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Atenco y la justicia
Jody Williams apoya petición de asilo de América del Valle

La premio Nobel exige liberar a los 12 presos políticos mexiquenses

Advierte que activistas están muy atentos del próximo fallo en la SCJN

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Ejidatarios del municipio mexiquense, en imagen de archivoFoto José Carlo González
Blanche Petrich
 
Periódico La Jornada
Sábado 26 de junio de 2010, p. 2

La estadunidense Jody Williams, premio Nobel de la Paz 1997, advierte que los ojos de quienes luchan por los derechos humanos y la solución pacífica de los conflictos en el mundo están puestos en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), muy atentos y preocupados a lo que los ministros resuelvan la próxima semana en torno a los 12 presos políticos de San Salvador Atenco. Hoy, el caso es muy visible a escala internacional, sostiene.

Lo que está en juego no es solamente la libertad de 12 hombres que no cometieron delito alguno. Con su decisión, los ministros dejarán sentado un precedente muy importante. Van a demostrar si los derechos civiles tienen algún valor para el gobierno de México o no.

Maestra y activista a escala global, Williams recibió el Nobel de la Paz por su lucha por la prohibición del uso de minas antipersonales. Ahora expresa también su apoyo a la solicitud de asilo de América del Valle al gobierno de Venezuela:

Puedo entender los motivos de esta muchacha, considerando la forma en que el gobierno del estado de México la ha perseguido y le ha levantado cargos con verdadera saña. Yo, en sus zapatos, no sé qué hubiera hecho.

Mujer de temple, que en los años noventa llamó al entonces presidente Bill Clinton un llorón, por no atreverse a firmar la prohibición del uso de minas explosivas, ahora exclama: Caray, si el gobernador del estado de México, Enrique Peña Nieto, quiere ser presidente, que sea magnánimo, ¡por Dios! Que dé una mínima muestra de humanidad, que demuestre que tiene atributos para llegar a gobernar.

No habrá justicia si uno solo queda preso

Entrevistada vía telefónica, desde Estados Unidos manifiesta su temor de que se confirmen versiones de que será negada la libertad para dos de los 12 presos.

Sería muy sospechoso que apliquen una doble vara, discriminando y marginando del beneficio de la libertad a los dos dirigentes del movimiento, Ignacio del Valle y Felipe Álvarez. Si esto sucede, no se podrá decir que se hizo justicia. De ninguna manera. Si no salen todos, si uno solo queda preso, el futuro de los derechos civiles en México quedará en entredicho. Sobre todo a la luz de la impunidad con la que fueron encubiertos varios policías que tuvieron responsabilidad en las violaciones tumultuarias de 27 mujeres arrestadas en mayo de 2006. Ninguno fue sancionado. Ninguno pisó siquiera un día la cárcel.

Williams, de 60 años, vivió en México en su adolescencia, entre 1967 y 1968.

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Jody Williams, premio Nobel de la Paz 1997, visitó San Salvador Atenco en septiembre pasado, en apoyo a los presos del lugarFoto Jesús Villaseca

Expresa su amor profundo por esta nación, pero señala: tengo que reconocer con dolor que México es un país de caos y de injusticia. Admito que parte del problema es mi propio país, Estados Unidos.

Para ella, lo que sucedió en Atenco en 2006 es un caso ejemplar de abuso de poder. La misma figura jurídica de secuestro equiparado –aplicado en este caso para sancionar con sentencias de 31 a 112 años de prisión a activistas que en su momento retuvieron contra su voluntad a funcionarios de gobierno como forma de presión, equiparando esta acción al plagio, que es delito grave– es otra forma de abuso de poder. Significa que el Estado, si no tiene a la mano un término que le convenga para reprimir, lo inventa.

Insiste en explicar el significado de que otros 10 premios Nobel de la Paz hayan apoyado la defensa de los presos políticos de Atenco. Todos ellos saben perfectamente de lo que están hablando. Detrás de cada una de estas firmas hay legiones de activistas. Todos y cada uno de los firmantes son figuras que comprenden muy profundamente lo que entraña la lucha de los pobladores de Atenco.

Ellos son: el obispo de Johannesburgo Desmond Tutu (premiado en 1984) y Frederick Le Klerk (en 1993 junto con Nelson Mandela), que impulsaron el proceso de verdad y justicia tras el fin del apartheid en Sudáfrica; los irlandeses Mairead Carrigan Maguire y Betty Williams (1976) y John Hume (1998), que han trabajado sin descanso por la reconciliación no violenta después de la firma de la paz en Irlanda del Norte; el argentino Adolfo Pérez Esquivel, voz activa en defensa de los derechos de los desplazados de Colombia, por la solución pacífica en el conflicto del País Vasco y por el pleno esclarecimiento de las responsabilidades al más alto nivel en las dictaduras del Cono Sur; el rumano Elie Wiesel (1986), la guatemalteca Rigoberta Menchú (1992), la abogada iraní Shirin Ebadi (2003) y la keniana Wangari Maathai (2004).

Las galardonadas con el Nobel fueron convocadas en mayo de este año por Jody Williams al encuentro Diálogo Internacional sobre Justicia para las Mujeres, realizado en Puerto Vallarta.

Con mucho dolor he decidido que si la SCJN no libera a los 12, sin excepción, no volveré a organizar un evento de esta naturaleza en México. Voy a extrañar desesperadamente a ese país que amo tanto, pero no pienso seguir legitimando una política de gobierno que no respeta los derechos civiles y humanos.