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Distribuir 50 toneladas, reto del Banco de Alimentos de la Ceda

A la fecha entrega ocho diariamente a unas 85 organizaciones: Julio César Serna

Trabajadores aseguran que su labor es pesada, pero les deja satisfacciones

 
Periódico La Jornada
Viernes 22 de enero de 2016, p. 33

Diariamente, trabajadores recogen en las bodegas o reciben en el Banco de Alimentos de la Central de Abasto (Ceda) decenas de cajas con frutas, hortalizas y verduras que son donadas a 85 asociaciones, orfanatos, asilos y comedores que atienden a cerca de 20 mil niños, adultos mayores y madres solteras.

A 10 meses de iniciar operaciones en el mercado mayorista más grande de América Latina, el banco distribuye ocho toneladas diarias de productos y la meta es llegar este año a 50, al sumarse grandes industrias, como parte del programa Cero Desperdicios, y atender a más personas en situación vulnerable.

Se trata de evitar que los alimentos terminen en la basura y reducir su desperdicio, que de acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura es de 37 por ciento, desde la producción agrícola, manipulación, almacenamiento, procesamiento, distribución y consumo.

Julio César Serna, director del Fideicomiso de la Central de Abasto (Ficeda), destacó que con el apoyo de este organismo internacional se trabaja en la construcción de una política pública que evite todo desperdicio de alimentos en beneficio de los sectores que más lo necesitan.

Un primer paso es eliminar las malas prácticas de conservación y transporte de alimentos, a partir de una planeación rigurosa, con suficientes recursos e infraestructura, y acercarlos a los más pobres, con el apoyo del sector privado. Tan sólo en estos meses se han distribuido más de 500 toneladas.

Comentó que se reunirá con diputados locales para lograr que los 12 millones de pesos previstos para la ampliación de infraestructura del banco –que no tiene colores partidistas– y fueron eliminados en el presupuesto de 2016, se nos entreguen.

Esta ciudad no duerme

Desde las siete horas empiezan a llegar las primeras donaciones de alimentos al banco, ubicado a espaldas de la galería del arte de la Ceda, que hasta febrero pasado era una bodega, donde algunos de los 10 trabajadores fijos se encargan de bajarlas de los camiones, pesarlas y registrarlas.

Una vez ingresados oficialmente son colocados en bandas, donde empieza su selección y limpieza, para acomodarlos en taras (cajas de plástico) y apilarlas de manera equitativa para ser distribuidas entre las 85 organizaciones y asociaciones que han sido seleccionadas previamente.

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Minu Grajales, encargada del Banco de Alimentos de la Ceda, aseguró que todo lo que se dona es ciento por ciento apto para su consumoFoto Carlos Ramos Mamahua

Se trata, explicaron Elizabeth, Nancy y José Marcelino, de un trabajo pesado, porque hay que jalar, cargar y acomodar decenas de taras, pero nuestra recompensa es ver cómo la agrupación que le toca cada semana recibir la ayuda, se va contenta, ya que dará de comer a muchos que no tienen nada.

El horario de trabajo concluye a las 22 horas, pero se queda una guardia, porque esta ciudad no duerme y si vienen a entregarnos o llaman para que vayamos a alguna bodega a recoger la donación, estamos listos. Y cada día un mayor número de bodegueros se suma a esta tarea, señaló Minu Grajales, encargada del Banco de Alimentos.

Precisó que todo lo que se dona es ciento por ciento apto para su consumo; no hay una recuperación administrativa, a diferencia de otro banco del país, y por primera vez nos subimos a la parte en que tenemos un deducible de impuesto para hacerlo más atractivo.

Seguimos tocando puertas

El monto depende del producto, costo y calidad: alto, medio o bajo, y 70 por ciento de nuestros donantes lo solicita, siendo cada vez más quienes se suman a esta campaña, cuyo lema es: Si lo tiras, es basura; si lo donas, es ayuda, aunque algunos tienen problemas para hacerlo por cuestiones de protocolo de calidad, pero vamos bien y seguimos tocando puertas.

Las instituciones que más donaciones reciben son el DIF-DF y Desarrollo Integral para un México Competitivo, pero la chamba no termina con su entrega, sino que se da seguimiento para saber cuántas personas se benefician y con talleres de mejores prácticas para trabajar el producto, como mermelada o procesarlo para usarlo después, comentó.

Se trata de un programa que nos coloca a la vanguardia en el continente en materia de operación, que cuenta con el apoyo de voluntarios que ayudan en la selección y distribución de los alimentos; y de los mismos donantes que vigilan que sea totalmente transparente.