Opinión
Ver día anteriorSábado 12 de septiembre de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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El peligroso negocio de la manipulación climática
Silvia Ribeiro*
L

a crisis climática se siente ya en todas partes: lluvias abundantes y fuera de temporada, mayores sequías y en lugares donde no las había, más inundaciones, fríos y calores extremos, huracanes más fuertes y en nuevas regiones, pérdida de cosechas, devastación de ecosistemas…

Ante esto, las empresas y gobiernos que han causado el cambio climático impulsan propuestas cada vez más peligrosas, como la geoingeniería o manipulación voluntaria del clima.

Casi ningún gobierno y ninguna industria se plantea cuestionar las causas del calentamiento global: la agricultura industrial (monocultivos agrícolas y de árboles, pecuaria intensiva, uso de agrotóxicos) y el cambio de uso de suelo (incluyendo deforestación, desertificación, crecimiento urbano y carreteras) son los principales factores de cambio climático, seguidos por la industria automovilística y las emisiones de gases de efecto invernadero de las grandes industrias. Pero las propuestas a la mesa son manipulaciones de mercado (como el comercio de carbono, que no reduce un ápice las emisiones pero es un jugoso negocio empresarial); aumentar los monocultivos agrícolas y de árboles (causas principales del cambio climático); y nuevos remedios tecnológicos que tampoco servirán, pero de nuevo, son un negocio para las empresas que tienen las patentes sobre ellos.

La nueva carta del poderoso lobby petrolero, químico y de agronegocios es la geoingeniería. Estas industrias, sus científicos de alquiler y el gobierno de Estados Unidos, se han dedicado por décadas a negar que había cambio climático y por tanto, no había necesidad de recortar las emisiones. Ahora cambiaron el discurso: reconocen que el cambio climático es grave y hay que tomar medidas. La solución perfecta, dicen, es la manipulación del clima a gran escala. No implica reducir emisiones, ni cambiar los patrones de producción y consumo –que ellos controlan y son su fuente de lucro–, sino hacer ingeniería climática para enfriar el planeta, que renovada todo el tiempo, permitirían incluso aumentar las emisiones, porque se contrarrestan sus eventuales efectos climáticos. La geoingeniería, agregan, es una solución de ganar-ganar: no hay que cambiar nada y crea nuevas fuentes de negocios.

Los gobiernos de las grandes potencias muestran creciente entusiasmo frente a la perspectiva de no tener que reducir emisiones en sus fuentes y ya han comenzado a desviar recursos públicos para investigación y experimentación en geoingeniería. El primero de septiembre, la Sociedad Real (Academia de Ciencias del Reino Unido) se sumó irresponsablemente al concierto, publicando un reporte elaborado por un selecto grupo de científicos –la mayoría involucrados en geoingeniería– que aunque reconoce que la geoingeniería implica riesgos, básicamente dice que se debe tomar en cuenta y aumentar su investigación y experimentación, como un plan B.

Entre las propuestas de geoingeniería está la fertilización de grandes áreas del océano con hierro o urea (para aumentar el plancton, absorber carbono y bajar la temperatura del mar), lanzar inmensas cantidades de compuestos sulfatados a la estratosfera creando una sombrilla que tape los rayos del sol, poner en órbita miles de millones de espejos que reflejen los rayos solares, manejar y desviar huracanes, inmensas plantaciones de cultivos y árboles transgénicos para agrocombustibles y sumideros de carbono, enormes parches de algas transgénicas en el mar para absorber carbono o el llamado biochar: quemar cantidades industriales de materia orgánica con pirólisis para enterrarlo en el suelo.

Cada propuesta en sí misma conlleva enormes riesgos y efectos secundarios. Por ejemplo, las partículas de sulfato en la estratosfera caerán luego a la tierra, produciendo la muerte prematura de 500 mil personas; la manipulación del mar por fertilización o algas transgénicas, desequilibra las cadenas alimentarias y los ecosistemas marinos; los espejos en el cielo serán manejados desde la Tierra –¿que tal si deciden usarlos como arma para freír algún país que moleste a quien controle las computadoras? ¿Dónde irá el reflejo si hay una caída del sistema?

Además, todas las propuestas comparten otros impactos. Para que el clima tome nota, necesariamente deben realizarse a megaescala. Una vez puestas en marcha, no hay vuelta atrás. El clima es un sistema global y no hay forma de predecir los impactos que la manipulación climática producirá en otras regiones: los países y poblaciones más vulnerables del Sur –que no contribuyen al caos climático, pero lo sufren– podrían recibir los peores impactos, con más descontrol climático y devastación de sus ecosistemas, afectando más a los pobres, campesinos, indígenas, pescadores artesanales. Tienen además un alto potencial de usos bélicos.

Los que proponen y tiene el dinero para financiar la geoingeniería son los que han causado el cambio climático. Aducen que esperar a un consenso global sobre el tema es demasiado lento para la gravedad de la crisis. ¿De dónde sacan autoridad moral para adjudicarse el control del termostato global?

Serán sólo experimentos dice la Sociedad Real. Salvo para quien sufra los impactos, que será una cruda realidad. La geoingeniería no solucionará nada y aumentará el problema. Lo único razonable es una prohibición global que impida a los nuevos señores del clima experimentar con todo y todos los demás.

*Investigadora del Grupo ETC