Opinión
Ver día anteriorJueves 25 de febrero de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Ciudad Perdida

Patada en el rostro de los demócratas de mercado

Fidelidad sólo a la lista de paga

¿P

ara qué sirve un partido político?

La pregunta, que en otro contexto de la realidad política del país hubiera resultado hasta estúpida por partir de un estudiante de Ciencias Políticas, impregnó aquella reunión de un cariz trágico que llenó de silencios el afán discursivo de quienes pretendían explicar los beneficios para la democracia de las alianzas imposibles. ¿De qué sirven, para qué sirven los partidos políticos ahora?

Fue como una patada en pleno rostro de los acólitos de la democracia de mercado, a quienes, en abandono de los principios ideológicos, les da lo mismo mezclar aceite y agua porque su interés ya no está en obtener el poder trasformador, sino en perpetuarse en alguna nómina que les permita una vida cómoda, porque al fin descubrieron que el poder, el verdadero poder, hace rato que ya no radica en los escenarios del debate ideológico, y que está asentado en el logo de las grandes firmas que manipulan los horizontes de muchos que, decepcionados, o confundidos, se niegan a ver más allá de los intereses particulares.

No hay truco en el asunto: las alianzas entre contrarios, camino que decidieron tomar quienes ya no respetan sus principios, destrozan el perfil del pensamiento que, se supone, defiende cada instituto político, y cuando eso ya no existe, ¿qué queda en esos organismos sino un mercado de puestos y carteras en el que cada uno es fiel solamente a la lista de paga?

Así, la ruta que deberían imponer las razones que, inscritas en los principios básicos de cada partido, le dieron sentido a su creación, se bifurcan en caminos errados que pierden o confunden la meta. Los líderes no cumplen con aquello que juraron defender, y sus candidatos en muchas ocasiones ni enterados están de los principios partidistas; se trepan en plataformas políticas totalmente alejadas de sus propios pensamientos.

Hasta no hace mucho, la gente buscaba la identificación de sus aspiraciones con las instituciones políticas, suponía que cada organización y sus candidatos estarían obligados a respetar la idea que los atrajo. Ahora la militancia y el convencimiento no son más que un mito, y se vota por cualquier mequetrefe que traiciona o se enloda por bien de la democracia, siempre y cuando su imagen comercial sea óptima.

Esa verdad, comprobada en cuando menos los dos sexenios recientes, es la que alimentó la pregunta, porque a fin de cuentas, si las candidaturas y los gobernantes ya no deben estar atados a los principios ideológicos, de qué sirven los partidos políticos.

Tal vez lo más sano, lo más honesto, sería que cada uno de los aspirantes nos dijera, en tal caso, a qué marca representa, como los locutores de la televisión que usan la marca de su estación en la ropa con la que se presentan frente a la cámaras. Así, los votantes sabrían de antemano qué producto están comprando. Tal vez cada uno podría lucir una leyenda que nos dijera qué tan dañinos son para la salud pública, y así, en lugar de reclamar a una corte electoral, podríamos poner nuestra queja en la Procuraduría Federal del Consumidor, total, desde ya, entre la Profeco y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación no existen grandes diferencias.

Por eso la pregunta del estudiante produjo silencios, y aún ahora flota inmarcesible: ¿de qué sirven ahora los partidos políticos?

De pasadita

Cada vez es más irritante soportar el caos que producen los transportistas de refrescos y cervezas en las calles de la ciudad. Algún pacto, por decirlo de alguna manera, tienen con las autoridades que ni en broma se atreven a aplicar una multa o a corregir la actitud de los camioneros que se estacionan donde mejor les da la gana.

Es tal la situación, que si un particular deja su vehículo apenas colindando con una zona prohibida llega la grúa y lo arrastra, pero si uno de los camiones que mencionamos ocupa todo el lugar donde no debe estacionarse, nadie dice nada. ¿A qué se debe tal diferencia? ¿Hay alguna instrucción por parte de la autoridad para no molestar a esos transportistas? Que alguien nos diga qué pasa.