Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 30 de agosto de 2009 Num: 756

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Bajarlía: el poeta que descendió del futuro
STELLA AVARADO

El amor cuando falla
EPAMINÓNDAS J. GONATÁS

De una acera a la de enfrente
GUILLERMO SAMPERIO

La cosa es la obra
O. HENRY

Confesiones de un humorista
O. HENRY

Tres poetas

Columnas:
Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

Evasiones varias (I DE II)

Los miércoles de cine al dos por uno ya son historia, pero como ese día las cadenas exhibidoras todavía ofrecen cierto descuento en el precio del boleto, no son pocos quienes –cuando el tiempo disponible y las secuelas de los catarritos del doctor Carstens llegan a permitirlo– eligen la mitad de la semana laboral para darse una escapada al cine, motivo por el cual, en una mayoría de casos que ha de arañar el cien por ciento, el paso previo consiste en echar un ojo a la cartelera. De esa mayoría, salvo el porcentaje más bien reducido de quienes tienen posibilidad y costumbre de consultarlo todo en internet, prácticamente el cien por ciento recurre a las páginas correspondientes de algún diario.

A nadie sorprende –quizá porque nadie suele reparar en el dato, y menos en lo que el mismo tiene de triste– que en una ciudad como la de México, provista con miles de salas cinematográficas, la oferta fílmica no alcance siquiera media centena de títulos entre los cuales elegir. Limitada y limitante, la cartelera del miércoles pasado propuso la cantidad miserable de veintiocho películas –se habla aquí exclusivamente de la cartelera comercial que es, y de lejos, mucho más socorrida que la conformada por la Cineteca Nacional y los escasos cineclubes que sobreviven al naufragio neoliberal.

Menos de treinta posibilidades fílmicas son clara y escandalosamente pocas, tomando en consideración la ya referida cifra exorbitante de espacios disponibles. Entre otras cosas, dicha desproporción hace patente que algo no funciona en la estrategia global mercadotécnica aplicada al cine. Como es bien sabido, los llamados multiplex –conjuntos de varias salas cinematográficas– nacieron en respuesta a la necesidad de incrementar una asistencia al cine que se desplomaba. Aquellos antiguos y ya desaparecidos, enormes –y muchos de ellos hermosos– edificios fueron tildados de inútiles, onerosos, arcaizantes, demodé... pero ahora resulta que uno de los referentes capitales de todo estreno cinematográfico es el que indica el número de copias que se habrán de distribuir. El otro referente, huelga decirlo, es la cantidad de dinero recaudada por la película en turno. Pulverizado el aforo, hablando en términos de espacio físico estrictamente, nada resulta más obvio que la multiplicación de las copias, de modo que este juntapalabras no le halla, por más que se lo busca, mérito alguno al hecho de que éste o aquel filme arranque en su semana de estreno con chorrocientas copias, mismas que, para mayor evidencia de distorsión, no suelen ser repartidas en arreglo al criterio aparentemente obvio de una copia por multiplex, sino en función del criterio todavía más palmario de incrementar el número de copias en los sitios más concurridos, ya que si se dejara una sola, Muchagente podría llegar a la taquilla y encontrarse con que ya no hay boletos para la película que eligió un miércoles o cualquier otro día.

Es tristemente irrebatible que las viejas y espaciosas salas en las que algunos todavía alcanzamos a recibir nuestra educación sentimental (Monsiváis dixit) no han de volver, pero eso no le confiere lógica al hecho de estar ahí metido viendo lo mismo que están mirando quienes se metieron a la sala contigua, y a la contigua de la contigua si se trata, por ejemplo, de la sexta parte de Harry Potter.

No obstante, el anterior dista mucho de ser el más grande o el peor de los absurdos en los cuales suele sobrenadar, tantas veces sin atisbo alguno de mejoría, el entusiasmo del cineaficionado. Hay un sinsentido todavía mayor que aquel consistente en la parte meramente numérica de las muchas salas y las muchas copias para los pocos títulos y se trata, desde luego, del qué , de cuáles son dichos títulos escasos en un momento dado; póngase por ejemplo, un miércoles a finales de agosto de 2009.

Como ya se dijo, menos de treinta propuestas para un aforo potencial que se cuenta por decenas o centenas de miles, viene siendo más escasa que baba de perico, pero volviendo al hecho de que el cineaficionado estándar acude a la cartelera publicada en un periódico para decidir lo que quiere ver ese día, hay un dato aparentemente baladí que cobra importancia súbita, y es el hecho de que la cantidad de películas en exhibición un día equis de la semana aparenta variar en función de la cartelera que se esté consultando, a pesar de que, por supuesto, eso es imposible. Me explico: el miércoles pasado hubo un diario que consignó veintiocho cintas, otro que refirió veinticinco y dos publicaciones más según las cuales la oferta era de solamente diecinueve.

(Continuará)