Directora General: Carmen Lira Saade
Director Fundador: Carlos Payán Velver
Domingo 5 de octubre de 2014 Num: 1022

Portada

Presentación

Bazar de asombros
Hugo Gutiérrez Vega

El alimento: la liga del
migrante con su origen

Felipe González

Tamales cotidianos
y de fiesta

Daniel Becerra, Ruth Juárez
y Aleyda Aguirre

Las alumbradas, una
tradición subvertida
por la violencia

José A. Campos

Lo único que me pueden quitar es la vida
María Bravo

Las panochas calentanas
Raquel Rodríguez Estrada

Un guisandero apreciado

Tierra Caliente:
identidad y arte culinario

Aleyda Aguirre Rodríguez

Sangre de iguana
para vivir más años

Las cifras de la guerra

La danza de los viejitos:
resistencia y dignidad

Margarita Godínez

Leer

Columnas:
Galería
Ricardo Guzmán Wolffer
Jornada Virtual
Naief Yehya
Artes Visuales
Germaine Gómez Haro
Bemol Sostenido
Alonso Arreola
Paso a Retirarme
Ana García Bergua
Cabezalcubo
Jorge Moch
Jornada de Poesía
Juan Domingo Argüelles
Cinexcusas
Luis Tovar


Directorio
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La Jornada Semanal

 

Juan Domingo Argüelles

¿Quiénes necesitan antologías?

La aparición del segundo volumen de la Antología general de la poesía mexicana (Océano/Sanborns, 2014), con el cual concluyo la muestra que inicié en 2012 con el primer tomo, y que comenzó como un proyecto de investigación y selección en 2008, me lleva a plantear la pregunta con la que encabezo estas líneas: ¿Quiénes necesitan antologías?

En todo momento, desde que fue un proyecto, hace ocho años, la idea de una Antología general de la poesía mexicana surgió de la necesidad de que los lectores contaran con un panorama amplio (tan amplio que fuera general y plural) de nuestra lírica, desde la época prehispánica hasta nuestros días. Y se denomina “antología general” (como las hay de la poesía española, de la inglesa, de la francesa, etcétera) porque existen muchas que, pese a su importancia, son muestras parciales, es decir fragmentarias: de la poesía prehispánica, de la poesía virreinal, de la neoclásica, de la poesía insurgente, de la romántica, de la modernista, del siglo XIX, del siglo XX, de la generación del cuarenta, de la generación del cincuenta, de los más jóvenes, etcétera. No hay, por cierto, contradicción alguna entre los términos “antología” y “general”: existen antologías generales de las poesías catalana, peruana, nicaragüense, puertorriqueña, etcétera, y antologías generales de diversas literaturas nacionales.

Necesitábamos la mexicana.

Desde el primer acuerdo con mis editores de Océano (Rogelio Villarreal Cueva y Guadalupe Ordaz), el planteamiento fue una antología de la poesía mexicana realmente incluyente: un panorama general en cuyas páginas los lectores comunes y los interesados en la poesía pudieran saber y apreciar el pasado y el presente de la lírica mexicana: desde las obras y los nombres más preclaros hasta las obras y los nombres de los más jóvenes. El propósito principal al llevar a cabo esta empresa que absorbió gratamente mi tiempo y mis afanes fue que la poesía mexicana regresara a los lectores comunes, ya que en las aulas, es decir en la escuela, se le ha expulsado groseramente.

¿Quiénes necesitan antologías? Quizá no los poetas o no tanto los poetas, que tienen los libros de poesía al alcance en sus libreros, incluso dedicados por sus autores, es decir por sus colegas a los cuales leen y releen o bien al menos conocen (sea que les gusten, les disgusten o les apasionen), pero sí los lectores comunes, el lector en general que no tiene fácil acceso a los libros de poesía que no se consiguen en el circuito comercial de librerías. Desde hace décadas, los lectores comunes no tienen un buen acceso a la poesía mexicana. El Fondo de Cultura Económica, el Conaculta, Era, Almadía, Ediciones sin Nombre y otras editoriales independientes publican poesía, pero los sellos editoriales más ubicuos únicamente publican novelas y libros coyunturales de no ficción.

Por ello, el propósito de la Antología general de la poesía mexicana fue reencontrar a los lectores perdidos. Recuerdo que en la casa paterna había antologías de poesía española e hispanoamericana. Ahí leí mis primeros poemas. Hoy las antologías de poesía prácticamente no existen en los hogares mexicanos. Desde el punto de vista de la divulgación y la distribución, fue afortunado que Sanborns participara en el proyecto y ello, además, contribuyera a disminuir el precio de venta al público. Muchos lectores estarán, quizá, leyendo por primera vez poesía contemporánea mexicana.

Lo importante es darle visibilidad a nuestra poesía. Si publicamos es porque queremos público, y el público que hasta ahora hemos tenido es, especialmente, el de los propios colegas. Pero el lector en general, el lector común, no debe quedar marginado del gozo de este género que ha producido obras tan extraordinarias en la literatura mexicana. Leernos entre nosotros ha hecho que la poesía perviva independientemente de que los tiempos no sean buenos para las ediciones de poesía. Pero esto no es suficiente. Debemos conseguir que la poesía regrese a la gente común y retorne a las aulas, de donde fue expulsada por la burocracia educativa. Un dato: el año pasado, de los 270 títulos del programa de adquisición para las Bibliotecas Escolares y de Aula, únicamente se seleccionaron dieciocho de poesía, la mayoría de ellos didácticos y no para todos los grados escolares de primaria y secundaria. Es como si se ignorara que la poesía es el género por excelencia de la concentración del idioma.

Ante este panorama, que existan dos grandes tomos de poesía mexicana para el lector común, tal vez permita que alguien quede atrapado, para siempre, entre sus páginas. ¿Quiénes necesitan antologías? Tal vez no los poetas, pero sin duda, sí, los lectores comunes.