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Las leyendas se sientan frente al piano
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Kleiber en una fotografía de Grabriela Brandenstein/DG
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Periódico La Jornada
Sábado 17 de octubre de 2015, p. a16

Hace tres semanas dimos a conocer una colección espléndida, nos detuvimos en un primer ejemplo de entre los tesoros que contiene: la grabación de las Seis Suites para Violonchelo Solo de Bach con Paul Tortelier (http://goo.gl/hJEp59) y prometimos volver con otros títulos de la serie.

Como evaluamos ya, la colección entera no tiene desperdicio. Se titula Original Jacket y rescata grabaciones históricas que eran inconseguibles. Se reproduce de manera facsimilar la portada original y todo su contenido, incluidas las notas al programa.

El siguiente ejemplo también es una joya y reúne a dos leyendas el pianista ruso Sviatoslav Richter (1915 - 1997), uno de los grandes de la historia, y para muchos el mejor, y el director de orquesta austriaco Carlos Kleiber (1930-2004), uno de los mayores de todas las eras y para muchos, el más grande.

El disco se titula Dvorak: Piano Concerto. Schubert: Wanderer Fantasy (Warner Classics).

Excéntrico, irrepetible, sorprendente, enigmático... los epítetos le han llovido y seguirán diluviando sobre Sviatoslav Richter, de quien este año se cumple su centenario de manera que este disco se lleva en México la primicia de la celebración.

A muchos sorprendió, por ejemplo, la veneración que rindió Richter al Concierto de Antonin Dvorak (1841-1904), autor que no suele catalogarse por los pianófilos como un compositor predilecto. De hecho, esa obra palidece en popularidad frente a, por ejemplo, el de Chaikovsky o los de Brahms.

Lo desdeñan los especialistas por una sencilla razón: no es concierto para un virtuoso, y como Sviatoslav Richter fue todo menos un cirquero, nos entrega una grabación fascinante, conmovedora, impetuosa. Plena de la más exquisita música.

Es en este tipo de obras donde se puede valorar la calidad más elevada de un intérprete: su condición poética.

Además de no estar destinado a pianistas habilidosos, este concierto es muy intrincado, riguroso, demandante. Y bello. La cadenza (fragmento donde el solista tiene libertad incluso de improvisar) del primer movimiento (marcada grandioso) es primus inter pares, como anota en el cuadernillo Bryce Morrison.

La conjunción de dos gigantes, Sviatoslav Richter y Carlos Kleiber, hacen zumbar las bocinas entre los ataques, fraseo, contundencia en el piano y el balance orquestal de escalofrío que logra Kleiber al frente de la Orquesta del Estado Bávaro. Se trata de una grabación histórica, altamente valorada por los conocedores más exquisitos. Y los argumentos están al oído.

La segunda obra del programa, que es lo mismo que decir: del disco, es una explosión de música rotunda: la Fantasía Wanderer de Franz Schubert (1797-1828), obra llena de rabia, tristeza, furor, desesperación, esperanza/desesperanza, nitroglicerina. Baste decir que su ejecución requiere que el intérprete llegue a su límite. Baste decir que Sviatoslav Richter no tiene límites. Y aún así rebasa todo límite. Baste decir en tres palabras la calidad de interpretación en esta obra maestra: es sencillamente brutal.

Es una obra-vendaval, una tormenta, un ciclón, una cadena de volcanes en explosión.

Fuerza, contundencia de sonido sin llegar al pianazo en otras manos. Velocidad de vértigo sin llegar al artificio o el ornamento. Impacto rotundo en el escucha: uno abre los ojos más y más mientras el oído capta sonidos increíbles.

Vaya manera de celebrar el centenario de Sviatoslav Richter. La disquera Warner Classics, insisto, se llevó todos los honores.

Veamos otro ejemplo de esta serie magnífica, Original Jacket: Michelangeli, es el título y refiere una grabación de antología que realizó el también legendario Arturo Benedetti Michelangeli (1920-1995), otro ser legendario y mitológico.

Una manera de valorar su interpretación del Concierto en Sol de Maurice Ravel puede ser así: he aquí el impresionismo en persona. Otra manera: pocas veces la música de Ravel luce tan desnuda. O bien: Cuando todos creíamos conocer de memoria esta partitura, he aquí que llega un pianista de capacidades descomunales y descorre velos, remueve capas, despoja de todo lugar común el panorama y nos pone enfrente un prodigio de música para piano y orquesta.

Acompañado de la Philharmonia Orchestra, que dirige Ettore Gracis, interpreta enseguida otra obra-vendaval, otro sistema telúrico de alcances alucinógenos: el Concierto 4 de Rachmaninnof, con pasajes increíbles que, podemos decirlo, muy pocos pianistas logran desentrañar: notas en martilleo, remolinos de sonido, velocidades fantásticas, fuerza telúrica. Uf, uno queda extenuado de placer.

La mejor alumna de Arturo Benedetti Michelangeli se llama Martha Argerich y protagoniza con Alexandre Rabinovitch el tercer disco de la serie Original Jacket que recomendaremos hoy: Mozart. Piano Concertos Nos. 10, 19 & 20.

Una manera de definir la elevada calidad y su carácter de obra maestra de interpretación consistiría en la siguiente observación: este disco está lleno de carcajadas.

Sí, de carcajadas. ¿Se acuerdan de la película Amadeus? ¿Se acuerdan de las carcajadas de Volfi durante casi toda la película? Pues aquí suenan durante casi todo el disco también. Esto quiere decir que tanto Milos Forman, el director del filme mencionado, como Martha Argerich y Alexandre Rabinovitch, los intérpretes en este disco a cuatro manos, sí conocen de verdad a Mozart y saben que Volfi gozó la vida y puso en música las bromas, chistoretes y carcajadas que poblaron su existencia.

Uno al escuchar las carcajadas en las notas de los dos pianos en este disco, definitivamente también suelta deliciosas carcajas.

Ah, que Volfi tan chingón.

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