Opinión
Ver día anteriorDomingo 1º de febrero de 2015Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Los recortes, con la firma de la casa
F

inalmente, haciendo de tripas corazón, el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, tuvo que comerse sus engaños, repetidos una y otra vez por él y su séquito, que le acompañó en la foto con caras de yo no fui, de que la baja del precio del petróleo no afectaría el presupuesto de 2015 porque se había garantizado el precio del barril a los supuestos presupuestales, y anunció los ajustes al gasto público. ¿Cuándo hablará para ajustar a la baja el PIB de 2015?

Y, efectivamente, blandiendo la tijera, señaló un recorte de 124 mil 300 millones de pesos, que, en números gruesos, afecta esencialmente al sector energético con casi 60 por ciento del total, lo que permite al gobierno, aprovechando la coyuntura, acelerar su propósito original, motivo fundamental de la reforma energética, de ir disminuyendo las capacidades de Pemex y CFE y reducirlos a su mínima expresión, en beneficio de las trasnacionales que invitarán a comerse lo que queda del pastel energético.

Siendo desde luego necesario el recorte, dadas las circunstancias, sin embargo, resulta absurdo que se afecten las inversiones productivas, particularmente en Pemex, cuando su producción declina y los proyectos del gas de lutitas y del mar profundo se convierten en no rentables por los bajos precios, y ponen en duda la venida de inversiones extranjeras, a las que se han comprometido; y éstas hay que sustituirlas por proyectos rentables, a costa de lo que Pemex sabe y puede hacer, pero que no hará con restricciones económicas.

Así se matan dos pájaros de un tiro: ofrecemos a los extranjeros más proyectos atractivos y aplicamos con más intensidad la poda a Pemex, pero no para que reverdezca, sino para acelerar su inanición.

Resulta absurdo, por otra parte, en las condiciones del precio del petróleo actuales, el insistir en la ronda uno de licitaciones petroleras. Rematar nuestros recursos no renovables ofreciendo mayores atractivos para que vengan las inversiones. ¿A quién se le ocurre vender nuestro petróleo, si vender puede considerarse sinónimo de regalar, cuando está más barato?

Se cancela el tren chino –no hay mal que por bien no venga–, no sólo –dijo Videgaray– por el alto costo de la inversión, sino para evitar las presiones presupuestales que su operación significaría en el futuro. ¿No lo habían pensado?

Pero, además, esta cancelación que llaman posposición de manera indefinida, pretenden –infructuosamente– que conduzca al olvido de los hechos de conflicto de interés que surgieron a luz con el fallo fallido y la coincidencia del conocimiento de las casas Blanca y de Malinalco.

¿No resultan además estos dos renglones –tren a Querétaro y ronda uno–- sospechosamente adecuados a recomendaciones recibidas en el reciente viaje a Washington del Presidente y su gabinete: Ni se detiene la venta de garaje del petróleo, ni se les da a los chinos el tren rápido?

Se mantiene firme, en cambio, el magno proyecto del aeropuerto. Disminuir recursos a Pemex y CFE e insistir en tener el tercer aeropuerto mejor del mundo, cuando se está moviendo a México no al tercero del mundo sino al tercer mundo, resulta un asunto de megalomanía, estulticia y… corrupción.

Se requiere un aeropuerto digno y operativo, sí, y en un lugar adecuado. No somos un país árabe petrolero para beneficio de los arquitectos caros del mundo, sino una nación con graves diferencias, que estas decisiones incrementan y perpetúan.

Dentro de la racionalidad de un recorte necesario, la irracionalidad de buena parte de sus partes, porque hemos tocado sólo algunos temas importantes, pero en un análisis de detalle, hay mucha tela de donde recortar.

En suma, lo propuesto: Recortes con la firma de la casa.

Twitter: @jimenezespriu