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Presentaron catálogo bilingüe español-inglés de una exposición del pintor y grabador

Rescatan del olvido la obra de Francisco Díaz de León

El archivo del artista es enorme y aún se estudia la parte documental: Andrés Blaisten

Fue un puntal de la enseñanza de la gráfica, dice Tibol

La muestra en Tlatelolco termina mañana

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Autorretrato en la prensa, 1935, plata/gelatina
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Autorretrato en la prensa, 1935, plata/gelatina y El fusilado, ca. 1929, fotografías incluidas en el archivo de Francisco Díaz de León, que sus hijas Graziella y Susana donaron hace tres años a la Colección Andrés Blaisten. Imágenes tomadas del libro/catálogo bilingüe escrito por Renata Blaisten González, coeditado por la UNAM y el sello RM
Merry MacMasters
 
Periódico La Jornada
Sábado 9 de abril de 2011, p. 3

La donación del acervo del grabador y pintor hidrocálido Francisco Díaz de León (1897-1973), por parte de sus hijas Graziella y Susana, hace tres años a la Colección Andrés Blaisten, desencadenó una investigación que sigue dando frutos.

Entre otros acontecimientos destacan la exposición Francisco Díaz de León en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco (Ricardo Flores Magón 1, colonia Nonoalco-Tlatelolco), que concluye este domingo; una tesis de maestría y un libro/catálogo bilingüe (español/inglés) –presentado hace unos días–, ambos de la autoría de la historiadora de arte Renata Blaisten González.

Ese gesto sorprendió a Andrés Blaisten, quien conocía a las descendientes del artista desde hace 30 años, pero nunca había comprado obra de su colección. Reconoce, sin embargo, que han habido otras donaciones a la colección, producto de que se ha visto que éste es un proyecto que está vivo. Sigo explorando ese periodo del arte mexicano que es tan rico y que ahora los museos tienen un poco olvidado.

El coleccionista aceptó de inmediato. Luego, su hija Renata, junto con otra colega, realizaron durante seis meses una precatalogación del acervo todavía en casa de la familia, para ver de qué se trataba. El acervo constaba de 36 cajas que contenían documentos, hemerografía, dibujos, diplomas y algunos instrumentos de trabajo empleados en el salón de clases, escribe Blaisten González.

Luego se hizo otra catalogación que duró más de dos años, aunque todavía se estudia la parte documental. Es un archivo enorme, dice Andrés Blaisten en entrevista, quien lo calcula en más de 6 mil creaciones, entre dibujo, pintura, escultura y obra gráfica, que la mayoría es de grabadores de todas las épocas, desde el periodo colonial hasta artistas contemporáneos como Vicente Rojo y Manuel Felguérez, que todavía llegó a tratar.

También hay una gran colección de José Guadalupe Posada de más de mil 200 obras. El acervo da para muchas exposiciones, sin embargo, se quiso que la primera fuera de Díaz de León como artista.

De las más de 4 mil piezas de su autoría se hizo una selección para dar a conocer un panorama general de su fructífera labor, escribe Renata Blaisten González quien, gracias al conocimiento adquirido, fue la curadora de la muestra de cerca de 150 piezas.

Forjador de artistas

Entrevistada al término de la presentación del libro/catálogo, la crítica de arte Raquel Tibol señaló: Díaz de León fue un maestro de una gran bondad, una gran generosidad, desde que entró en la Escuela Nacional de Bellas Artes, aunque anotó que en el libro hay una confusión de nombres en este aspecto que es uno de los serios errores que tendrá que corregir, porque en cada etapa se llama de otra manera y por una razón de carácter social.

Aunque hoy día Díaz de León es un artista olvidado, en su momento fue un puntal de la enseñanza de la gráfica, pero no a la manera, digamos, de un Siqueiros que mezcla la fotografía, mezcla la proyección y mezcla todo. Él (Díaz de León) se va tranquilo. Con las técnicas tradicionales, si hace litografía, hace litografía; si hace grabado en hueco, hace grabado en hueco. Se va por lo ya establecido, pero en eso actúa con seriedad y, sobre todo, formando gente, a quien le enseña a manejar una gubia, a imprimir.

Tibol aportó el siguiente dato: “Cuando José Clemente Orozco regresó de Estados Unidos después de terminar en el Dartmouth College, compra un tórculo y empieza a hacer por primera vez grabado en metal, pero no se atreve a imprimir y le pide a Díaz de León que le imprima sus primeros grabados en metal que hace en México en 1935.

“Ese es un dato muy bonito de Orozco que era 14 años mayor, pidiéndole, ‘maestro, imprímame mis estampas’.”

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