Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 31 de julio de 2011 Num: 856

Portada

Presentación

Bazar de asombros
Hugo Gutiérrez Vega

Beirut, cultura y gastronomía

Dos poemas
Joumana Haddad

México y Líbano
Hugo Gutiérrez Vega

Líbano: en busca del equilibrio
Naief Yehya

Líbano, el país de la miel y la leche

Georges Schehadé: poeta y dramaturgo
Rodolfo Alonso

Dos poemas
Georges Schéhadé

Breve elogio de Amin Maalouf
Verónica Murguía

Actualidad de Gibrán Jalil Gibrán
Juan Carreón

Dos poemas
Gibrán Jalil Gibrán

Columnas:
Prosa-ismos
Orlando Ortiz

Paso a Retirarme
Ana García Bergua

Bemol Sostenido
Alonso Arreola

Cinexcusas
Luis Tovar

La Jornada Virtual
Naief Yehya

A Lápiz
Enrique López Aguilar

Artes Visuales
Germaine Gómez Haro

Cabezalcubo
Jorge Moch


Directorio
Núm. anteriores
[email protected]

 

Los cedros emblemáticos

Líbano, el país de la miel y la leche

A pesar de estar ubicado en una zona de conflicto, Líbano, el pequeño país de la miel y la leche, de los antiquísimos cedros, heredero de los fenicios creadores del primer alfabeto, es poseedor de ciudades antiguas, vestigios del Imperio Romano, magníficos parajes y muestras de arquitectura islámica.

“Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes”, escribió el gran poeta libanés Jalil Gibran, algo que parece admonitorio para el Líbano del siglo xxi. Pese a haber sufrido diversos conflictos, invasiones y guerras a lo largo de su historia –la última finalizó en 2006, luego de treinta y tres días de intenso ataque del vecino Israel, que causó cientos de muertos, desplazados y destrucción–, el país parece ir recuperándose paulatinamente y Beirut, su capital, estaría en vías de recobrar el viejo esplendor que le valió ser considerada como el París de Medio Oriente.


La marina y la Corniche


Lo reconstruido


Regresa el turismo


Probando el aceite


Las Cruzadas y la nueva ciudad


Las fortalezas


Muchas culturas en una nueva ciudad


Nuevos barrios


El templo de Venus en Baalbek


El descanso del viajero

Los rastros de la última guerra parecen ir quedando atrás, y la reconstrucción avanza aceleradamente en el Distrito Central de Beirut, en los alrededores de la plaza de los Mártires y en el puerto capitalino. Y fácilmente se puede desplazar por el resto del país.
La unesco declaró Patrimonio de la Humanidad cinco sitios culturales libaneses: Biblos, Baalbek, el valle de Qadisha, Anjar y Tiro.

A raíz del último conflicto armado, la organización mundial decidió en 2006 enviar una misión para evaluar los daños ocasionados por la guerra iniciada por Israel contra Hezbollah en el sur libanés; un año después comenzaron dos proyectos, uno para reforzar recursos humanos a fin de obtener información digital sobre los sitios arqueológicos afectados por los conflictos armados; el otro fue para incrementar la reconciliación cultural entre la juventud libanesa.

A unos 40 kilómetros al norte de Beirut se encuentra el puerto de Biblos, una de las ciudades más antiguas del mundo, declarada Patrimonio de la Humanidad. Su origen se remonta al Neolítico, hace unos 7 mil años. Durante el tercer milenio a.c., Biblos se convirtió en el puerto comercial más importante de la zona, punto de partida del envío de madera de cedro y aceite a Egipto. Hasta el siglo x a.c. fue el principal centro de la cultura fenicia y allí se desarrolló un alfabeto fonético, precursor de los alfabetos del mundo moderno. Invadida sucesivamente por persas, Alejandro Magno, romanos, bizantinos y árabes, Biblos finalmente cayó en el olvido después de ser tomada, y posteriormente abandonada, por los cruzados.

Antes de la guerra civil que comenzó en 1975, Biblos era una parada obligada del jet set, y tanto el puerto histórico como su pintoresco casco antiguo permanecen en buen estado de conservación. Para acceder a las ruinas, al sur de la ciudad vieja, se deben atravesar los restos de un castillo de cruzados, que domina los muros medievales de la urbe. Desde este punto se pueden observar vestigios de cabañas que datan del quinto milenio a.c., el templo de Baalat Gebal, de 2800 a.c., un templo con forma de L construido hacia 2700 a.C., dos tumbas reales y un templo de comienzos del segundo milenio a.c., además de un anfiteatro romano. Muchos de los vestigios encontrados en este yacimiento arqueológico se exhiben en el Museo Nacional de Beirut.

En el noreste libanés y a 86 kilómetros de Beirut se encuentra Baalbek, en el valle de Bekaa, sede del culto a una tríada divina en tiempos de los fenicios. Posee uno de los complejos de templos más grandes del mundo. Mide unos 300 metros de largo y es sede de dos templos con pórticos, dos patios y un recinto construido durante el período árabe. El templo de Júpiter, terminado hacia el año 60 d.c., culmina una elevada plataforma que se yergue sobre una impresionante escalinata; únicamente seis de sus cincuenta y cuatro enormes columnas (22 metros) se mantienen en pie, lo que basta para hacerse una idea de la escala del edificio original. En los alrededores, el templo de Baco, construido hacia el año 150 d.c., se encuentra en buen estado de conservación. Alejado del área principal se halla el pequeño templo de Venus, una hermosísima edificación circular con columnas estriadas.

Recibió su nombre en honor del dios fenicio Baal. Los griegos lo rebautizaron Heliopolis (Ciudad del Sol) y más adelante, los romanos lo utilizaron como centro de adoración a Júpiter. Baalbek aparecía entonces como la urbe más importante de la Siria romana. Actualmente sirve de escenario al Festival de Arte al que anualmente acuden artistas de todas partes del mundo y que se realiza en julio.

En el norte libanés se encuentra el valle de Qadisha, escenario de uno de los primeros y más importantes asentamientos monásticos cristianos del mundo. Sus monasterios fueron edificados en medio de un paisaje accidentado. En sus cercanías se encuentran los vestigios del gran bosque de cedros del Líbano, sumamente apreciados en la Antigüedad. Este bosque, conocido como Arz el Rab (Cedros del Señor), es el más famoso y ahí existen unos 375 ejemplares de gran edad; algunos tienen más de mil 500 años, con alturas que alcanzan los 32 metros; son los restos de un enorme bosque de cedros, así como de cipreses o pinos, que una vez cubrieron el Monte Líbano, donde actualmente existen centros de esquí durante el invierno.