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Los cronopios se aman con scat
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Periódico La Jornada
Sábado 20 de abril de 2013, p. a16

Babududídidídidi tss badabididi tuitui dubidubi chubidubi yeaaahh

Scat

Los dioses del Olimpo inventaron el scat.

Cuenta la leyenda que estaba un día Satchmo en el estudio de grabación cuando, devorado por la pasión, hizo un paso de danza con su trompeta de oro: la trayectoria dibujó en el aire un listón dorado que golpeó, por accidente, el atril donde estaba la partitura que leía el músico quien, aparentemente desarmado, libró la batalla a mano limpia:

dubidubi yeah tss dabadaba didídididi oh yeah tss uh ps dubidubi yeeaaahh

Había nacido el scat, ese lenguaje secreto a voces, esa caligrafía del habla cantada, ese passpartout del alma, esa forma de canto sin palabras que cambió el rumbo de la música que se conocía como jazz para incorporar el scat como una de las bellas artes. El invento es anónimo pero se le atribuye por igual a Satchmo que a Ella Fitzgerald quienes no necesitaron patentarlo ni registrarlo ante juez alguno porque, como toda creación colectiva, surgida del seno de la comunidad de artistas, fueron ellos quienes la llevaron a sus formas más sublimes.

Amerita, por su tan gentil y contagiosa bonhomía, mencionar aquí la versión mexicana del scat, que practicó con garbo y donosura ese gran artista en blanco y negro que respondió durante una era de esplendor al tintinoso nombre de Tin Tan.

dudududu dubidubi chubidubi du

Y ya entrados en gastos podemos afirmar, cronopiamente, que el gran inventor del scat en literatura es Julio, el enormísimo cronopio Cortázar, y denominó glíglico al glorioso invento:

Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia...

Y dijimos afirmar cronopiamente porque habrá quien diga que eso no es scat y tendrá razón, lo que sucede es que los cronopios, a diferencia de los famas y los esperanzas, no saben de compartimentos estancos y les gusta el placer de la libertad del lenguaje, que se desgrana, eso sí, con el scat:

iadubudupu dabadaba du piitirirititi ti tss yeaahh

Y todo esto viene a colación porque en los estantes de novedades discográficas esplende un álbum triple que es toda una celebración no solamente del scat sino de todas las maravillas del mundo cuando canta: Ella & Louis DELUXE. The Anthology Collection.

La novedad consiste en que se trata de una remasterización, bajo el sistema de 24 bits, de tesoros extraídos de los archivos sonoros donde reposan las sesiones más celebradas que reunieron a estos colosos de la música del mundo: Ella Fitzgerald, quien por cierto cumplía años en abril, el 25 de abril (1917-1996) y Louis Armstrong (1901-1971), teniendo en cuenta que grabaron oficialmente tres discos monumentales, con la banda de jazz de Oscar Peterson, pero tuvieron otras muchas colaboraciones en pareja, que reúne este tesoro de tres discos que ni son tristes ni tragaban trigo en un traste sino que, por el contrario, convocan la alegría, la sonrisa, el encanto del scat:

yeeess dubidubi diririrí da tss yeesss

La mayoría de las piezas aquí antologadas pertenecen al formato balada, de ritmo lento y cadencioso. Hay aportaciones solistas de cada uno de los dos y momentos de éxtasis unísona.

La vie en rose, Moonlight in Vermont, How high the moon, A foggy day, C’est si bon, Night and day, April in Paris, What a wonderful world, A fine romance...

Porter, Hammerstein, Perkins, Herman, Gershwin...

Las canciones, los autores, los músicos, los cantantes. La trompeta de Satchmo, la magia de Ella, la única, la insuperable Fitzgerald. Tu, yo, una botella de vino, media luz.

Chubidubi yeesssss!!!

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