Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 20 de abril de 2008 Num: 685

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

¿Qué es la privatización?
Los “fierros” y la privatización
JORGE EDUARDO NAVARRETE
El agravio
LUIS JAVIER GARRIDO
Algunos de los retrocesos Petroleros
ANTONIO GERSHENSON
La renovación de PEMEX
ARNALDO CÓRDOVA
Inmoralidad de la privatización
LAURA ESQUIVEL
PEMEX y la justicia
CARLOS PELLICER LÓPEZ
El petróleo es la sangre de México
El corazón de la disputa
LORENZO MEYER
PEMEX
ELENA PONIATOWSKA
La privatización de PEMEX:
Un crimen de lesa Patria

GRUPO SUR
Calderón y su contrarreforma
LUIS LINARES ZAPATA

Conversando con Rafael Escalona
MARCO ANTONIO CAMPOS

Leer

Columnas:
Galería
RICARDO BADA

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Cabezalcubo
JORGE MOCH

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

VÍRGENES

MIGUEL BARBERENA


Chesil Beach,
Ian McEwan,
traducción de Jaime Zulaika,
Anagrama,
Barcelona, España, 2008.

Florence Ponting y Edward Mayhew, una pareja de recién casados que enfrenta con gran nerviosismo su noche de bodas, son los personajes centrales de Chesil Beach, la nueva novela del británico Ian McEwan. El año es 1962; el lugar, la suite matrimonial de un anticuado hotel en la playa Chesil, a orilla de la Mancha. McEwan presenta de entrada a los enamorados: “Eran jóvenes, instruidos y vírgenes aquella noche, la de su boda, y vivían en un tiempo en que la conversación sobre dificultades sexuales era claramente imposible.” Luego nos delecta paso a paso con la calamidad que se les viene encima. Ella es frígida en lo emocional y también en lo otro; él ha sido masturbador compulsivo, adepto a la eyaculación prematura. Dicha calamidad ocurre como tiene que ocurrir y Edward y Florence, torpes e inocentes, no saben cómo hacerle… McEwan lo concentra todo en la escena final, un nocturno sobre la pedregosa playa Chesil, Edward y Florence frente a frente en uno de esos momentos que cambian la vida para siempre y que nuestro autor sabe describir tan bien. Estos novios han llegado tarde a la liberación del sexo; son todavía victorianos en sus usos y costumbres… Estamos ante una novela hiperinglesa y, tal cual debe, la cuestión de “la clase” es de vital importancia. En esta parte McEwan se libra a un estudio del carácter de “lo inglés”, con su habitual sutileza y placer por el detalle. Una englishness que por momentos puede rozar el cliché… Todo separa a nuestra pareja, sus gustos y personalidades, la timidez y falta de experiencia, la clase social, la historia misma. McEwan narra su torpeza sexual con libidinosa lentitud y precisión morbosa. Aquí está la aproximación de Edward al pecho de su novia: “El día de octubre en que él vio por primera vez sus pechos desnudos precedió con mucha antelación al día en pudo tocarlos: el 19 de diciembre. Los besó en febrero, aunque no los pezones, que rozó con los labios una vez, en mayo.”

McEwan, exacto contemporáneo de Edward y Florence, mira hacia la Gran Bretaña de 1962. Se había perdido el imperio y pasado a la irrelevancia, pero en el reino había orden y progreso. La radio daba noticias de McMillan, Berlín, Suez, Los Beatles…

Chesil Beach es una nueva muestra de la maestría narrativa alcanzada por McEwan, quien cumple este año sesenta de edad. Se desvió en los últimos años hacia la novela larga - Expiación (Atonement, 2001) -, pero regresa indemne a la forma breve que conviene a su prosa de intensidad y precisión quirúrgica (Amor perdurable (Enduring love, 1998, por ejemplo). Es un escritor de gran rigor y formalismo, victoriano a su manera, y alejado de pretensiones experimentales. Cierto, en Chesil Beach se aleja de su lado más oscuro -valga como ejemplo el primer relato, “Hecho en casa” (“Homemade”), de su primer libro, Primer amor, últimos ritos (First love, last rites, 1975), una historia de “virginidad, coito, incesto y masturbación” que el narrador resuelve con la violación a su propia hermanita.



Pasajero de sombras,
Miguel Ángel Flores,
Calamus/INBA/Conaculta,
México, 2007.

Además de poeta y traductor, Flores ha sido diplomático, periodista, y funcionario público. Hace veintiocho años obtuvo el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes por Contrasuberna. Ha traducido al español la obra completa de Fernando Pessoa.



Los momentos del agua,
Jeanette L. Clariond,
Calamus/INBA/Conaculta,
México, 2007.

Originaria de Chihuahua, la autora de este poemario es también traductora. Ha publicado, entre otros, los volúmenes Amonites y Nombrar en vano; y en traducción A una hora incierta, de Primo Levi y Cuatro salmos, también entre otros. Es una de las poetas mexicanas más galardonadas.



Carta a mi madre
Aline Petterson,
Calamus/INBA/Conaculta,
México, 2007.

Nacida en Ciudad de México hace siete décadas, Petterson escribe lo mismo poesía, como es el caso de este volumen, que novela –La noche de las hormigas, Viajes paralelos–, así como literatura infantil, verbigracia El papalote y el nopal –premiado internacionalmente– y Las batallas de Andrés. Por su trayectoria literaria recibió, hace diez años en Colombia, el Premio Latinoamericano y del Caribe Gabriela Mistral.



Tramas,
Alicia García Verruga,
Calamus/INBA/Conaculta,
México, 2007.

Esta otra oriunda de Ciudad de México ha publicado, entre otros, los poemarios Fatigarse entre fantasmas y La anchura de la calle. Asimismo, ha escrito guión cinematográfico –En el aire—, lo mismo que obras de teatro –A destiempo y Doble cara, en colaboración con Antonio Serrano. Tramas es su más reciente colección de poemas.