Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 29 de junio de 2008 Num: 695

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Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Dos miradas hispanomexicanas
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR entrevista con CARLOS BLANCO AGUINAGA y FEDERICO PATÁN

Trece poetas grupo hispanomexicano

Criptografía cuántica: a prueba de espías
NORMA LETICIA ÁVILA JIMÉNEZ

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Columnas:
La Casa Sosegada
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El Mono de Alambre
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Alonso Arreola
alarreo@yahoo.com

Calamaro, lengua popular

Que mezcla de orgullo y de miedo,
ser el dedo que toca, el que te besa en la boca.
a. c.

Tres décadas ha que comenzó la carrera de este hombre nacido en Buenos Aires, Argentina, hace cuarenta y siete años. Andrés Calamaro Massel, su nombre de pila, el Salmón, su apodo. Larga carrera en la que se le ha podido escuchar solo, pero también con proyectos notables como Los Rodríguez, Los Abuelos de la Nada, Javier Calamaro y Ariel Rot. Total que es un hito, casi. Un pilar, casi. Una leyenda, casi. Y en esos casi se cumple la vitalidad que lo anima y solidifica pese a sus muchos defectos.

Cuenta la lengua popular –e internet–, que lo de Andresito fue darle al acordeón, al tambor, la guitarra y el piano desde los ocho años de edad. No lo dudamos, pues ponerle play al reproductor para que suene su obra es igual a abrir la llave de un flujo a veces claro, a ratos turbio, siempre rasposo, en el que se identifican con nitidez sus amores por el folclor, el rock y el pop de Sudamérica y del mundo.

Mal cantante –¡gracias Bob Dylan!–, Calamaro sabe convencer con cancioneros propios y ajenos gracias a la autoridad interpretativa que regala una vida en movimiento, a contracorriente: Voy siguiendo el ejemplo del salmón, sólo creo en mi propia dirección y en la verdad, dice en Mi bandera, grabada en El palacio de las flores (2006). Claro que, de un cliché necesario como ése, puede pasar a momentos refinados, sutiles: Qué más quisiera que pasar la vida entera como estudiante el día de la primavera, siempre viajando en un asiento de primera, el carpintero de tu balsa de madera, salido de Honestidad brutal (1999).

¿Más contrastes? “No estoy solo, de verdad. Me acompaña mi propia soledad” (El salmón), versus: “Nos hacen sentir como putos amos del rock n roll” (2 son multitud, en vivo en Barcelona). Y del amor al futbol: “Maradona no es una persona cualquiera, es un hombre pegado a una pelota de cuero. Tiene el don de tratar muy bien al balón, es un guerrero, es una Biblia junto al callejón” (Honestidad brutal), y de las canchas al bolero, pues Calamaro también ha grabado a Armando Manzanero (“Contigo aprendí”), y de ahí al más típico repertorio de las Américas, “Alfonsina y el mar”, ¿por qué no?

Productor además de cantautor y buscador de oro ajeno, son pocas las veces que, en disco, su voz aguardientosa ha logrado herir la pulcritud de acompañamientos en exceso ligeros, muchas veces pretenciosos, mal aconsejados por aliados venidos de otras latitudes y géneros. Ahí la importancia de verlo en vivo, de asistir al Auditorio Nacional en octubre próximo para sentir su brinco acuático en pleno rostro, cuando su poca creatividad melódica permite degustar los juegos infalibles de su lengua.

Porque no se puede pedir ni menos ni más a un cazador de tiburones (se dice que realizando tal actividad recibió su primera oferta como músico), a quien debutó en disco al tiempo que Argentina se hacía campeona del mundo (1978 el año), a quien fuera detenido por la policía dictatorial, a quien tocara progresivo y acariciara pianos para sectas religiosas. O, ¿se puede pedir menos a uno de los creadores de Soda Stereo, para acabar pronto y terminar de desconcertarnos? (Zeta Bosio y él formaron The Morgan, luego Proyecto Erecto, grupo al que más tarde entraría Gustavo Cerati ya sin la presencia de el Salmón, quien se puso a tocar con Los abuelos de la nada, de Miguel Abuelo).

Justo entonces, ya con el Abuelo, nace el compositor, el creador de Hotel Calamaro (producido por Charly García); ahí surge Andrés el productor de Los Fabulosos Cadillacs y Enanitos Verdes. Ahí aparece la leyenda; y la leyenda se va para España en 1990, al lado de Ariel Rot, para fundar Los Rodríguez y poderse pagar el pan de cada día. Tres años después surge “Sin documentos”, el mayor tema del Salmoncito. A finales de la década, ya como solista, graba en Estados Unidos y se establece en las alturas junto a Sabina y demás plumas de filo irregular, sinuoso. Desde ahí arriba experimenta, saca los treinta y siete temas de Honestidad brutal preparando terreno para la locura prolífica de El salmón, ¡álbum con 103 temas en cinco cd's!

A partir de entonces el hacer de Calamaro es imposible de contarse en un párrafo final. Sólo diremos que entre subes y bajas ha grabado y participado en numerosos discos y conciertos en España y Latinoamérica, muchos de los cuales tienen eje en su propia obra y figura. Del Luna Park al estadio de Obras pasando por el Gran Rex, entre rock y boleros, el Salmón se halla en ese punto cómodo que ofrece la congruencia a la salida del túnel. Premios Gardel, miles y miles de boletos vendidos, tributos como el doble Calamaro querido y un disco nuevo, La lengua popular, con el que vendrá a México, al frío pero eficiente Auditorio Nacional, el 13 de octubre, para entre gritos de “¡dale flaco!”, exclamar: “La culpa es un invento muy poco generoso, y el tiempo tremendo invento sabandija.”