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La investigación fue realizada por el estadunidense Christian Adam

Revela estudio preferencias literarias de la Alemania nazi

Un manual para hacer senderismo sin ropa fue uno de los bestsellers

Dpa
 
Periódico La Jornada
Miércoles 25 de agosto de 2010, p. 5

Berlín, 24 de agosto. El alemán Karl May, autor de libros como El testamento de Winnetou, era el escritor preferido del dictador Adolf Hitler, y un manual para hacer senderismo sin ropa fue uno de los grandes bestsellers de la Alemania nazi. Por primera vez, un estudio reveló las peculiaridades del negocio literario y las preferencias de los lectores durante el Tercer Reich.

Para la dictadura de Hitler, el exterminio de la cultura, la ideología de la raza aria y el entretenimiento iban necesariamente de la mano. ¿Pero cuáles fueron los libros que más leyeron los alemanes entre 1933 y 1945? Un estudio se ocupó por primera vez de dar respuesta a esta cuestión escasamente analizada.

Para llevar a cabo su investigación Lesen unter Hitler - Autoren, Bestseller, Leser im Dritten Reich (Leer en tiempos de Hitler: autores, bestsellers, lectores en el Tercer Reich), el estadunidense Christian Adam estudió unos 350 títulos y analizó su aparición y repercusión.

Adam catalogó como bestseller todo libro que en esa época alcanzó al menos una tirada de 100 mil ejemplares. Analizó todo tipo de géneros: novela, ensayo, libros de consulta, de guerra o atlas. La historia de los libros del nazismo es la pieza antagónica de la historia de las obras quemadas, según indicó en el estudio, publicado por la editorial Galiani Berlin.

Junto al líder absoluto, Mein Kampf (Mi Lucha), con una tirada de 12.5 millones de ejemplares, en los cuartos de estar y las bibliotecas alemanas se acumulaban otras obras como El principito, de Antoine de Saint-Exupéry (135 mil ejemplares); Lo que el viento se llevó (366 mil), de la estadunidense Margaret Mitchell, o La madre alemana y su primer hijo, de Johanna Haarer.

La política literaria de Hitler, a diferencia de lo que se piensa normalmente, no salía de una única fuente, sino de una unión caótica de funcionarios y burócratas. En ningún otro aspecto de la política nazi reinaba tanta confusión y desorden.

La dirección del partido, el Ministerio de Propaganda de Joseph Goebbels, el departamento del ideólogo nazi Alfred Rosenberg, todos querían meter mano y decidir quién tenía derecho a publicar qué y quién no.

El régimen contaba al menos con 20 puestos de censura, listas negras y recomendaciones. Para Rosenberg, responsable de los territorios ocupados por Alemania durante la Segunda Guerra Mundial (1939-45), la literatura de entretenimiento era un veneno. Por el contrario, para Goebbels las lecturas fáciles eran una buena válvula de escape en el contexto de la cada vez más segura derrota en la guerra.

Debido a esa falta de acuerdo, muchas editoriales y autores lograron crecer con o sin ayuda de los aparatos estatales y, como hizo la casa Bertelsmann, sentar las bases para su éxito comercial posterior a 1945.

Algunos de los más importantes fueron libros de consulta que se ocuparon de descubrimientos o la extracción de materias primas como Anilin (Anilina), de Karl Aloys Schenzinger, del que se vendieron más de un millón de ejemplares y que después de la guerra siguió siendo un éxito.

Títulos como Erfinder brechen die Blockade (Los inventores rompen el bloqueo), con 400 mil ejemplares, o Robert Koch. Roman eines grossen Lebens (Robert Koch: Novela de una gran vida), con 135 mil ejemplares, encontraron lectores entusiastas entre los soldados.

Otro de los mayores éxitos y sin duda uno de los más curiosos fue Mensch und Sonne. Arisch-olympischer Geist, (El hombre y el sol: el espíritu olímpico ario), con consejos para hacer senderismo completamente desnudo, bañarse en arcilla o esquiar sin ropa. Logró vender 235 mil ejemplares en una oda a la raza, el cuerpo alemán y la libertad sexual.

Sin embargo, pese a todos los esfuerzos, Christian Adam considera que al final los nazis sólo obtuvieron un grandioso fracaso. Ni sus prohibiciones ni el daño que provocaron lograron la anhelada perfección.