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Apartheid sanitario con cadeneros de discoteca; la policía del DF brilló por su ausencia

Dicta Herrerías medidas discriminatorias contra los más pobres en la Plaza México

Clausuró los tendidos generales

El coso, posible foco de infección en la Benito Juárez

Foto
Santiago Fausto durante la lidia de la temporada novilleril de la MéxicoFoto Notimex
 
Periódico La Jornada
Lunes 8 de junio de 2009, p. a46

Santiago Fausto triunfó durante la apertura de la primera temporada de festivales con picadores en la Monumental Plaza México, donde la empresa de Rafael Herrerías recibió ayer a su escaso pero fiel público con medidas discriminatorias: prohibió la venta de boletos de sol y sombra general, impidiendo la entrada de los aficionados de menores recursos, y colocó retenes de seguridad en la línea divisoria entre primer y segundo tendido de numerados, para evitar que se colaran a barreras quienes habían adquirido asientos baratos de la parte alta.

En los hechos, la medida se tomó para dejar afuera a los pobres y alejar a los gorrones de segundo tendido de la gente bonita que sí paga por estar más abajo: en los tiempos de la influenza porcina, Herrerías estableció un apartheid sanitario, con cadeneros uniformados al servicio de la discoteca Bulldog. La policía capitalina, dentro del embudo, brilló por su ausencia.

A cambio de tanto rigor, aunque los carteles anunciaban un encierro de imponentes novillos, por la puerta de toriles desfiló un sexteto de reses de desecho, que pesaban menos de 300 kilos en promedio, se caían de debilidad y sufrían evidentes y continuos ataques de diarrea. El Gobierno del Distrito Federal debería ordenar una inmediata inspección sanitaria en la plaza, ya que el estado físico de los animales lidiados ayer acusa la posible presencia de un foco de enfermedades infecciosas en el corazón de la delegación Benito Juárez.

¡Al toro, al toro!

Manuel González Montoyita (21 años) se quedó estupefacto al ver a su primer enemigo, Flamenco, de supuestos 371 kilos de peso, que se cayó infinidad veces y temblaba y parecía un mosquito empapado en insecticida. Aun así, Montoyita trató de torearlo, cosa menos que imposible. A Luis Manuel Pérez El Canelo (20 años y dos cornadas grandes), le tocó en desgracia Cometa, de dizque 402 kilos, que desde su salida se atornilló al piso y parecía una res disecada con rueditas bajo las pezuñas. Pérez lo banderilleó con menos elegancia que entusiasmo, y por necearle en la cara con la muleta fue víctima de un derrote que le destrozó la pernera derecha de la taleguilla.

El debutante Santiago Fausto (22, triunfador de la reciente feria de Querétaro), se encaró con Habano, otra bestia moribunda y suplicante, a la que, exponiéndose a ser cogido al adelantar la suerte con tal de que se le arrancara, le pegó un quite de ocho tafalleras que delataron su buena calidad artística. Todo empeoró en la segunda parte del festival cuando, también cayéndose y evacuando líquidos verdes, compareció Fuego, un viejo toro castaño, horrible, de 475 probables kilos, que acabó con las ilusiones de Montoyita. En seguida salió Nevado, cárdeno salpicado de 429, que resultó más alegre en los dos primeros tercios, pero que luego de ser banderilleado por El Canelo y meter bien la cabeza en una tanda de muleta por la derecha, se petrificó.

El último de la tarde se llamaba Soruyo, cárdeno de 435, y fue el mejor hasta que los estragos estomacales lo paralizaron.

Santiago Fausto evitó que lo sangraran y logró que mantuviera un mínimo de fuerza para recrearse con él y con la muleta. Después de probarlo por la derecha, descubrió que era un bombón por la izquierda y le corrió la mano, con suavidad y temple, muy elegante, muy clásico, prolongando el trasteo cinco minutos más de lo que manda el reglamento.

Pero el público ya se le había entregado y como mató de un eficaz estoconazo, brotaron aquí y allá los pañuelos y el juez Ricardo Balderas –que hasta ese momento también parecía disecado, ya que había tolerado tamaña sarta de atropellos– se puso de pie y le concedió la oreja.