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El ataque de murciélagos, más frecuente; mapaches y zorros, entre los animales de alto riesgo

Falsa, la creencia de que ratones, ratas y ardillas transmiten la rabia

Los que la padecen cursan un cuadro paralítico, por lo que no pueden agredir, explica Raúl Vargas García, especialista de la UNAM

Además, poseen glándulas salivales rudimentarias, lo que les impide secretar el virus en cantidades y condiciones suficientes para que sea eficaz, dice

 
Periódico La Jornada
Viernes 10 de enero de 2014, p. 2

La rabia o hidrofobia es una enfermedad del sistema nervioso central causada por un virus perteneciente a la familia Rhabdoviridae, que afecta a los mamíferos tanto domésticos como silvestres, incluidos los seres humanos.

Ese virus se encuentra en la saliva de animales infectados y se inocula en las personas u otros animales susceptibles si los primeros les ocasionan una lesión por mordedura.

Entre la fauna no doméstica ocurre lo que se conoce como rabia silvestre, que está bajo un control constante con las campañas de prevención que realiza la Dirección General de Salud Animal de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación en el país.

Se basa en tres ejes: informar a la comunidad, sobre todo la ganadera, de las características y mecanismos de transmisión de la enfermedad; capacitar a personal para que vacune a animales susceptibles de contraerla y controlar la población de murciélagos hematófagos, indicó Raúl Vargas García, investigador del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Nacional Autónoma de México.

La creencia popular de que las ratas, los ratones y las ardillas pueden transmitir el virus de la rabia a los seres humanos es falsa. En primer lugar, si padecen rabia avanzada, los roedores cursan un cuadro paralítico, lo que hace imposible la transmisión del virus, pues no son capaces de tener la movilidad suficiente para agredir. Además, poseen glándulas salivales rudimentarias, lo que les impide secretar el virus en cantidades y condiciones de madurez suficientes para que la transmisión sea eficaz, afirmó.

En México se ha identificado a los murciélagos hematófagos (que se alimentan de sangre) como los transmisores más frecuentes. Lo hacen con facilidad. Muerden prácticamente a toda la fauna silvestre, como coyotes, serpientes, armadillos, venados y el ganado que vive en lugares cercanos a las selvas o donde los quirópteros tienen su nicho ecológico.

Animales silvestres como los mapaches, zorros y zorrillos representan un alto riesgo, porque son particularmente agresivos y su mordedura es profunda, con lo que pueden pasar, sin dificultad, el virus a los domésticos e, incluso, a los seres humanos.

Las zonas tropicales presentan mayor frecuencia de casos de rabia silvestre, porque allí se localizan los nichos ecológicos de los murciélagos (es decir, las áreas de lluvia constante con temperaturas de entre 26 y 30 grados centígrados, en promedio) y porque allí reside una mayor densidad de animales silvestres, incluidos los de ganado.

Chiapas es uno de los estados que registran más casos de rabia, debido a su ecosistema. Sin embargo, en otros como Tamaulipas, Hidalgo, San Luis Potosí y Yucatán, también ha habido brotes.

Se ha visto que si el ganado es desplazado hacia lugares alternativos para desarrollar la ganadería mixta, los murciélagos hematófagos lo siguen, pues constituye su principal fuente de alimentación.

Así, por ejemplo, hay casos de rabia paralítica bovina (o derriengue) transmitida por esos animales en el Valle del Mezquital, Hidalgo y en localidades de San Luis Potosí, comentó el investigador.

Además, las mordeduras de los murciélagos hematófagos impactan a la economía ganadera: los animales agredidos se hallan en permanente estrés, no se aprovecha bien el forraje y, por tanto, no lo transforman en la cantidad de carne deseada.

La piel pierde su valor económico porque se daña por las mordeduras y si los animales mueren, la pérdida se incrementa.

Según Vargas García, en 2012 murieron en el país por derriengue 935 cabezas y representaron, en números redondos, pérdidas económicas por más de 7 mil 500 millones de pesos (en este recuento no se consideró la pérdida de peso de los animales ni el daño a sus pieles, pues no están del todo documentados).

Recientemente se propuso en el Comité de Zoonosis del Consejo Técnico Consultivo Nacional de Sanidad Animal (Conasa) emprender un estudio más profundo del impacto del derriengue en la ganadería, en el que se incluya tanto el ocasionado en el peso como el daño a las pieles, lo que finalmente redundará en un mejor conocimiento de las pérdidas absolutas para los ganaderos y el país.

Hace años, Vargas García y sus colegas realizaron una investigación en Yucatán sobre la actividad de los murciélagos hematófagos, con la intención de entender su dinámica y su biología, lo que dio pauta para generar ciertas normas destinadas a lograr el control de la rabia silvestre, cuyo eje principal es la vacunación de las especies animales afectadas.