Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 29 de noviembre de 2009 Num: 769

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

La mente en papel
ADRIANA DEL MORAL

Contreras para muchos y Gloria para otros
SCHEHERAZADE OROZCO Y SERGIO GARCIA

Pájaro relojero: los clásicos centroamericanos
MIGUEL HUEZO MIXCO

Fernando González Gortázar: Premio América de Arquitectura 2009
ANGÉLICA ABELLEYRA

Poema
ISMAEL GARCÍA MARCELINO

Alexander von Humboldt: el viaje del pensamiento
ESTHER ANDRADI

Houellebecq:
el deterioro social

JORGE ALBERTO GUDIÑO HERNÁNDEZ

Leer

Columnas:
Galería
ALEJANDRO MICHELENA

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

Carnita fresca (III Y ÚLTIMA)

A final de cuentas, lo mismo para la cartelera que habitualmente padecemos que para un festival de cine o una muestra, como es el caso, lo que más importa es lo que puede verse, y en la quincuagésima primera Muestra Internacional de Cine de la Cineteca hay tela de donde cortar o, para hacernos eco de la imagen con la que dieron identidad a esta edición, carnita fresca para degustar.

LAS MEXICANAS

Como es costumbre, la Muestra incluye al menos una película producida en México. En este caso tocó el turno a dos: Parque Vía (2008), dirigida por Enrique Rivero. No exenta de polémica, esta cinta ha recogido buen número de premios: el año pasado, dos en Locarno, dos del FICCO en Ciudad de México, dos en Valdivia, el de mejor ópera prima en Huelva, una mención especial en San Sebastián, el de mejor película en el Festival des 3 Continents en Nantes, el Coral cubano de ópera prima y uno más en India. Este año ganó el premio Ingmar Bergman al mejor debut internacional en Göteborg, así como una mención especial en Oslo. Con Parque Vía parece cumplirse algo que, al menos en este país, va convirtiéndose sin prisa pero sin pausa en una máxima: película que gana muchos premios, película que nadie ha visto antes de que se los gane y que probablemente no verá tampoco después. ¿La causa? Que los criterios de un jurado y los de un distribuidor son, por lo regular, diametralmente opuestos. Bien pocos han de ser quienes, atareados en lides como las de un distribuidor fílmico, le apuesten por la exhibición masiva, promocionada y bien atendida de una película cuyo personaje principal es un hombre maduro, solitario, más que taciturno, que apenas pronuncia las palabras mínimamente indispensables para comunicarse con el resto de la humanidad; que trabaja como jardinero/reparador/cuidador de tiempo completo en una casa donde hace una década no vive nadie; que de tanto en tanto recibe la visita furtiva –casi se diría “conyugal” en el sentido carcelario del término– de una prostituta conocida suya con quien no gasta de más en nada, sean palabras, miradas o cualquier tipo de atención; y que un día se topa de bruces con aquello que siempre estaba a punto de suceder pero nunca sucedía: que la casa se ha vendido. La reacción de Beto, que así llaman todos al imperturbable, impenetrable, insondable personaje magníficamente interpretado por un desconocido de nombre Nolberto Coria, es todo menos predecible, de lo cual aquí no se dirá una sola palabra porque es tanto como aniquilar buena parte del sentido de la historia. La otra parte, más sustanciosa, compleja y llena de recovecos en opinión de este juntapalabras, prácticamente pareciera no suceder, pese a que la vemos correr ante nuestros ojos: es Beto en la casa, haciendo lo que hace, callando lo que calla, etcétera, sin más; es decir, sin adornos conceptuales, sin artificiales o artificiosos subibajas dramáticos, tal y como se le presentan la cotidianidad y la vida misma a más de uno. Desde luego, es impensable que una historia como ésta cupiera en el formato convencional de presentación elemental de personajes, exposición tremendista del conflicto, irrupción ídem del clímax, todo ello aderezado con un diseño sonoro pegador, una que otra trampilla editora, una fotografía recoleta y de más supuestos sinecuanones made in Hollywoo. Precisamente por no hacerle el juego a lo anterior, así como por funcionar tan eficazmente como alegoría/radiografía del entorno y los actos exasperantemente monótonos a los que millones en el mundo están sometidos, es por lo que Parque Vía gana montones de premios, aunque no la vayan a ver montones de personas.


Escena de Parque Vía

Otro operaprimista, Rigoberto Perezcano, acaba de obtener el premio al mejor director por Norteado (2009), la otra cinta mexicana incluida en la Muestra de la Cineteca. Con todo y ser, formalmente hablando, mucho más convencional que Parque Vía, la propuesta del otrora documentalista nacido en Oaxaca no carece de la chispa, la frescura y la levedad que, mínimamente, cabe exigirle a un primer trabajo de ficción. Acá se trata de la historia de Andrés, un hombre joven que quiere cruzar la frontera con Estados Unidos en busca de lo mismo que tantos: no morirse de hambre en su propia tierra. Ingenioso, Perezcano resolvió no concentrarse en los avatares que un intento de tal naturaleza suele implicar –dificultades de toda laya, riesgo de la vida misma al cruzar por el desierto, deportación tras deportación, etecé–, sino en aquello que también suele ocurrir aunque poco se le vea: la estadía, forzosa en un principio, luego posiblemente inclusive gozosa, de quienes como Andrés hallan maneras y motivos para quedarse en la orilla, o tal vez valga más decir en medio.