Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 24 de septiembre de 2006 Num: 603


Portada
Presentación
Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA
Carlos Correas: escándalo, polémica y olvido
ALEJANDRO MICHELENA
Vlady: paradigma del artista
ROBERTO RÉBORA
La línea y el cuerpo
DAVID HUERTA
La sensualidad y la materia
MERCEDES ITURBE
Vlady: utopías y destierros
JAVIER WIMER
Fernando Pessoa, el idioma y otras ficciones
ALFREDO FRESSIA
Lo que el viento a Juárez
Mentiras transparentes
FELIPE GARRIDO

Columnas:
A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Teatro
NOÉ MORALES MUÑOZ

Jornada de Poesía
JUAN DOMINGO ARGÜELLES

(h)ojeadas:
Reseña de Gabriela Valenzuela Navarrete sobre Habitar a otro

Cuento
Reseña de Leo Mendoza sobre Relatos de la condición humana


Directorio
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PALABRA DE DIOS (I DE II)

Es inevitable: salvo aquellos que no hayan visto Bajo California. El límite del tiempo, primer largometraje de Carlos Bolado, el resto estaremos pensando, así sea de soslayo, en aquella película cuando veamos Sólo Dios sabe. Tan odiosa como ineludible a veces, la comparación puede ser también fuente de muchas imprecisiones, sobre todo si se trata de dos filmes cuyos registros, procesos e intenciones no tienen que ver mucho uno con otro, como pareciera ser el caso.

Sin embargo, y considerando la fuerza extraordinaria de Bajo California…, difícilmente puede uno eludir algo que se convierte en un ejercicio de referencialidad casi automático, sobre todo si se aborda Sólo Dios sabe desde la perspectiva de la trayectoria profesional de su autor. Bajo ese método, cuya utilización es por cierto la más frecuentada cuando se quiere dar cuenta de la relevancia de este o aquel cineasta en particular, es posible identificar, entre varios aspectos más, las constantes, las diferencias, las preferencias, los recursos estilísticos, las influencias, las filias y las fobias del realizador. En contraparte, y sin remedio, en mayor o menor medida se deja de lado la valoración de lo intrínseco, lo más propio o más característico del nuevo filme.


Escena de Sólo Dios sabe

Apreciar una película en función de otra que la antecede, hace del ejercicio de apreciación algo equivalente a lo que sucedería si se comparan las cuentas de un collar; el primer acercamiento, el desarrollo del análisis y la valoración final se cifrarán de acuerdo con la dicotomía parecido/diferencia. Si a esto se añade que la calidad de la cuenta número uno, por decirlo así, fue considerada de manera unánime como muy alta, la cuenta número dos está prácticamente condenada a ser vista como si hubiera sido realizada con la intención de ser un parangón de su antecesora. En los hechos, y salvo la infrecuente posibilidad de hallarse frente a un segundo golpe de genio, esa película está condenada también a quedar debajo de aquella que la precedió.

EL PESO DE LOS GARBANZOS

Un caso relevante y prácticamente único en el que ocurrió estar frente a dos garbanzos de a libra es bien conocido: a pesar de ser nominalmente sólo la segunda parte de una película exitosa, El padrino II no le pide nada en absoluto a El padrino. El talento de Coppola fue suficiente para hacer de ellas sendas obras maestras.

Más cerca tanto geográfica como temporalmente, a este sumeteclas le tocó hablar con un Alejandro González Iñárritu recién llegado de Cannes, cuando Amores perros ocupaba buena parte de los titulares y la cinta, de inminente estreno, provocaba una expectativa pocas veces vista para una película mexicana. En ese contexto, González Iñárritu se manifestó consciente de que no sólo su siguiente película, sino todo su trabajo posterior, serían criticados en función de su opera prima, debido al éxito ya para entonces obtenido por ésta. Para decirlo con una expresión popular, había dejado bastante alto el listón y quedaba por ver si en sus siguientes trabajos alcanzaba nuevamente tales alturas.

Algo semejante debió pensar Carlos Bolado después de las carretadas de elogios y los múltiples premios, todos bien merecidos, que se llevó gracias a Bajo California… A diferencia del autor de 21 gramos, del citado Coppola o de cualquier otro cineasta que se haya propuesto trazar una consciente línea continua entre dos filmes consecutivos, ya sea en orden conceptual, anecdótico, temático o formal, Bolado pareciera haber optado por la vía contraria, es decir, aquella que tiene como principal cometido no repetirse, vale decir, no reciclar los recursos que alguna vez le funcionaron.

DE TODOS MODOS JUAN TE LLAMAS

Aunque inicialmente se hayan obtenido buenos resultados, el recurso a una fórmula de probada eficacia no suele garantizar que éstos se repitan en una posterior utilización. Es verdad que el cine comercial no hace otra cosa sino desmentir lo anterior, con su reiteración y su franco abuso de recetas fílmicas a partir de las cuales una cinta se parece a otra tanto como se parecen el PRI y el PAN en la actual Cámara de Diputados; es verdad que el cine creado en exclusiva para entretener se halla exactamente en las antípodas de la originalidad, pero en el cine de arte o de autor las reglas no son las mismas, por lo menos en cuanto hace a lo que se mencionó antes en torno a la trayectoria, el discurso fílmico y la propuesta de un cineasta en particular.

Así las cosas, y aun habiendo sido su opera prima, para Carlos Bolado hay un antes y un después de Bajo California…, que no fue una cinta de pretensiones comerciales, como sí pareciera serlo Sólo Dios sabe a juzgar por los principales elementos que la componen.

(Continuará.)