían escribir.

Que las gramáticas posteriores al siglo iv hayan pretendido pasar de la descripción a la prescripción, puede sonar a conclusión lógica; que en las gramáticas normativas se perciba una suerte de valoración maniquea en la que los estilos "elevado" y "correcto" se opongan a los considerados "bajo" e "incorrecto", puede ilustrar la alarma de sus autores y una suerte de visión apocalíptica por la que tratarían de evitar la catástrofe final de una lengua (visión en la que también se revela una inconsciencia de la historia o la voluntad de inmovilizar a la lengua en un punto determinado de su evolución), pero lo que ya no resulta tan claro es la idea de que aprender gramática ayude al mejoramiento de la lengua escrita, sobre todo si se dirige a usuarios que ya han tenido una formación gramatical previa. Para esclarecer lo anterior, me referiré a dos relaciones relativamente cercanas en el tiempo entre gramática, didáctica de la lengua y conciencia de ilegibilidad de los documentos escritos de la misma.

En el lapso que va del tiempo de las reflexiones de los primeros autores griegos hasta el de las que fabricaron Covarrubias y Nebrija en España, en el siglo xvi, lo que se percibe es una tendencia a la condición descriptiva de las gramáticas, pues pretendían fijar una serie de comportamientos de la lengua, ya fuera para entender obras del pasado, ya para contar con un instrumento de penetración en la ideología y los estilos de pensamiento de civilizaciones dominadas (su éxito se mide con los catecismos en lengua indígena para infundir la doctrina cristiana en América).

(Continuará)