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Ver día anteriorSábado 23 de mayo de 2015Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Entre la rabia y los privilegios escoja su democracia: discriminación
U

no de los discursos memorables del entonces candidato Barack Obama en Filadefia fue producto de una viciosa campaña de la derecha extrema que buscaba vincularlo con elementos radicales en su pasado. Habló del tema que aún ahora divide a los estadunidenses, el racismo.

Esta controversia se inició por los discursos inflamatorios del reverendo Wright, el líder espiritual de la iglesia a la cual asistía regularmente Obama.

En su discurso Obama no niega desconocer el contenido radical de la pastoral de Wright ni sus opiniones controvertidas con las cuales, decía el entonces candidato, frecuentemente no coincidía. Pero al mismo tiempo argumenta que se mantuvo en esa iglesia y con ese pastor que lo introdujo a la fe cristiana y le enseñó la importancia de trabajar por el prójimo. Por ello señala que no puede totalmente marcar su diferencia con Wright o con la iglesia o para el caso, con la comunidad negra. Continúa señalando las muy diversas frustraciones de gente de color que aspira a hacer posible su sueño americano y no lo logra por falta de oportunidades, por agresiones raciales o por haber tomado caminos equivocados.

Esa rabia, señala, irrumpe en la cocina, alrededor de la mesa, y ocasionalmente en el púlpito y en las ceremonias religiosas. Pero precisamente porque conoce esas trayectorias de los negros no puede desmarcarse ni del reverendo Wright, ni de su iglesias ni de la historia de muchos negros.

Al mismo tiempo reconoce que la rabia y la frustración también se expresan en la comunidad blanca, y nuevamente es en las cocinas alrededor de la mesa –esta es una expresión literaria queriendo señalar los espacios ocultos, cerrados, privados de la gente– donde explota la frustración por las acciones afirmativas en favor de la comunidad negra, la falta de oportunidades para los obreros blancos.

Esos perjuicios raciales de ambos oscurecen lo que quiere enfatizar Obama. Su efecto es ocultar la raíz de esas frustraciones que se encuentra en mecanismos económicos que segregan a unos y otros.

Pero el punto clave del discurso reside en que confronta las verdaderas frustraciones racistas de segmentos de ambas comunidades cuando se expresan crudamente, de manera privada. Busca sin condenar, las verdades de los otros y las otras.

Lo anterior tiene que ver con la controversia suscitada por la conversación privada del presidente del INE, Lorenzo Córdova.

Expreso mi opinión: fue ilegal grabar una conversación privada y difundirla. Córdova es un excepcional funcionario público. Como nunca el árbitro electoral requiere de una alta dosis de autoridad moral. La democracia mexicana requiere legitimidad y confianza. Es obvio que no las tiene suficientemente, y estos episodios presumiblemente orquestados la perjudican.

Dicho lo anterior, pienso que en muchos sectores de las clases medias y de sus capas más ilustradas conviven el lenguaje políticamente correcto y las opiniones a veces crudas llenas de racismo, homofobia y/o misoginia. Somos una sociedad particularmente intolerante, y muchas veces la diferencia entre la sociedad en general y los sectores lustrados tiene que ver más con el disimulo que con auténticas convicciones tolerantes a la diversidad.

Basados en ese disimulo se montan también estructuras apócrifas que se adjudican representaciones falsas o falseadas de segmentos de la población: mujeres, jóvenes, indígenas, campesinos, obreros, y sobre todo ciudadanos. A veces no son cuestionadas en sus propósitos ni en su representación auténtica, por almas fariseas que matizan sus opiniones para evitar ser marcadas como racistas u homofóbicas o misóginas.

Este ambiente no ayuda, sino erosiona a la democracia. Es necesaria una discusión seria, sin prejuicios, pero también sin hipocresías sobre los amplios espacios donde opera la discriminación, tan consustancial a la sociedad y al Estado mexicano.

Twitter: gusto47

gustavogordillo.blogspot.com