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La atleta guatemalteca dice que hacerse fuerte tiene un costo social más alto en las mujeres

Rebeca Rubio, hija de guerrillero y campeona mundial en fitness

Cuando vives con una falta buscas el reconocimiento de los demás

Estudió Antropología porque deseaba encontrar los restos de su progenitor

Logró el título 10 años después de competir

Juan Manuel Vázquez
 
Periódico La Jornada
Viernes 17 de diciembre de 2010, p. a13

La última vez que Rebeca Rubio vio a su padre tenía 13 años. Fue en Guatemala donde se encontraron de manera clandestina, en 1983. Ella no dejó de llorar ante el hombre que consideraba un héroe, Ricardo Rubio, comandante de la Organización Revolucionaria del Pueblo en Armas (ORPA). Luego no supo más.

Algunos sobrevivientes de la represión política dijeron que el guerrillero había muerto en algún cuartel de la capital guatemalteca un par de años después. Ninguna certeza, salvo que desde entonces esa ausencia la acompañaría para siempre.

Sin comprender cabalmente las razones por las que el comandante se marchó, Rebeca creció con esa herida en casa de los abuelos paternos. A veces lo admiraba por idealista. Otras, sentía rencor contra aquel hombre que antepuso una causa por encima de su propia hija.

La inquietud por el pasado la volvió una adolescente tímida y vulnerable, que a menudo se preguntaba por qué tenía que vivir con esa carga. Las respuestas que nadie le dio las buscó por cuenta propia años más tarde, cuando decidió estudiar antropología en la Facultad de Ciencias Sociales, de la Universidad del Valle de Guatemala.

Tres necesidades básicas decidieron su vocación profesional: primero, encontrar físicamente los restos del guerrillero para reparar el vacío emocional con el que vivía; segundo, desmentir la imagen del héroe que le inculcaron sus abuelos y tíos para rencontrarse con la figura del padre. Encontrar una explicación social para entender por qué se había involucrado en un movimiento armado; y tercero, la necesidad de solidaridad con otras personas que tenían la misma experiencia que ella.

La búsqueda no pudo hacerla profesionalmente porque en aquel entonces en Guatemala no existía la carrera de antropología forense. Rebeca Rubio tuvo que graduarse como antropóloga social. Obtuvo el título con la tesis Construyendo cuerpos. La subcultura del gimnasio urbano en la ciudad de Guatemala.

“Sigo buscando –dice Rebeca– porque la historia debe tener un final. De lo contrario, queda un vacío. Por esa razón es que enterramos a nuestros muertos. Y yo quiero cerrar ese círculo.”

Cuando era adolescente Rebeca siempre tuvo una sensación de debilidad. Una melancolía que no la dejaba ser como las demás chicas de su edad. En su mente ella era una gimnasta como la rumana Nadia Comaneci, la primera atleta en conseguir una calificación perfecta en Juegos Olímpicos. Quería ser fuerte y reconocida.

Foto
En el fitness Rebeca Rubio pudo eliminar su frustración como gimnastaFoto Luis Humberto González

“Pienso que era una necesidad y aquí me voy a meter en el terreno de la sicología –reflexiona–, pero creo que cuando vives con una falta buscas el reconocimiento de los demás, demostrar en todo momento que vales. Tal vez para curar la autoestima.”

Esa medicina la buscó en el deporte. Practicó el ciclismo de ruta durante ocho años, taekwondo, natación y triatlón, hasta que encontró el camino del fitness. Una disciplina en la que desarrolla muscularmente el cuerpo y que incluye rutinas acrobáticas.

El proverbio latino mente sana en cuerpo sano para ella significó: cuerpo fuerte para una mente fuerte.

Fue una revelación descubrir que lo emocional se reflejaba en lo físico. En el fitness pudo eliminar su frustración como gimnasta, y al mismo tiempo ponerse a prueba consigo misma.

En ese deporte Rebeca es la rival de Rebeca: Me reparé por completo porque mi debilidad me hacía daño, me di cuenta que tenía que cambiar mi chip. Desde entonces me empecé a percibir como una mujer fuerte y con poder.

En la tesis con la que obtuvo la licenciatura en antropología aborda lo que expresa socialmente el cuerpo. A un físico musculoso –explica– se le atribuyen connotaciones de poder y fuerza. Una persona muy desarrollada es admirada, pero no aceptada socialmente porque eso se considera una anormalidad. Hacerse fuerte, entonces, tiene un costo social. Mucho mayor si se trata de una persona del sexo femenino: La gente piensa que una mujer musculosa es ruda, que le pega a su marido. No es aceptada porque invade un espacio que se considera pertenece a los hombres.

Ella pagó ese costo. Dice que intimida a los hombres porque no toleran que una mujer tenga más desarrollados los músculos que ellos. A mis 39 años soy soltera y no tengo familia. Es el precio que tengo que pagar por romper una barrera de género.

En junio pasado Rebeca Rubio subió a la línea de competencia en el Mundial de fitness en Miami, Florida. Diez años después de competir los jueces decidieron que merecía ser nombrada campeona del mundo. Cuando lo recuerda todavía se estremece.

Ahora vive en México y piensa escribir un libro sobre su vida. Dice que empezará con una escena en la que aborda un avión rumbo a un país desconocido. Vuela... para empezar de nuevo.

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