Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 18 de octubre de 2009 Num: 763

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Vicente Gandía:
jardín del tiempo

CHRISTIAN BARRAGÁN

Lezama Lima y el otro romanticismo
GUSTAVO OGARRIO

Paradiso
(fragmento del capítulo IX)

JOSÉ LEZAMA LIMA

El hombre al que sólo lo calman los clásicos
CARLOS LÓPEZ

Los collages de
Rosa Velasco

MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ

La cara artística de la Luna
NORMA ÁVILA JIMÉNEZ

“La Bamba” alemanista y la primera arpa jarocha
YENDI RAMOS

Leer

Columnas:
La Casa Sosegada
JAVIER SICILIA

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

Javier Sicilia

Roberto Ransom o la cifra del corazón

A su obra novelística y ensayística, Roberto Ransom acaba de agregar un nuevo libro: Árbol de corazones (Ediciones el Tucán de Virginia, 2009). Ni novela ni ensayo, este libro, compuesto a lo largo de diecisiete años (1991-2008), no sólo se mueve entre el diario y la reflexión poética, sino que guarda una característica que, propia de la condición bilingüe de Ransom, habla de la intimidad de su mirada: alterna, según el objeto que aborda, el español con el inglés. En este sentido, habría que decir que Árbol de corazones es un libro cuyo tema es el desciframiento de ciertas cosas que en una u otra lengua llegaron al alma del escritor.

Para Pitágoras la esencia de todas las cosas era de la naturaleza de los números, es decir de las cifras. Esas cifras, explicaba Luc Dietrich al hablar de la poesía de Lanza del Vasto, son “la marca distintiva de cada ser, su sitio y su medida en el todo”. Cada cosa, en ese sentido, es una cifra, un signo secreto, que se presenta a nuestra experiencia para ser descifrado y revelarnos algo de su profundidad.

Aunque el hombre moderno, trabajado por el pensamiento racionalista, ya no mira así, el poeta lo hace y al hacerlo nos permite descubrir algo de esa realidad ontológica que resplandece en las cosas. Ese desciframiento, sin embargo, no es objetivo, en el sentido en que lo pretende la ciencia, sino que implica un conocimiento por connaturalidad, es decir, por un entrelazamiento amoroso con la cosa. De allí no sólo el bilingüismo del libro, sino su propio título: todo, parece decirnos Ransom, está, en su aparente extrañeza, perfectamente imbricado en el corazón, cuya cifra es el amor que nos permite descifrar el mundo. Desde esa cifra, aquello que para nuestra mirada es una realidad extraña o un simple nombre que señala la cosa, se vuelve un conjunto de resonancias que nos revelan algo del tejido del cosmos y de sus profundos sentidos y correspondencias. Por ejemplo, en “Coyote”, texto con que abre Árbol de corazones, el animal, devastado por la modernidad, empobrecido hasta comer despojos, que termina estrellado contra el automóvil del propio poeta, se vuelve una postfiguración del sacrificio de Cristo: “Nos dejaste intactos –escribe Ransom– como para decir no teman y, más adelante, cruzaste de nuevo como dueño de la noche. Reconozco los sacrificios cuando los presencio.” O bien, cuando al hablar del nombre de su amada que, en la concepción hebraica guarda el sentido y el destino de quien lo porta, descubre en la palabra rosa la condición profunda de su mujer: “Piedras en arroyos secos que esconden voces y risas [...] Rojo más que rosa y más que rosa, niña, que en su silencio de capas vegetales calla habitaciones dolorosas donde se esconde y se asombra o se asoma y se asombra, aunque es más el sol .” O también, cuando al evocar, con un agudo sentido del humor, la profecía de los huesos secos de Ezequiel, Ransom descubre que Dios tejerá con ellos la arquitectura de la resurrección: un árbol cuyos frutos serán nuestros corazones que Cristo repartirá “como si partiera el pan”. Entonces, “se abrirá la puerta doble del templo y de la tumba, y para que podamos tomarlo [Dios] respirará por nuestras bocas”.

Nada, cuando se descifra desde el corazón y desde la clave cristiana, que es la fuente no sólo de la fe de Ransom sino de toda la tradición de Occidente, se presenta entonces como extraño, como ajeno, como una palabra arbitraria para, como lo pretende Saussure, nombrar lo que miramos, sino como algo profundamente próximo y familiar, como un decir que, como lo muestran las lenguas sagradas –pienso en el hebreo o en el sánscrito– y lo pretende la poesía, revela el significado, la esencia misma de la cosa nombrada y sus vínculos con nosotros. Así, Ransom, al descifrar desde su corazón, y desde sus dos lenguas maternas, el nombre, la cifra de cada una de las cosas y de los seres que habitan Árbol de corazones, las libera de su oscuridad y, al mostrarnos lo que su forma aparente ocultaba a nuestros ojos, no sólo nos reconcilia con ellas, sino nos hace participar de una comunión con el mundo.

Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-CM del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes de las asesinadas de Juárez, sacar a la Minera San Xavier del Cerro de San Pedro, liberar a los presos de Atenco y de la APPO, y hacer que Ulises Ruiz salga de Oaxaca.