Opinión
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Ruta Sonora

El rocanrol de Monsiváis

T

odo lo que digas será en inglés.

A inicios de los años 80 del siglo pasado, la norteamericanización juvenil de la que hablaba Carlos Monsiváis (Amor perdido, 1976, referido en Ruta Sonora 02/06/10), estaba más que instalada entre quienes gustaban del rock en México. La vergüenza hacia lo que recordara el color de piel y demás idiosincrasia (no es que ahora no prevalezca), reinaba rampante.

Las pocas bandas que había aún cantaban en inglés, y no vivir del patético remedo, era vivir en el error. La satanización del rock tras Avándaro por parte de la derecha (pero también de la izquierda, al considerarlo imperialista), hizo que la existencia de bandas y foros fuera casi nula. Mas para finales de los 70 (década en que florecieron las peñas folclori-nacionalistas), algunos comenzaron a buscar voz propia, sin culpa, a través del rock, como Guillermo Briseño, Jaime López, Rockdrigo González… y Botellita de Jerez (1983), trío encabezado por Sergio Arau, quien casi de modo consanguíneo, heredó la visión sarcástica que su padre, Alfonso Arau, tuvo en Los Tepetatles, al lado de Monsiváis como letrista de tal banda paródica (ídem).

La tercia, también integrada por Francisco Barrios y Armando Vega-Gil, propuso como Los Tepetatles, en tono irónico y crítico, la posibilidad de un rock mexicano, con toscas simbologías patrióticas y habla popular, que además tomara con humor el agringamiento inevitable. En vez de pretender imitar o apantallar, asumieron las limitaciones propias del subdesarrollo, como parte ineludible del ser mexicano: tocar mal y lucir nacos, sin pudor y a mucha honra. Es crucial el acto en que Botellita retoma, del citado grupo, El Tlalocman; en tal canción, en vivo, los botellos bailan cual concheros y, al no poder hacer sonar unos caracoles, terminan sonando una botella de Coca-cola.

Así, tras dos décadas, y habiendo sido erigida esta banda como ruptura y ejemplo de que era preciso generar un discurso local (Caifanes, Maldita Vecindad, Café Tacuba, La Lupita, primeros vástagos), Monsiváis asegura en el falso documental de Sergio Arau, Naco es chido (2010), con el gusto de ver una expectativa cumplida, y con su típica seriedad traviesa: “A partir de la decisión de que lo naco es chido (…) llegamos a la conclusión (…) de que lo naco y lo chido son parte de nuestros tres colores (…). Botellita de Jerez, todo lo que digas será en inglés, logró una compenetración con las raíces. Y lo único que quiero comunicarles, es la necesidad que tenemos de estudiar el maya antiguo para poder así encontrar en el rock las señales de nuestra identidad”.

Asimismo, en la nota de Iván Cadín para eluniversal.com.mx (2009), cuando se le pregunta si se siente padre de Botellita y abuelo de Café Tacvba, Monsi contesta: Ya estoy pensando en declararme bisabuelo de quien se deje, pues el tiempo me alcanzó, pero si me lo solicitan esos grupos, iré al registro civil a firmar mi condición de abuelo.

Aval intelectual

Sergio Arau reiteró en entrevista: “Sí fue importante Los Tepetatles para Botellita; me late sobre todo el retrato urbano local, que hace en sus letras Monsiváis. Conviví mucho con mi papá cuando hacía revista, y tanto el lenguaje popular como el humor, me son premisas fundamentales. Por mi madre, bohemios era mi aval intelectual: hacía referencias a personajes callejeros, al Alarma!, a figuras como Tin Tan o Pérez Prado, a quienes conocí de niño”. Por su parte, Pato, guitarrista de Maldita Vecindad, recuerda: “A Monsiváis lo topamos mucho en la huelga del CU; luego nos apadrinó: hizo un texto para la presentación del disco El Circo (1992) y cantó una ‘bomba’ en la canción Mare; le sorprendía que unos chavitos de entonces mezclaran rock con música e iconografía de los años 50”.

La sociedad permisiva

Tras describir a los hoyos fonqui y los hoyos punk en Escenas de pudor y liviandad (1992), en Los rituales del caos (1995) dio una lectura contemporánea a la relación jóvenes-rock, a partir del Tianguis del Chopo: “Es un territorio donde la solemnidad toma la forma de lo que, fuera, aún se considera provocación (…). En la marginalidad elegida, todo y nada es objeto de comercio (…) y transgresión. Ya pasó la época en que se quería asustar a los burgueses; la sociedad permisiva asimiló varios de los desafíos contraculturales, y la pobreza igualó las apariencias disidentes (…). No pretenden estar al día con sus correspondientes de Norteamérica, les valen madre el Sistema y los símbolos del status, y no se jactan de abandonar una sociedad a la que nunca han pertenecido (…). Hallan el suministro de energía en las obsesiones que otros han jubilado”.

En fin... Hay más, pero es inabarcable. ¡Larga vida al ejemplo desmenuzador, crítico y humoroso, de Carlos Monsiváis!

(Fe de erratas: el único integrante de los Rebeldes del Rock, entre los músicos referidos en entrega pasada, es Marco Polo Tena. Actos y tocadas del 9 al 14 de julio: patipenaloza.blogspot.com).