Opinión
Ver día anteriorLunes 23 de enero de 2012Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Toros
Torería de Castella
S

ebastián Castella se encontró con su primer enemigo de la ganadería de San Isidro que fue un bombón rebosante de vitalidad e incluso con cierta casta. Sentidos avivados en este torito ávido de gozar las infinitas delicias del toreo lleno de arte del torero francés. El toro de preciosa lámina y divina cornamenta, más que planear giraba despaciosamente al capote y la muleta de este Sebastián que tiene un sitio envidiable, una torería sin desperdicio y nos hizo disfrutar el toreo clásico. Faena en que los pases tenían un remate preciso que determinaba el mando de su tela.

La casta del torito no sobrada era ideal para el torero en el perfumado ambiente del ruedo que cargado de las huellas toreras ofrecía el aroma tonificante que los toros bravos han dejado con su bravura. El toro tenía una armonía en su embestida que le prestó el mágico ambiente que ofrece la naturaleza en el Bajío y deleitaba con su pasar acariciador. Todo convidaba al placer de torear y Sebastián Castella no lo desaprovechó. No podía desaprovechar un torillo de largo recorrido, fijo y que transmitía su raza al tendido.

Unos pases por alto para meter al torillo en la muleta y venga a torear. Todo a la distancia justa dándole al torillo sus pausas. Sebastián meció el toreo y acabó con el cuadro. Destacó para el que escribe una tanda de pases naturales, muy natural el torero en que citó con el medio cuerpo y paró, templó y mandó en forma preciosista. Lo mismo en los pases con la derecha que hacía el final de la faena con unos adornos que incluían el pase que creara Pepe Luis Vázquez del pescado (la muleta enrollada y al llegar el toro a la jurisdicción ésta se despliega en un lance bellísimo) que llevaban una hechicería que se quedó en lo profundo del ruedo peleando la supremacía del torero. Supremacía que hoy disputa con Enrique Ponce, José Tomás recuperándose de la cornada que sufrió en Aguascalientes, El Juli y Manzanares. Esperamos que muy pronto en esta disputa se encuentren los jóvenes valores de la torería mexicana.

Octavio García El Payo salió dispuesto a darle la batalla, más las ganas de triunfar lo saboteaban. Eso sí ejecutó una estocada volapié espléndida que le mereció una oreja que un grupito de reventadores le protestó. Regaló un toro que prometía las bondades del toro de Castella pero una desafortunada machincuepa le cambió literalmente la lidia. El resto de la corrida de San Isidro manejable pero sin transmisión desdibujó al Zapata.