Opinión
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Ciudad Perdida

Los pobres pagan el pato

Triquiñuelas electorales

Programas sociales y compra de votos

L

a pregunta obligada tendría que ser: ¿Por qué debe ser la población, desde luego la más carente de recursos económicos, la que se vea afectada por la suspensión de los programas sociales que otorga el gobierno, debido a las triquiñuelas que inventan los políticos para acarrearse votos?

Es decir, el recurso político de no entregar beneficios a las familias de menos recursos en época de elecciones ha sido totalmente rebasado. Y es que de nada sirve que esos programas no se ejerzan mientras se deja la puerta abierta a que los políticos en campaña traten de comprar voluntades con la entrega de bienes que sustituyen a los que da el gobierno, porque al fin de cuentas lo que no se evita es el mercadeo, y de muchas formas se afecta a los más necesitados.

En general, a los partidos políticos no les mella en su hacienda cada una de las multas que se les imponen; son bastantes los recursos que se les otorgan y en muchas ocasiones lanzan sus campañas y después de que fueron recibidas por la gente, la autoridad les endereza el camino con alguna o muchas multas que no impidieron que la propaganda tuviera el éxito que se pronosticó cuando se lanzó.

Lo mismo sucede con las despensas, los tinacos, las tarjetas de crédito o cualquiera de las muchas dádivas con las que los políticos en campaña suponen que van a comprar el voto de los beneficiarios. Y lo malo, mientras todo eso pasa, es que los gobiernos ya no entregan las ayudas que la gente sí necesita.

Y es que cuando se retiran esos apoyos a los grupos de gente a quienes van dirigidos, los vuelven más vulnerables, y por tanto mucho más susceptibles a los engaños de los candidatos. Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno de la ciudad de México, ha decidido que los programas que ya son leyes, como la ayuda a los adultos mayores, no se frenarán, porque no sería justo para ellos quedarse sin el recurso que se les entrega mes con mes.

Además, y esto debería quedar claro, la gente siempre culpará a los gobiernos y no a las campañas de que éste o aquel programa se suspenda. Para quienes reciben las ayudas, son los gobiernos los que no cumplen, y los hombres y mujeres en campaña se convierten en los salvadores de esa población necesitada, lo que no parece muy justo.

Sí, todos sabemos por qué se declaran las vedas electorales, pero ya se debería tener alguna solución a algo que cada vez se complica más. Tal vez una elección se gane por una despensa, pero lo más seguro es que se pierda por la falta de programas de apoyo que son parte del quehacer de los gobiernos.

El mensaje de buen gobierno es el de resultados con buena orientación y de auxilio a quienes más necesitan. No son los gobiernos ni los partidos políticos, y menos aún los candidatos los que sufren esa veda. Los verdaderamente afectados son los hombres y mujeres pobres que requieren de los programas de gobierno para resolver problemas a veces hasta de subsistencia.

Por eso, el que Miguel Ángel Mancera no tema frenar los programas de apoyo en la ciudad de México, es, sin duda, la mejor forma de no olvidar a los gobernados ni aún en tiempos de cólera, como los que ahora vivimos.

De pasadita

Por ahí del mediodía, en los corredores del edificio que alberga al Gobierno del Distrito Federal se dijo que en las oficinas del jefe del Ejecutivo se estaba efectuando una reunión, al parecer con carácter de urgente, a la que fueron convocados el secretario de Gobierno, Héctor Serrano, y el consejero jurídico, José Ramón Amieva, a quienes mandó llamar el propio Miguel Ángel Mancera. No se supo a ciencia cierta cuál fue el motivo de la junta, pero hubo quien apostó a que la bronca iba por el lado de la línea 12 del Metro, y otros más decían que por aquellos pasillos olía a asfalto. ¿Qué será?