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El Nobel pidió parar la guerra y la violencia

Por Ayotzinapa, aquí está Saramago, dice Pilar del Río

Llega a México el libro póstumo del narrador

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La violencia le parecía a José Saramago que era la vejación última de lo que entendemos por humanidad, es decir, el ser humano se distingue porque usa la razón, y la violencia es no usarla, es un instinto depredador enfermizo. La violencia es una enfermedad de la sociedad, dice PIlar del Río en la entrevista con La JornadaFoto Cristina Rodríguez
 
Periódico La Jornada
Martes 25 de noviembre de 2014, p. 4

El premio Nobel de Literatura lusitano José Saramago (Azinhaga, Portugal, 1922-Lanzarote, España, 2010) de nuevo se solidariza con los reclamos de justicia en México. En esta ocasión, su inagotable espíritu de lucha llega a través del libro Alabardas (editado por Alfaguara), la novela que no terminó de escribir porque lo sorprendió la muerte.

Sin embargo, no se trata de un texto inconcluso, sino de una invitación a una charla, a una reflexión, sobre todo, es un aldabonazo para los ciudadanos, pues de ellos es la responsabilidad de solucionar lo que está ocurriendo, si no ellos, ¿quiénes? Por eso, la publicación del libro, más que una novedad literaria, es también un hecho moral: un llamado para poner un alto a la guerra y a la violencia, dice Pilar del Río, traductora y compañera de vida de Saramago.

En entrevista con La Jornada, la también periodista recuerda que el escritor murió con la tristeza de saber que el mundo que dejaba no era mejor que el que encontró en 1922, “que ahora teníamos más medios para solucionar el hambre y la miseria, pero no los estábamos utilizando. La violencia le parecía que era la vejación última de lo que entendemos por humanidad, es decir, el ser humano se distingue porque usa la razón, y la violencia es no usarla, es un instinto depredador enfermizo. La violencia es una enfermedad de la sociedad.

“Eso es el Alabardas, de Saramago: que la violencia no se puede producir en la sociedad y en los estados si no hay connivencia de los ciudadanos.”

Del Río explica que se tardaron en publicar esas 30 páginas, en una edición especial ilustrada con grabados del Nobel alemán Günter Grass, las notas de trabajo de Saramago y los textos del periodista y escritor italiano Roberto Saviano, y del poeta y ensayista español Fernando Gómez Aguilera, “porque no queríamos hacer una simple operación comercial sino contextualizarlo. Nos parecía muy importante que lo que motivó a José a escribir este libro quedara muy claro, por eso los dibujos de Grass y la presencia de Saviano, y lo presentamos en el momento en el que se cumplen cien años de una de las guerras más terribles y desoladoras: la Primera Guerra Mundial.

“Saramago –continúa Pilar, siempre hablando en presente de las palabras del escritor que hoy suenan tan necesarias– no entiende que no se pueda uno levantar contra el estado de ignominia que algunos han diseñado para la mayoría de la población.”

Para el Nobel de Literatura, el mundo se encuentra ya en una tercera guerra mundial, “que se produce en muchos frentes a lo largo de todo el planeta, que usa armas, no necesariamente bombas atómicas, sino bombas económicas. Aumenta el número de ricos, hay más pobres. Eso ocurre en México y otros países donde se está descubriendo la corrupción.

“¿Qué es lo que tienen de bueno estos tiempos? Que los ciudadanos ya no lo aceptan. Los vemos ahora en este país donde suceden cosas que en otros tiempos los ciudadanos entendían como normales. El primer paso es ése, no aceptarlos como normales, el segundo, más difícil, es cambiarlo, pero en eso estamos en todo el mundo.

“Saramago habla del poder, pero también del trabajo y la responsabilidad. Alabardas es literatura, no es una novela terminada, pero es suficiente para saber que es el libro de los ciudadanos donde de pronto se descubre que puede haber un empoderamiento de la sociedad, la cual tendrá que salir a las calles, pero no sólo a protestar: están las propuestas, las nuevas organizaciones. Si los viejos moldes y modelos no sirven, tendrán que venir los nuevos.

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José decía que las obras completas de un autor nunca lo serán hasta que no se publiquen las cartas de los lectores. Por eso, Saramago aquí sigue, aquí está, porque sus lectores no somos indiferentes, dice Pilar del Río a La JornadaFoto Cristina Rodríguez

“Y no hay que tener miedo, también Saramago lo dijo en México: los males de estos tiempos son el miedo, la resignación y la indiferencia. En ningún momento él habla del poder, porque para él se trata de algo que está en otro lado, que probablemente hay que combatir, pero aquellos tres males son cosa de los ciudadanos y a ellos les corresponde vencerlos, porque los ciudadanos son inteligentes y poderosos.

“En alguna manifestación en Madrid, Saramago dijo: ‘En el mundo hay dos superpotencias, una es Estados Unidos, la otra eres tú. A lo mejor tenemos una serie de instrumentos que no estamos utilizando y que pondrían a temblar a los ‘poderosos’”.

Páginas dedicadas a México

Es por ello, insiste Pilar del Río, que Alabardas no es un libro inconcluso, “sin duda alguna, cada lector aportará lo que falta, porque en sí ya es un diálogo, de ahí los textos de Gómez Aguilera y de Saviano, ¿quién mejor que él para hablar de la violencia?, ahí tenemos las páginas que dedica a México, y las ilustraciones de Günter Grass, que no es un pacifista, es un antibelicista rotundo.

“Todo el libro es una propuesta de diálogo para la sociedad. Alabarda es un libro importante no sólo porque el hombre de 87 años que sabía que se iba a morir se puso a escribir, sino porque necesitaba dejar claro que podemos no ser inocentes, pero también habla de la banalidad del mal y de que si queremos, los ciudadanos podemos ser decisivos. Por eso, este libro llega a México cuando tenía que llegar, y eso también se lo tenemos que agradecer a Saramago.”

–¿Hay más inéditos?

–Hay una obra de teatro, pero aún no está traducida al español, pero de novela ya no hay más, lo cual no significa que sigamos encontrando rediciones de sus obras. No me extrañaría que en un futuro se publiquen los libros también con sus notas, dado que ya no está el autor para explicar sus obras.

“Él decía que lo mejor que tenía eran sus lectores, y no es una frase para engañar. Lo vi llorar cuando recibía cartas, por ejemplo de un hombre que le dijo que padecía cáncer, tenía poco tiempo de vida y pensaba que no le iba a dar tiempo de leer el próximo libro, pero había conseguido hacerlo.

“José decía que las obras completas de un autor nunca lo serán hasta que no se publiquen las cartas de los lectores. Por eso, Saramago aquí sigue, aquí está, porque sus lectores no somos indiferentes. A lo mejor no somos tantos como los que tiene un bestseller, pero tenemos una idea del mundo, leemos urgidos por algo.

Creo que los lectores de Saramago son personas que se han posicionado en la vida como quienes optan por la bondad.