Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 17 de septiembre de 2006 Num: 602


Portada
Presentación
Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA
Una biografía de Elena Garro
ELENA PONIATOWSKA
O Proust o nada
CARLOS ALFIERI
Entrevista a ALESSANDRO PIPERNO
Tras los párpados del sueño, Henry Roth: cien años
CARLOS PINEDA
Al vuelo
ROGELIO GUEDEA
Mentiras transparentes
FELIPE GARRIDO

Columnas:
Y Ahora Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

La Casa Sosegada
JAVIER SICILIA

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Tetraedro
JORGE MOCH


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

LAS ARTES SIN MUSA

JORGE MOCH
tumbaburro@yahoo.com

EL CISNECITO QUE SE CONVIRTIÓ EN PATOTE FEO (II Y ÚLTIMA)

Para el Excmo. Sr. Dn. Alonso Arreola,
venturoso compañero de viaje quincenal

De fenómeno inaugural, cuna del género híbrido que revolucionó el medio, emtiví es veinticinco años después de su lanzamiento mero vehículo publicitario para géneros musicales casi siempre faltos de propuestas genuinas, artistas o seudo artistas creados por firmas comerciales duchas en fabricar idolitos plásticos y modas con que la industria del entretenimiento pretende seguirse llenando el buche de dólares. Esto es visible en la programación para Latinoamérica. Donde antes el pop comercial y facilón se veía rígidamente acotado ahora vemos estrellitas de silicona zangoloteándose (si cantando o bailando es cosa difícil de decir, con tanta voz impostada, tanto truco, tanta realidad virtual), para ser además premiadas en los mtv Music Awards –nacidos en principio como una ácida parodia del Emmy, del Oscar, de toda esa parafernalia de autocomplacencia farandulesca estadunidense– en su versión, desde luego puestita aparte, "para latinos", como si Madonna no vendiera de este lado de la frontera. Emtiví es más Paulina Rubio que La Barranca o Fat Boy Slim, pues.

También se ve esa creación forzada de modas pasajeras falsamente apuntaladas con presuntas confecciones de identidad de género, de raza o de edad en el mercado rapero, al que emtiví dedica el canal mtv Jams. Basta ver un video para haberlos visto todos, o conocer un nombre de los "artistas" del hip hop para imaginar el resto, en su mayoría salidos de barrios broncos y pobres aunque sean gringos: Young Dro, Snoop Dog, Fifty Cent, T-Pain, J-Kwon, Big T, y así hacia un apostrofado infinito: pandilleros (o imitadores de pandilleros) que ostentan a cuadro autos costosos, la contraseña de su barrio –y superregionalizados, dentro del barrio su calle y en su calle su cuadra–, las nalgas de sus mujeres (presumiendo proverbial putería), sus insignias-medallones con incrustaciones de piedras preciosas que cuelgan del pescuezo usando gruesas cadenas de oro, sus perturbadoras dentaduras de metales preciosos, y la obscena gordura de fajos de dólares obtenidos –declaración siempre implícita, nunca abiertamente formulada– por medios ilícitos, presuntamente ligados al narcotráfico. Prácticamente ninguno de los videos de mtv Jams rescata la dignidad histórica del pueblo afroamericano, su dolorosa lucha social o su redención, porque se asume en escena que la brutalidad, la ostentación, el pandillerismo, el machismo pendejo comportan el cobro de una añeja factura social en un país construido sobre la base de la esclavitud y el racismo.

Otro aspecto chocante es la hipocresía que exhibe emtiví ante el lenguaje obsceno, verbal o corporal, invariablemente censurado, lo mismo que la desnudez. Hay canciones de hip hop a las que, con tanto corte de edición, el nombre del género les viene de perlas: parece que sus intérpretes tienen hipo. Es cierto, empero, que sus campañas contra el sida hacen de emtiví un buen vehículo de información oportuna entre los jóvenes.

Tal vez el principio de claudicación a sus principios contestatarios comenzó en emtiví a partir de un programa presuntamente iconoclasta, que ofrece mal velados chistes de discriminación de todo tipo (racial, sexual, al discapacitado): Jackass, conducido por Johny Knoxville. Es irritante ver a un enano en pañales flameándose con un encendedor las flatulencias que un corrillo de idiotas le celebran para después aventarlo calle abajo en un carrito de supermercado hasta que se estrella en un bote de basura, y que el mismo canal censure letras de canciones en el más puro espíritu neocon. ¿Qué sigue?, ¿si alguien en un video cuestiona la tesis retrógrada del creacionismo, lo sacan del aire?

Yo también, como Alonso Arreola, quisiera mi emtiví de regreso. Si no en cuanto a los videos de entonces, sí en lo que se refiere a los criterios de programación, y sobre todo a los de selección y oportunidad para enormes, fantásticos músicos puestos de lado por culpa del glamur comercial que exigen los mercachifles de las corporaciones, sus grafiquitas de computadora, sus reportes bursátiles. Pero mucho me temo, don Alonso, que nos vamos a quedar con las ganas, porque como ha dicho (y tanto he citado ya) Federico Arreola –¡cuántos Arreola de imperiosa ambladura!–, en nuestros tan modernos tiempos a las buenas intenciones se las lleva entre las pezuñas la eficiencia neoliberal.