Directora General: Carmen Lira Saade
Director Fundador: Carlos Payán Velver
Suplemento Cultural de La Jornada
Domingo 3 de mayo de 2015 Num: 1052

Portada

Presentación

Bazar de asombros
Hugo Gutiérrez Vega

En memoria de Ramón Martínez Ocaranza
Evodio Escalante

FINI: Festival
Internacional
de la Imagen

Wendy Selene Pérez

Un encuentro entre
la idea y la imagen

Francisco García Noriega

Helena Araújo, una
Scherezada en el trópico

Esther Andradi

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Columnas:
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La Jornada Semanal

 

Entre la sociología y la literatura

Hugo José Suárez


Las trampas de la belleza,
Sergio Zermeño,
Miguel Angel Porrúa,
México, 2014.

Sergio Zermeño hace una invitación a recorrer algunos de los episodios de su vida en la novela Las trampas de la belleza. Hasta ahora, el sociólogo había escrito preponderantemente libros académicos resultado de largas investigaciones, en los que se ocupa de los movimientos sociales, la política y la sociedad. Uno de sus textos, quizás el de mayor impacto, es México, una democracia utópica (17 mil ejemplares vendidos) que analiza el movimiento del ‘68, publicado por primera vez en 1978 por Siglo XXI y prologado por Carlos Monsiváis. En las décadas subsecuentes, el autor se ocupó de varios temas alrededor de las tensiones y desafíos de la sociedad, o de las formas entreveradas de esa modernidad desigual que nos toca vivir desde este lado del planeta en títulos como La sociedad derrotada (1996),  La desmodernidad mexicana (2005) y Reconstruir a México en el Siglo XXI (2010).

En esta ocasión no es la sociología la que está en juego, o lo está de otra manera; no hay autores, método, tesis, bibliografía: se trata de una novela sobre Roberto, el protagonista principal que es, en una parte de la obra, el propio Zermeño.

El libro cuenta la historia de un becario mexicano que en los años sesenta del siglo pasado se desplaza a París para realizar sus estudios doctorales. Se narran las tensiones propias de aquel que deja su patria –y en ella su esposa, su cultura, sus lazos intelectuales y familiares– y se encuentra con un mundo ajeno y fascinante que le ofrece nuevos amores y experiencias. Se describe el encuentro con una hermosa mujer, las clases con su maestro Alain Touraine, la publicación de su primer libro en México. Pero ninguna vida es fácil, se debe lidiar con las pertenencias y las distancias, con las dificultades económicas, con el azar que a veces juega en contra y otras a favor, con los sentimientos que nos invaden por dentro, con la falta de trabajo y la incertidumbre respecto del futuro. La tensión se resume en una expresión a media novela: “Qué indisciplinado es el destino. ¿Por qué dos empleos al mismo tiempo, dos hijas al mismo tiempo, dos mujeres al mismo tiempo?”

Lo más interesante es que de la mano del hilo principal –que es cómo el estudiante administra la ausencia y búsqueda de la hija que no conoce, y los vaivenes del proyecto de vida en pareja–, se pueden leer momentos fundamentales de la realidad política y social mexicana y latinoamericana. Zermeño escribe sobre el golpe de Estado en Chile en 1973, el movimiento del ‘68, la transición política en México, el zapatismo, la huelga de la UNAM. A la vez, reflexiona sobre “una profesión endemoniadamente compleja como la sociología” que se empeña en el “desmantelamiento de nuestras certezas”. Por ejemplo, observa cómo los líderes que en un momento levantaron las banderas de los movimientos sociales más progresistas, a la vuelta de los años terminan ejerciendo el poder con las mismas mañas de siempre: “El poder es como una culebra, según el punto que enfoques será la dirección que encuentres, pero eso sí, acorralado, su ponzoña es mortal.” Critica las dirigencias que “si no mueren en la batalla, siempre ganan a la larga”; hay un “código de conducta entre los dirigentes” que permite la gobernabilidad donde “las mieles del poder inteligente salpican para todos”. Asimismo, reflexiona sobre el quehacer sociológico y el constante desfase entre analistas y actores sociales; luego de la confrontación pública con un dirigente del ‘68 por interpretaciones diferentes de los hechos, recuerda las palabras de Touraine: “en el momento en que el autor y el actor están de acuerdo, la sociología está muerta”.

El libro es una invitación a mirar la historia por el ojo de la cerradura. Se nombran personajes como Carlos Salinas de Gortari, no en su faceta presidencial sino más bien como un chamaco berrinchudo que no sabe administrar una derrota en una competencia de natación. Además, Zermeño describe lugares o situaciones como su viaje a Grecia, a India o a Brasil. Saca conclusiones de su observación cotidiana, explica por qué en el Cono Sur se quitan la palabra al hablar mientras que los mexicanos usan las pausas para el intercambio oral, o incluso se pregunta “por qué corresponde más a la esencia de las mujeres que a la de los hombres el querer a alguien para siempre”. En suma, nos invita a una sociología desenfadada y vagabunda donde la imaginación y el análisis se entrelazan con la experiencia personal.

En la sociología hay varios autores que han ensayado autobiografías con distintas intenciones y formatos, desde Pierre Bourdieu hasta Guy Bajoit. Lo interesante en todas ellas no es lo ejemplar de una vida –de hecho, similar a tantas otras–, sino el ojo sociológico que se filtra en cada uno de los momentos que le toca vivir al personaje. El aporte de Zermeño es abrir el cajón de sus recuerdos y fantasías –muchas estrictamente personales– mostrando al sociólogo detrás de las publicaciones. Por ello su obra no sólo retrata al autor de Reconstruir a México sino da herramientas para comprender la historia de las ideas en el país y a sus actores fundamentales. En 2005 el autor se preguntaba “¿cómo hacer sociología cuando la sociedad se desvanece?” En parte, Las trampas de la belleza ofrece una respuesta.