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La más reciente cinta de María Novaro se estrena este viernes en salas del Distrito Federal

Las buenas hierbas, película dolorosa para apreciar la vida

Con más de 25 años de cineasta, la directora considera que es de las pocas profesiones aventureras que permiten tener muchas vidas

En octubre se exhibirá en el festival de Roma

Foto
Cosmo González, Úrsula Pruneda y Ofelia Medina, en una escena de Las buenas hierbas
Tania Molina Ramírez
 
Periódico La Jornada
Martes 17 de agosto de 2010, p. 8

Dalia (Úrsula Pruneda) está en una sala de cine, antes de que comience la cinta, y escucha una conversación detrás de ella, entre dos hombres jóvenes, como de su edad. Queda claro que uno de ellos, Gabo (Gabino Rodríguez), no sabe cómo seducir mujeres. Ella voltea, los ve y anota su número telefónico en un papelito. Gabo, ¿verdad? Llámame, si quieres. Yo soy Dalia.

La escena es de Las buenas hierbas (2009), dirigida por María Novaro, en la cual actúan Ana Ofelia Murguía, Ofelia Medina y Pruneda. A lo largo de su carrera, Novaro siempre ha buscado contar las cosas desde el punto de vista de una mujer mexicana.

Ella recordó, en entrevista, que hace mucho, cuando apenas estaba en su primer largometraje, escuchó una charla de Carlos Monsiváis, en la cual decía que en el cine mexicano las mujeres siempre eran vistas, pero no se veía la realidad desde ellas. Fue como si se abriera el cielo. Entendí que eso era lo que buscaba. En cada película cuento algo de eso, desde diversas situaciones.

Novaro, como Dalia en la cinta, siempre lleva cuadernos para apuntar sus sueños, o frases que escucha o se le ocurren; una vez oyó una conversación como la de Gabo. Yo estoy en los zapatos de Dalia, siguió.

Un cine muy personal

Novaro, nacida en 1951, hace un cine muy personal, ya sea porque la historia le es muy cercana, o porque se involucra tanto que se vuelve parte de su vida personal, como en el caso de la célebre cinta Danzón, para la cual se metió de lleno en el mundo de ese baile.

“Lo vivo. A estas alturas –ya son más de 25 años de dedicarme a esto– disfruto mucho todas las partes del proceso; además estoy en todo: escribo, investigo, filmo, edito. El placer que me da meterme en el mundo que elegí para contar la historia es muy grande. Es de las pocas profesiones aventureras que permiten tener muchas vidas. También me hubiera gustado ser exploradora de lugares extremos, pero el cine es un poco eso: te metes en ese mundo, lo vives de manera plena... creo que es la mejor manera para contarlo. Es un placer haber sido danzonera, habérmela pasado en la frontera, haber hecho el viaje por el país, recorrer las huellas del terremoto en la ciudad, haber andado con los tiangueros.”

En esta ocasión se metió de lleno en el mundo de las relaciones entre madre e hija, del Alzheimer y de la etnobotánica.

Novaro, a quien le fascina el mundo de las plantas, una vez vio un documental sobre la etnobotánica mexicana Edelmira Linares, quien trabaja en el Jardín Botánico de la Universidad Nacional Autónoma de México. Eso me hubiera gustado hacer, pensó. La buscó y le dijo que quería ser su amiga. El laboratorio del Jardín Botánico que sale en la cinta es donde trabaja el marido de Linares.

En Las buenas hierbas, multipremiada en el pasado Festival Internacional de Cine de Guadalajara (entre ellos actriz, fotografía, guión y el del público), a la madre de Dalia, Lala (Ofelia Medina), le diagnostican Alzheimer. A la madre de Novaro le detectaron esa enfermedad antes de cumplir 60 años (o sea, casi la misma edad que tiene la cineasta). Novaro tenía 20 y pico.

El apunte social o político

Dalia trabaja en una radio comunitaria que informa sobre luchas sociales, como Atenco. Nunca resisto la tentación de dar algún apuntito de reflexión social o política, dijo Novaro.

El sentimiento que permea Danzón es la nostalgia; en Lola es el dolor que sintió la ciudad tras el terremoto. Para Novaro, en Las buenas hierbas permea la vida significada por la muerte. La vida es nosotros, cada bichito, la flor que se abre, el vientecito. Esto tan elemental es la neta del planeta que quiero contar. Intenté contar la vida en algo muy sencillo.

Siguió: Cuando vi la película con público por primera vez, en Guadalajara, tenía miedo, es una cinta dolorosa, pero esperaba que se hubiera logrado su propósito de “tocar algo muy doloroso, pero para salir y apreciar la vida. La mayor alegría que me dio Guadalajara fue sentir en la vibra del público y sus comentarios que hice la película que pretendía. Salían con ojos rojos, pero salían con abrazos. Úrsula y yo bromeamos acerca de la cantidad de abrazos”.

En una presentación en Fresnillo, Zacatecas, un señor de aspecto ranchero le dijo, durante el diálogo posterior: su película, me lastimó el final En pocas palabras, Novaro le dijo que quería contar la eutanasia como acto de amor. Así lo contó, y muy bien; se lo agradezco, respondió el señor. Novaro se plantea la cinta en este contexto: En un México tan mojigato, que está recuperando tantas cosas de la moralina más asquerosa, cómo abrir otra vez el espíritu humano.

En octubre será el estreno fuera de México, en el festival de Roma. Las buenas hierbas (www.lasbuenashierbas.com) se estrena el viernes 20, en 12 salas de la Cineteca Nacional, Cine Lido, Cinemex, Cinepolis, Cinemark y Cinemanía.