Opinión
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Los de abajo

Alto al machismo

S

abíamos que es un problema social grave, pero si necesitamos marchar para que se visibilice, es mayor de lo que pensamos. La urgencia de salir a las calles no es sólo para que exigir que no nos maten ni nos desaparezcan, sino también para que no nos violen, no nos acosen en la calle, no nos griten ni nos peguen en nuestras casas, no nos celen, no nos maltraten, nos paguen igual que a un hombre, podamos vestir como queramos, salgamos a las calles sin miedo, no nos sometan ni humillen por ser mujeres.

Los machismos en México están en las entrañas de la vida cotidiana. Lo imperceptible es lo peligroso. Acciones que nos parece una costumbre pero, como dice la campaña, no son normales.

No me echo para atrás y lo vuelvo a decir: a mí me gusta la mujer que sepa barrer, trapear, cocinar, que el día que yo tenga libre me prepare un caldito o me consienta, pero nunca dije que si no trapea no sirve, declara el cantante regional Julión Álvarez. Lo que dijo representa a millones de mexicanos y mexicanas. Se escucha torpe y arcaico, pero su pensamiento es más común y actual de lo que pensamos. Tanto como gritarle a una mujer mamacita, o que nos agredan sexualmente en el Metro, o que nos pongan un espejo debajo de la falda para vernos los calzones. Pero no es normal.

¿Qué hacemos ante esto?, se preguntaron organizaciones y colectivos feministas. Movilizarnos, juntarnos, no callarnos. Y así dieron forma a una gran red en la que participan más de 30 colectivos de la Ciudad de México y del estado de México. Se trata, en principio, de no callarse, de denunciar, de poner un alto a toda esencia machista en cualquier ámbito de nuestra vida.

Ante la creencia generalizada de que la mujer no es dueña de su cuerpo y de su vida. Ante los obstáculos que tenemos para ejercer los derechos que constitucionalmente nos corresponden. Ante la incompetencia del Estado y todos sus actores para garantizar las condiciones materiales e institucionales para que todas las mujeres tengamos una vida libre de violencia. Ante mil situaciones más, nosotras, por lo pronto, marchamos y rompemos el silencio. No nos callamos.

Denunciamos que siete mujeres son asesinadas diariamente. Que un millón 451 mil 520 mujeres son víctimas de violencia sexual cada año en el país. Y ahora también lo que en nuestra cotidianidad ocurre a cada una de nosotras. No somos una cifra. Y solas no podemos. Por eso, juntas, tomaremos las calles y dejaremos claro que la violencia hacia nosotras, lejos de erradicarse, se agrava. Y batallas que creíamos ganadas, tienen hoy un retroceso.

Lo bueno es que, para nosotras, luchar es una costumbre.

www.desinformemonos.org