Opinión
Ver día anteriorViernes 13 de agosto de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Penultimátum

Desencanto en la iglesia de la Profesa

C

uando en enero pasado se supo que varios artistas trabajaban en diseñar la corona del Bicentón, los partidarios de su majestad Agustín de Iturbide I (entre ellos distinguidos funcionarios), expresaron su júbilo a través del facebook y el twitter, formas modernas de evitar ver a los amigos. Tratándose de las fiestas más grandiosas de la historia de México, según el secretario de Educación Pública, pensaron que, al fin, reconocerían los méritos de quien fue llamado héroe invictísimo, inmortal redentor, estupor del universo y estrella principal del Septentrión. Nada entonces más apropiado que rememorar la coronación de don Agustín, descrito por un contemporáneo cuando, montado en brioso corcel, entró al frente de su ejército a la ciudad de México el 27 de septiembre de 1821: arrogante, buen mozo, de porte aristocrático, mago de la sonrisa, ojos de águila, patillas andaluzas de color azafrán.

Seguramente, pensaron sus seguidores, que la ceremonia sería en el sitio donde lo coronaron, la Catedral metropolitana, aunque no el 21 de julio sino el 16 de septiembre, como digno remate de la verbena popular y el magno espectáculo del australiano Ric Birch. En los mensajes electrónicos se especulaba si se seguiría al pie de la letra la coronación de hace dos siglos. Por ejemplo, que el obispo de Guadalajara, auxiliado por los de Puebla, Oaxaca y Durango, unciera al afortunado que ahora hiciera de emperador.

Pero, ¿quién podría tener el porte de don Agustín? ¿Quién capaz de revivir la gloria del que por su sabiduría fue equiparado con la diosa Minerva, y por sus hazañas guerreras con Julio César y Alejandro Magno? ¿Qué damita de nuestra sociedad reúne la belleza, gracia y espiritualidad de la emperatriz, doña María Josefa Huarte y Muñiz? ¿O el rostro angelical de sus vástagos? Se especuló que los elegirían en el programa cultural del canal 13, el de Laura Bozzo.

¿Quién lo coronaría? ¿Don Carlos Navarrete, presidente del Senado y que diario proclama? ¿Don César Nava, líder del partido gubernamental? ¿Quiénes encarnarían la corte imperial, a los condes y marqueses de Regla, Ecatepec, Salvatierra, Orizaba, Neza, Jaral y Valle de Chalco?

Lo único seguro, especulaban, era el menú del banquete posterior a la representación teatral con el chile en nogada como platillo principal, pues aseguran que en honor de Agustín I lo elaboraron unas monjas de Puebla.

La tristeza, sin embargo, invadió a los que cada año acuden a la iglesia de la Profesa para recordar al soberano con misa de tres padres. La corona del Bicentón no era para entronizar al emperador en el listado cívico nacional, sino para quien resulte elegida el próximo mes Nuestra Belleza México, negocio que Televisa encargó desde hace años a Lupita Jones.