Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 24 de septiembre de 2006 Num: 603


Portada
Presentación
Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA
Carlos Correas: escándalo, polémica y olvido
ALEJANDRO MICHELENA
Vlady: paradigma del artista
ROBERTO RÉBORA
La línea y el cuerpo
DAVID HUERTA
La sensualidad y la materia
MERCEDES ITURBE
Vlady: utopías y destierros
JAVIER WIMER
Fernando Pessoa, el idioma y otras ficciones
ALFREDO FRESSIA
Lo que el viento a Juárez
Mentiras transparentes
FELIPE GARRIDO

Columnas:
A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Teatro
NOÉ MORALES MUÑOZ

Jornada de Poesía
JUAN DOMINGO ARGÜELLES

(h)ojeadas:
Reseña de Gabriela Valenzuela Navarrete sobre Habitar a otro

Cuento
Reseña de Leo Mendoza sobre Relatos de la condición humana


Directorio
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ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR
a lapiz@hotmail.com

GRAMÁTICAS, GRAMÁTICAS (II de III)

En los catecismos de los evangelizadores españoles en América puede observarse una "técnica" para ordenar el discurso castellano y traducirlo a una lengua extranjera, ya por medio de expresiones aborígenes materializadas en alfabeto latino, ya por medio de una combinación de dibujos y textos no castellanos escritos con grafías latinas. Esto comprueba que la evolución de las gramáticas no ha dejado de estar matizada por la ideología, sin importar el grado de evolución de la lengua (aunque ya están probadas las relaciones entre la madurez lingüística de un pueblo y la aparición de un cuerpo "teórico", de carácter metalingüístico, que reflexione acerca de la lengua que lo produce), como ocurre con la aparición, casi simultánea, del Tesoro de la lengua española, de Covarrubias, y la Gramática, de Nebrija, a la que él consideró necesaria para agudizar una de las mejores "armas del Imperio", entonces en plena expansión, arma que no era sino la mismísima lengua que se había impuesto a las demás, dentro de la Península, para unificar el reino que Carlos v heredó de los Reyes Católicos. Debe agregarse el Diálogo de la lengua, de Juan de Valdés, de indudable inspiración erasmista, al cuerpo "didáctico" que España produjo en el momento de la expansión de su imperio: que tantas obras ilustres hayan aparecido en un lapso de tiempo relativamente corto, y que nociones de "arma" y "unificación" aparecieran relacionadas con la lengua castellana y el Imperio en las expresiones de Nebrija, no es algo accidental, sobre todo si se recuerda la dilatada guerra de reconquista emprendida en territorio español desde el siglo VII y concluida exitosamente con la caída de Granada en 1492, además de la progresiva expulsión de judíos y árabes, poco tiempo después: a la unificación territorial de España, siguieron la política, la religiosa y la lingüística, cobijadas bajo los eficaces y vigilantes mantos de la Corona y la Iglesia.

Una de las novedades españolas durante el Renacimiento sería la de su conciencia lingüística para dilatar el Imperio; que Grecia y Roma hayan tenido esa sospecha, queda sugerido en el hecho de que, por razones políticas y comerciales, el dialecto ateniense se impusiera en toda Grecia, lo cual formó la mal llamada koiné en la península griega; o en la prohibición del uso de la lengua griega en Roma, en el siglo ii aC, en la época de Catón, más por razones morales que políticas, pues Grecia nunca dejó de influir notablemente en Roma y ésta nunca tuvo un proyecto de expansión lingüística tan coherente como el demostrado por España durante los siglos XV y XVI. El hecho es que la visión "didáctica" de España resultó insólita en el panorama de las potencias políticas emergentes: la penetración lingüística del Imperio debía apoyarse en herramientas adecuadas que la ayudaran a enseñar sus peculiaridades a usuarios de otras lenguas, dominadas o en competencia con la Península, como el francés o el inglés; así, las relaciones entre gramática y didáctica se establecen a través del sustantivo "posesión": poseer la lengua dominante mediante estudios sistemáticos de la misma para tomar, penetrar y cooptar un territorio conquistado a través de la enseñanza adecuada y rápida de la nueva lengua, lo cual redundó en la hispanización lingüística de los territorios conquistados en menos de un siglo, fenómeno que deja entender la profundidad con que la reflexión metalingüística de los gramáticos apoyó la dispersión de la lengua castellana en un área geográfica desmesurada. No sé si valga la pena anotar que la mayoría de los esfuerzos didácticos de este momento de la lengua española no se dirigía a la capacitación de escribientes de la misma; en todo caso, después de algunos intentos utopistas como el de los franciscanos de la Santa Cruz de Tlatelolco, el esfuerzo se dirigió a enseñar la doctrina cristiana y a formar hispanohablantes.

En el siglo XVIII, el espectro del cambio lingüístico regresaría a Occidente por la vía de la ilegibilidad de los textos de los clásicos españoles de los siglos XV, XVI y XVII, cuyos giros y expresiones de lenguaje se estaban volviendo oscuros. Esta percepción coincidió con la aparición de un claro proyecto de normatividad, fruto, en castellano, de la irrupción de las academias durante el siglo XVIII; los gramáticos españoles de ese siglo, transidos por el fervor racionalista y neoclásico, quisieron fijar, pulir y dar esplendor a una lengua que ya comenzaba a sentirse extraña de Cervantes y Góngora.

(Continuará)