Opinión
Ver día anteriorJueves 5 de noviembre de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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¿Por qué Bulnes?
E

n verdad, todos nos alegramos de que exista un certamen más para la dramaturgia mexicana que une a dos prestigiadas universidades como son la Autónoma Metropolitana y la de Guadalajara, otorgando a los ganadores del primer concurso, dedicado al teatro histórico, una sustanciosa cantidad de dinero, el montaje de la obra en el Teatro Casa de la Paz –que vive un nuevo florecimiento gracias a la inteligente gestión de Jaime Chabaud– y su publicación en la revista de la UAM. Todo ello hace de este premio uno de los más importantes y sin duda más codiciados en el futuro de todos los que alientan a los escritores teatrales mexicanos. Cabe añadir que la escenificación es de primer nivel, encargada a un director tan importante como es José Caballero, quien también fue miembro del jurado, con una excelente e imaginativa escenografía debida a Luis Manuel Aguilar Mosco, el buen vestuario que acostumbra diseñar Georgina Stepanenko y un amplio elenco encabezado por Sergio Cataño, Carlos Corona y Miguel Cooper. Desde el punto de vista del teatro, debemos estar de plácemes. Pero ¿por qué Bulnes?

Los que somos legos en cuestiones de historia conocemos a Francisco Bulnes sobre todo por El verdadero Juárez (y he de confesar, si el lector me permite hacer de esta colaboración una cuestión casi personal, que es el único libro suyo que he leído) aunque éste basta para ver en el ingeniero perteneciente al grupo de los científicos uno de los más despreciables ejemplos de conservadurismo y de brutal racismo, que denigra a Juárez dando como principal razón de sus fallas las taras morales de su raza entre otras lindezas. Entonces el pasmo crece, porque se le pretende mostrar como un ejemplo de valor y de encarnación de la dignidad de la conciencia, según consta en el programa de mano. Los autores de la obra no evaden el asunto de Juárez, que muestran al final aunque limado de sus más repugnantes asertos, como ruptura de la amistad con José Yves Limantour y con Justo Sierra. Este último replicó al libelo y fue uno de los que lo hicieron, entre otros Ricardo Flores Magón aunque desde diferente punto de vista, lo que muestra el amplio espectro de rechazo que suscitó y que no lo debe convertir en víctima ni mucho menos en ejemplo.

Los autores, el teatrista Alberto Lomnitz y su hermano, el antropólogo Claudio, centran la reivindicación de su protagonista en el ambiguo discurso que pronunció en la Segunda Convención del Partido Liberal, en que propuso la relección del anciano Porfirio Díaz no sin antes advertir que no existía democracia en el país por la debilidad del partido conservador, añadiendo que la nación tiene miedo –y lo tenía por las gavillas que todavía sentaban sus reales– por lo que se necesitaba una mano dura en la presidencia. No había grandes dosis de valor en sus palabras –como me confirmó una distinguida especialista en el tema a la que no cito porque fue una breve charla informal– que más bien recuerdan a los aduladores de Felipe Calderón en su guerra contra el narcotráfico. La represión del gobierno a los disidentes sería lo único equiparable entre Díaz y Calderón, porque aquél se supo rodear de personas muy inteligentes: sería una monstruosa barbaridad comparar a Josefina Vázquez Mota o Alonso Lujambio con Justo Sierra, por ejemplo.

No se entiende que se celebre a quien atacara con vehemencia a la Revolución en vísperas de su Centenario y a Juárez cuando la derecha religiosa gana cada vez más terreno, o a los indios que reivindican su razón de ser en toda Latinoamérica. No son culpables las dos universidades convocantes, porque la censura es lo más lejano al espíritu universitario, y no es el propósito de estas líneas que intentan manifestar mi pasmo porque la derechización del país llegue a los escenarios. Confieso que no he leído ni leo a Claudio Lomnitz porque la antropología es muy ajena a mi campo, pero conozco a Alberto y lo tengo por un excelente teatrista y un hombre de bien, como respeto a los jurados que también son calificadas personalidades de teatro, por lo que mi pregunta se mantiene: ¿Por qué Bulnes?