Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 24 de junio de 2007 Num: 642

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Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

ODESSA
LEANDRO ARELLANO

Rima
YORGOS SEFERIS

El legado poético de
José Hierro

MIGUEL ANGEL MUÑOZ

El orgullo del poeta
LUIS GARCÍA MONTERO

Dos poemas

Rolando Hinojosa, candidato al Cervantes
RICARDO BADA

Saramago: la realidad
es otra

CARLOS PAYÁN Entrevista con
JOSÉ SARAMAGO

Gran Hermano en la
Triple Frontera

GABRIEL COCIMANO

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Columnas:
Jornada de Poesía
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Gran Hermano en la Triple Frontera

Gabriel Cocimano

El sospechoso silencio mediático acerca de la presencia de marines norteamericanos en la región de la Triple Frontera (Brasil-Paraguay-Argentina) no hace sino confirmar lo endeble de la política de las naciones sudamericanas, y la apetencia de Washington por ejercer el control de la región.

Mientras los medios masivos alimentan de Gran Hermano a las audiencias locales, el auténtico Big Brother despliega su estrategia a discreción: hacia 2005 desembarcaron cientos de marines en Paraguay –con el consentimiento del gobierno guaraní, que otorgó inmunidades diplomáticas– con el inocultable objetivo de establecer allí una base militar estratégica.

En efecto, en mayo de ese mismo año –irónicamente, un mes después de la muerte del gran escritor paraguayo, Augusto Roa Bastos, quien había combatido en vida a la dictadura de Stroessner, aliada de Washington– el senado paraguayo votó mayoritariamente el denominado Acuerdo por notas reversales entre el gobierno de la República de Paraguay y el gobierno de los Estados Unidos, sobre ejercicios e intercambios militares bilaterales; un eufemismo que permitió, entre otras cosas, que los marines dispongan de las mismas prerrogativas que un funcionario paraguayo, y que no deban responder por daños que causen a la salud, el medio ambiente o los recursos de la región.

Una enorme pista de aterrizaje de 3 mil 800 metros, con capacidad para recibir aviones de gran peso y porte, había sido construida clandestinamente en los años ochenta en la región del Chaco paraguayo, una zona desértica de difícil acceso, con asistencia norteamericana. Este lugar –la base aérea de Mariscal Estigarribia, localidad paraguaya cercana a Bolivia y el norte argentino– es un sitio de vital importancia geopolítica: desde allí pueden monitorearse las reservas gasíferas de Tarija (Bolivia), el Acuífero Guaraní, uno de los mayores reservorios de agua dulce del planeta, y la zona de la Triple Frontera, en especial Ciudad del Este, a la que Washington aún considera un santuario del terrorismo islámico.

Por imposición, autocensura o pertenencia a monopolios extranjeros, los grandes medios masivos han minimizado o sencillamente ignorado esta intromisión, y los gobiernos de las naciones del Mercosur no han efectuado ninguna declaración oficial sobre el tema. El intelectual y diplomático brasileño Helio Jaguaribe, afirmó que la presencia estadunidense es un hecho de "suprema gravedad, y requiere una acción conjunta de Argentina y Brasil, en el sentido de disuadir a Paraguay de albergar fuerzas extranjeras en su territorio. Si Paraguay quiere dar inmunidades (impunidades) a las fuerzas americanas, que lo haga; lo que atenta contra los principios del Mercosur es abrigar en territorio de los partícipes fuerzas alienígenas."

La autorización dada por Paraguay para instalar tropas militares norteamericanas en la región abrió una profunda herida en la relación entre los socios del Mercosur y, en especial, una advertencia directa a los gobiernos argentino y brasileño por lo que en Asunción consideran abusos contra sus intereses como miembro pleno del bloque. Los sectores industriales y empresarios de Paraguay reclaman por las trabas comerciales impuestas por los socios más poderosos, que generan discriminación y desigualdad en perjuicio de los países más débiles de la coalición.

Informaciones más recientes dan cuenta de que marines norteamericanos actuaron activamente en el territorio argentino de la Triple Frontera –Puerto Iguazú– pero sólo contra objetivos sanitarios (el mosquito transmisor del virus del dengue); sin embargo, es una acción que se inscribe en una estrategia mucho más amplia y ambiciosa que el resguardo de la salud de la población regional. Algunos analistas políticos afirman que la cuestión de la Triple Frontera es la "pata" en el Cono Sur del Plan Colombia, y que tiende a crear las condiciones para una eventual intervención militar masiva norteamericana.

La existencia allí de una gran comunidad árabe desde los años setenta fue utilizada como argumento de demonización, en especial después de los atentados del 11-S. El discurso de la prensa y los medios norteamericanos ha hecho aparecer a la Triple Frontera como una base de operaciones de militantes fundamentalistas islámicos que apoyaron logística y financieramente a organizaciones terroristas como Hezbollah o Al Qaeda.

La demonización de la región es de carácter estratégico: el objetivo es aplicar controles antiterroristas a los procesos de protesta sociopolítica en los tres países, radicalizada en algunos de ellos con movilizaciones campesinas o la virtual desobediencia civil. A su vez, el control de la zona es una puerta de acceso a la región amazónica, la mayor y más rica área de biodiversidad del planeta, con el cincuenta por ciento de los bosques tropicales del mundo, la quinta parte del total de agua dulce planetaria, y una infinita variedad botánica, esencial para obtener medicamentos, colorantes, fibras, aceites, alimentos, pesticidas, etcétera, clave para las nuevas potencialidades que se abren en el campo de la biotecnología y la ingeniería genética.

Hay sobradas razones que justifican la presencia militar estadunidense en Sudamérica. A la inversa, no hay razones para acallar las conciencias. "La guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza", eran los eslóganes del partido en el poder que, en su afán de controlar a la gente, optaba por confundirla, ahogando a la sociedad mediante un intenso engaño mental; de esta manera había ficcionalizado George Orwell –en su novela 1984– a una sociedad devastada, en manos de un titánico dictador llamado Gran Hermano, que todo lo ve y todo lo escucha.

La ironía radica en que, mientras los medios masivos proporcionan al espectador altas dosis de Gran Hermano, la profecía orwelliana del Big Brother cobra cada día mayor realidad, a la luz del silencio y la complicidad mediática y la inercia de una sociedad paralizada por el consumo de banalidad.

Los marines tienen sed: ocultarlo, omitirlo o ignorarlo es atentar contra los destinos soberanos del suelo y el subsuelo latinoamericanos.