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Penultimátum

¿De beato a santo?

D

e todos los milagros atribuidos a Juan Pablo II, se escogió el de la curación de la monja francesa Marie Simon Pierre para declararlo recientemente beato. Como informamos el viernes pasado, la religiosa padecía la enfermedad de Parkinson, el mismo mal que llevó a la tumba al pontífice. Quedan en espera de confirmación muchos otros milagros atribuidos a Karol Wojtyla. Los analiza el Vaticano con miras a que pronto adquiera la categoría siguiente y última: la de santo. Prometimos dar cuenta de algunos de esos milagros.

Del primero fue testigo el actual   cardenal de Varsovia, Stanislao Dziwisz, quien fue poderoso secretario del Papa polaco: un estadunidense gravemente enfermo de cáncer sanó luego de asistir a una misa oficiada por Juan Pablo II, quien le dio la comunión. Ofelia Trespalacios, colombiana de 93 años, asegura que también la curó de unos vértigos espantosos que padecía desde 20 años antes. Sanó cuando estuvo en una audiencia con dicho Papa en 1985.

Durante la visita del ahora beato a Zacatecas, vio a Herón Badillo, un niño de cuatro años que padecía leucemia en fase terminal. Después de que lo besó y bendijo, el pequeño inició su mejoría. Hoy está completamente curado.

Por un error médico al operarlo de las carótidas, quedó mudo el cardenal Francesco Marschisano. Juan Pablo II lo fue a ver, le acarició la garganta y el cardenal recuperó la voz. Por su parte, y gracias a un leve contacto con el citado Papa, recuperó la vista una señora cuyo nombre oculta el Vaticano.

Una niña nació en 2005 prematuramente en Czestochowa, lugar de peregrinación católica en Polonia. Los médicos le dijeron a los padres que no tendría ninguna posibilidad de sobrevivir y moriría en pocas horas o días. Al nacer medía 37 centímetros de altura y pesaba 860 gramos. No le funcionaban los riñones y tenía, además, grave daño cardiaco. Pero sus padres, fervientes creyentes, le rezaron al Papa, que recién había muerto, pues sabían que estaba cerca de Dios. Al día siguiente, a Gloria (así se llama la niña) le comenzó a funcionar un riñón, y el corazón latió desde entonces normalmente. Sus padres editaron un libro en el que narran la proeza que les hizo su paisano.

Otro milagro (bajo siete llaves) ocurrió en China, país que no reconoce al Vaticano como Estado. Tampoco permite que intervenga en el nombramiento de cardenales y obispos chinos. No se sorprenda si lo sacan a la luz pública cuando quieran hacer santo al hoy beato.

Pero el milagro más sorprendente de este siglo es obra de quienes llevaron a Juan Pablo II a los altares, eliminando la necesidad de que pasaran cinco años después de su muerte para iniciar el proceso de beatificación. Y, además, suprimiendo la figura del abogado del diablo, el encargado de cuestionar las virtudes de los candidatos a la santidad.