Opinión
Ver día anteriorSábado 31 de diciembre de 2016Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Apuntes postsoviéticos

Balance

D

ifícil tarea la de intentar destacar lo más importante que ocurrió en la antigua Unión Soviética este año a punto de concluir. Muchos y muy variados son los hechos dignos de recordar, pero el número de caracteres que caben en esta columna impone una incompleta síntesis.

En Rusia –el país más grande en cuanto a población, superficie, economía y ejército–, 2016 transcurrió bajo el signo de mantenerse a flote con los ahorros de la bonanza petrolera y de convertir los éxitos de la campaña en Siria en tema principal de la agenda interna, así como de preparar el terreno, mediante la renovación de la Duma y el reajuste del equipo de operadores políticos del Kremlin, para la gran decisión que el presidente Vladimir Putin tomará el año venidero y será el tema de la siguiente entrega de estos apuntes.

El conflicto armado de la región de Donbás, en el este de Ucrania, siguió sin encontrar un arreglo político, ante la falta de voluntad para hacer concesiones por ambas partes, lo que se traduce en permanentes brotes de violencia.

Este año Armenia y Azerbaiyán, por su añeja controversia por el territorio de Nagorno-Karabaj, igual que Kirguizia y Uzbekistán, por la disputa del agua de la región, estuvieron al borde de la guerra, que logró evitarse con la mediación de Rusia, aunque las causas permanecen sin solución.

La muerte de Islam Karimov, líder inamovible de Uzbekistán durante 25 años, marcó ahí el fin de toda una época y, a la fecha, es pronto para aventurar qué rumbo tomará este país clave en Asia central, gobernado por Shavkat Mirsioyev, quien se impuso en la lucha por la sucesión y parece contar con el respaldo de los principales clanes.

En cambio, Bielorrusia, también gobernada por un mismo dirigente, Aleksandr Lukashenko, realizó gestos que liman las asperezas en su relación con Occidente, en detrimento de lo que era su tradicional alineación con Rusia, en un intento por obtener ventajas de ambos lados.

Las protestas masivas en Moldavia, país con un pie en Rumania y otro en Rusia, provocaron el enésimo cambio en la cúpula con un presidente, Igor Dodon, que aspira a fortalecer los nexos con Moscú y aún tendrá que lidiar con un parlamento y un primer ministro que pretenden lo contrario. Las elecciones en Georgia, país que sigue reclamando como suyos los territorios de Abjazia y Osetia del Sur cuya independencia de facto apoya Rusia, consolidaron al partido gobernante que continúa su política de aproximación hacia la OTAN.

Kazajstán, gobernado por su líder vitalicio, Nursultán Nazarbayev, volvió a sufrir ataques de signo islamita radical, que sirvieron de pretexto para una purga en la cúpula del poder. Turkmenistán y Tayikistán dieron nuevos pasos para perpetuar a sus caudillos, Kurbanguli Berdimujamedov y Emomal Rajmon, respectivamente, y junto con Kirguistán y Uzbekistán siguieron suministrando combatientes al llamado Estado Islámico y otros grupos similares en Siria e Irak.

El año próximo pinta igual de complicado en todo el espacio postsoviético.