Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 7 de junio de 2009 Num: 744

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

La fiesta de la cultura
ROMÁN GUBERN

Tiempo de transición
ALFONSO GUERRA

Joseph Renau: Yo no he esperado, he vivido
ESTHER ANDRADI

Columnas:
Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

Divorcio

No hace mucho que vi a don Carlos Monsiváis en la televisión decir, con esa prodigiosa capacidad suya para la síntesis incisiva, precisamente de la televisión, que es “el medio que hace de la irracionalidad y la enfermedad del olvido sus divisas”. Uno de los rasgos más notorios de la televisión del duopolio Televisa- tv Azteca es el constante, denodado divorcio entre su discurso, casi cualquier discurso: de entretenimiento, informativo, judiciario, documental, artístico, y la realidad de a pie. Desde luego, el principal ámbito donde la mentira se desnuda con la más inocente mirada que contraste pantalla y calle es la publicidad. La publicidad toda, pero particularmente en la televisión, no es más que una vasta, sofisticada colección de mentiras: la hamburguesa del anuncio no se parece nada a lo que me sirven en el restaurante. El coche del anuncio no falla como el que manejo (tal vez porque entre el que manejo y el que veo en la tele media la friolera de una década). Las casas que anuncia la inmobiliaria resultan ratoneras en las que no cabe el mueble del comedor, ni una cama sabrosamente grande, y en el encuadre publicitario no tienen grietas, ni goteras, ni parecen hechas, como acaba uno descubriendo después de embaucado, con materiales de tercera. El limpiador maravilla nomás embarra el cochambre en lugar de hacerlo desaparecer. Las cremas reductoras engordan. El descongestionador nasal no me libró de los mocos pero sí me disparó la presión arterial a la azotea. Las moscas se ríen del insecticida. Pinches publicistas.

Enferma de publicidad, la tele pinta de mentira cuanto toca: la política, sin duda el tópico más socorrido (y hasta hace poco el más pingüe negocio para las televisoras). Los anuncios de funcionarios y candidatos a puestos de elección popular; los de instituciones e iniciativas y programas de gobierno enderezan en los hechos desgarradores divorcios con sus respectivas realidades: la calaña política miente feliz, promete de colmillos para afuera, llora lágrimas de cocodrilo y ríe con hipocresía, porque a la inmensa mayoría de los politicastros el bienestar que cacarean, la bondad que prometen, la responsabilidad que preconizan, la honestidad que proclaman les vienen guangos, les valen sombrilla y hasta les estorban cuando por fin logran desparramarse en el puesto público. Las instituciones anuncian puentes y decomisos, nuevas clínicas y en la realidad las carreteras están llenas de baches, los puentes muchas veces se cayeron apenas inaugurados, los meros capos de la droga siguen tan campantes trasegando todo lo intrasegable y la atención hospitalaria en los hospitales del gobierno federal y muchos estatales –y de muestra los cientos o miles de testimonios de estos días recientes de pandemias e histeria– es, sin sutileza que valga, una mierda. Si se anuncia con bombo y flatulencia una nueva iniciativa gubernamental que potencie y revalore las virtudes turísticas de este atribulado patio trasero de Estados Unidos, ello se traducirá simplemente en que seguiremos bajándonos los chones de la dignidad delante de los springbreakers gringos que cada primavera “bajan” a México a hacer los desmanes que en su país no se permiten. En fin, una chulada a cuadro invariablemente decepciona en carne y hueso.

La mayoría de los programas y series de entretenimiento son, también, mentira, y no me refiero a la ficción narrativa visual propia de series de aventuras o de terror o policíacas o de humor, sino al simple hecho de que la mentira, la simulación, el maquillaje están en todo lo televisivo. Veo un programa de entrevistas del canal de música Ritmosón Latino, de Televisa por cable. El conductor, previa petición de un nutrido aplauso del que apenas se hacen eco el floor manager y dos o tres camarógrafos, anuncia la llegada tan esperada, qué prodigio, de la cantante Menganita. El diálogo es más o menos así:

–Menganita, qué gusto, qué honor tenerte aquí, ¡y estrenando disco!

–Gracias, Fulanito, estoy muy contenta, muchas gracias por la invitación…

–N'ombre, al contrario, gracias a ti. Fíjate que te extrañé muchísimo.

–Híjole, yo también te extrañé a ti, no sabes…

Se les ve mentir, falsos, hipócritas. El diálogo, en la sombra, se antoja como a esto:

–Fúts, qué güeva verte, pero ni modo.

–Gracias, güey, si no te lo ordena la disquera ni siquiera te enteras….

–Pus ya ni qué hacerle, si te metieron con calzador en el programa

–Carajo, yo con cólico y encima tener que aguantarte, baboso.

Y así, hasta una infinita náusea.