Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 29 de noviembre de 2009 Num: 769

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

La mente en papel
ADRIANA DEL MORAL

Contreras para muchos y Gloria para otros
SCHEHERAZADE OROZCO Y SERGIO GARCIA

Pájaro relojero: los clásicos centroamericanos
MIGUEL HUEZO MIXCO

Fernando González Gortázar: Premio América de Arquitectura 2009
ANGÉLICA ABELLEYRA

Poema
ISMAEL GARCÍA MARCELINO

Alexander von Humboldt: el viaje del pensamiento
ESTHER ANDRADI

Houellebecq:
el deterioro social

JORGE ALBERTO GUDIÑO HERNÁNDEZ

Leer

Columnas:
Galería
ALEJANDRO MICHELENA

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

Ilustración de Huidobro

La mente en papel

Adriana del Moral

Hasta el siglo XX el máximo nivel de intimidad mental que retrató la literatura reproducía la estructura del habla. Así Hamlet sigue en sus monólogos los mismos esquemas gramaticales y sintácticos que pudiera usar con Claudio, Ofelia, su madre o cualquier otro, incluido el fantasma de su padre.

Durante el siglo pasado un progresivo aguzamiento de la percepción reveló a ciertos escritores que en nuestra conciencia hay otras formas de lenguaje más difíciles de registrar que las orales: pensamientos que corren como un río furioso, transgrediendo la sintaxis, o como riachuelos plateados que se multiplican en densas redes. Ese mirar nuevo sobre la materia que construye físicamente a la literatura daría también nuevas formas de experimentación.

EL MONÓLOGO INTERNO Y EL FLUJO DE CONCIENCIA 

Pues la lengua se enfrenta en el sentido más genuino con un dominio
infinito y sin fronteras, el conjunto de todo lo pensable.
Eso le obliga a hacer un uso infinito de medios finitos

Wilhelm von Humboldt

El llamado monólogo interno, o más específicamente, flujo de conciencia, busca plasmar el carácter huidizo y fragmentario del pensamiento. Su génesis se debe no sólo a una nueva relación con el lenguaje, sino también a las ideas psicológicas de William James, la filosofía de Henri Bergson (quien ahonda en la caracterización kantiana del tiempo como sentido interno, y distingue entre el tiempo externo cronológico y el interno psicológico) y del concepto de libre asociación de ideas postulado por Sigmund Freud.

En autores como James Joyce, Virginia Woolf, William Faulkner y Thomas Mann, la lógica de las acciones pierde su interés en beneficio de otros factores, como la diversidad de los planos de conciencia, lo que genera una nueva discontinuidad narrativa.

Este flujo aparentemente anárquico que evoca la interioridad del individuo perderá la semejanza con el discurso de Hamlet: el monólogo de Molly Bloom, que cierra el Ulises, será completamente distinto al del príncipe danés, tanto en su construcción como en su ruptura de la sintaxis.

En Carlota en Weimar, homenaje definitivo de Thomas Mann a Goethe, se patentizan ideas poéticas, sentimientos, un “dictar fluyente y dramático de la voz sonora y querida, este conjurar la palabra y la forma” que busca hacer el retrato intelectual desde dentro del genio romántico.

Como Joyce, otros autores recurrirán a las oraciones largas que saltan de un pensamiento hacia otro y evitarán los signos de puntuación para mantener la asociación entre las ideas. Para que su escritura diga cosas más allá de las palabras, los escritores omitirán verbos u otros elementos conectores y harán interrupciones súbitas o repeticiones dubitativas del discurso.

Los mundos internos retratados en la literatura conllevarán así una carga expresa de deseos reprimidos y pensamientos que los personajes no pueden expresar oralmente o en acciones, pero que alcanzan su realización en el puro lenguaje.

Todos los autores que hasta aquí he mencionado, a excepción de Mann, escribieron en lengua inglesa. En alemán podemos encontrar un ejemplo en Arthur Schnitzler, quien en El teniente Gustl ahonda en las dudas y contradicciones que experimenta un militar, hasta llegar al cuestionamiento radical de su sentido del honor.

EL PESO ESPECÍFICO DE UNA LENGUA

Si hasta ahora hemos hablado de esta forma en lenguas germánicas occidentales, cabe preguntar, ¿qué caminos se siguieron en el español al intentar reproducir los más íntimos recovecos de la conciencia?

Nuestra lengua tiene una estructura sintáctica radicalmente distinta al inglés y al alemán, con formas de construir que pueden prestarse a mucha más ambigüedad. Como plantea Wilhelm von Humboldt, es el uso de la lengua el que nos revela el cúmulo de formas de relación con la realidad que establecen quienes la hablan.

Esta forma de relación con la realidad más interna se revelará y se mostrará con carácter y formas propias en español gracias a autores como Macedonio Fernández, quien busca los límites del lenguaje y explora a la vez lo más primigenio de la conciencia. El arte será para Fernández lo que sólo con la palabra escrita se puede obtener, lo que anula a la vez el tiempo, el espacio y la continuidad del “yo”.

Buena parte de la obra de Juan Goytisolo también revela esta ruptura con las formas clásicas de la novela encarcelada en la peripecia y los personajes. Su libro Señas de identidad no es un discurso sobre la asfixia; es la transmisión misma de esta experiencia al hacer patente el egoísmo caduco que su protagonista, Álvaro Mendiola, encuentra en la Barcelona de postguerra y sus habitantes.

En México han empleado el monólogo interior autores tan diversos como Joaquín Armando Chacón (sobre todo en Los largos días), Fernando del Paso (el monólogo de la ex emperatriz Carlota que ha cruzado la frontera de la razón en Noticias del Imperio) o Rosario Castellanos (pensemos en relatos como “Lección de cocina”).

Pero la reproducción literaria del llamado flujo de conciencia que altera la construcción de las oraciones y la estructura narrativa ha sido intentado por menos autores. Algunas obras de Sergio Pitol, entre ellas El vals de Mefisto, acometen la tarea de dar cuenta del mundo sin límites del pensamiento a través de los medios finitos del lenguaje.

Gustavo Sáinz en Obsesivos días circulares plasma los estados anímicos y mentales de su protagonista mediante repeticiones y juegos del lenguaje. Por su parte, Esther Seligson recurre al monólogo interno en varias obras (como en Sed de mar, libro de soliloquios que van hilando una Odisea alternativa). Pero el flujo de conciencia alcanza una densidad mayor en Otros son los sueños, libro de la autora donde se pierden las fronteras entre la realidad lineal y la sucesión del recuerdo.

Por su parte, Carlos Monsiváis reproduce los devaneos del pensamiento en numerosos ensayos, donde una sucesión de referencias y apuntes críticos reproducen la construcción de un argumento más que exponerlo de forma tradicional.

Estos autores tan diversos han perseguido un mismo fin, que también trasciende las fronteras del idioma: no tanto narrar lo que pasa al interior de las personas, sino reproducirlo en papel, permitir a los lectores mirarlo, hacerlo ocurrir ante sus ojos.