Política
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Nosotros ya no somos los mismos

Dinos una nota buena y otra mala, propone lector

Escasez y derroche de alimentos

El enfrentamiento oferta/demanda opera en mi contra

Ortiz Tejeda
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Escena en el asentamiento de refugiados Imvepi, en el norte de Uganda, adonde miles de personas han llegado tras huir de la guerra en Sudán del SurFoto Ap
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íceme el joven García Azcoitya: es la última vez que te vuelvo a leer el lunes. Ya me hice el propósito: el primer día de la semana recorto la columneta y allá por el jueves o viernes, la leo. El fin de semana está uno de mejor humor para escuchar tu De profundis clamavi, que le arruina la semana al más superficial, frívolo, optimista lector o simple miembro de la directiva nacional del Partido Verde. No se puede empezar cada semana como si fuera la Cuaresma, ni menos los días santos. Deprimes, Ortiz, incomodas y entonces te quedas sin invitación a una grata reunión para discutir esta diferencia nunca contemplada hasta que los genios de la ciencia económica nos han cimbrado con su descubrimiento: la miseria y la desigualdad no son la misma cosa. Pues entonces vámonos directo a mi colección de mandobles sobre la utópica igualdad de los mexicanos, que no logra colarse entre las rendijas de la miseria universal y los destellos del paraíso al que con reminiscencias adolescentes recordé la semana pasada, como el país de Jauja.

Propone el joven García: campechanea tus datos. Dinos una nota buena y otra mala. No nos abrumes de corrido con las Plagas de Egipto, el Diluvio Universal o los hornos crematorios que acabaron con Las Vegas o séase Sodoma y Gomorra (del Antiguo Testamento). Al principio pensé que la idea no ­estaba tan mal, pero de inmediato descubrí que el planteamiento era un sofisma: los informes que presento son los mismos y al lector le parecen buenos o malos, dependiendo de la parte de la pirámide económica en que se encuentre ubicado. Sin embargo, como yo no me caso, ni con mis ideas, le hago caso y, a continuación, con el ­rigor profesional y sobre todo la mala leche que caracteriza a la columneta, comento el editorial de este diario del 6 de mayo pasado:

1. Según el Programa Nacional de Alimentos de la ONU, 20 millones de personas están en riesgo de morir de hambre (y no por culpa de Weight Watchers), mientras otros 100 millones sobreviven en condiciones de malnutrición. 2. La hambruna que azuela amplias regiones, es el mejor caldo de cultivo de donde surgen militantes de in­surrecciones y conflictos de violencia extrema. 3. A escala global no existe escasez de alimentos y sí, en algunos casos derroche de ellos: “cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura sostienen que cada año mil 300 millones de toneladas de alimentos son desperdiciadas en el mundo, lo cual equivale a 223 kilogramos por cada habitante del planeta. […] El problema no radica en la capacidad técnica de alimentar a la población mundial, sino en la prevalencia de un sistema económico en el cual la distribución de los bienes se encuentra sometida a la lógica de maximización de ganancias”.

En verdad, si hay personas que respeto y envidio son aquellas que han dedicado su vida a la investigación, la academia, la docencia; sin embargo, no puedo sino caer en un agudo soponcio cuando descubro perlas como ésta, que nos comparte Ángeles Cruz Martínez: “Bajos ingresos pueden conducir a la muerte prematura […] Ubicarse en los niveles socioeconómicos más bajos y tener un trabajo de rango inferior, es factor de riesgo para contraer enfermedades y morir de manera prematura”. O sea que los científicos de siete países que realizaron una investigación en Europa, Australia y Estados Unidos concluyeron que era indispensable, para alcanzar las metas de salud propuestas, considerar el nivel económico y social de las personas y que, aunque les resulte difícil de entender y aceptar, se dan más decesos entre grupos con menor bienestar que en los de mayor nivel de vida: (5.2 por ciento frente a 11.5 por ciento en hombres y 9.4 por ciento contra 6.8 entre mujeres). Los expertos detectaron que por tener un nivel de ingresos inferior, los individuos pierden de vida 2.1 años; por consumo nocivo de alcohol, 0.5; por obesidad, 0.7. y, por hipertensión, 1.6.

Al respecto de lo anterior y desde una óptica estrictamente personal y de mi exclusiva responsabilidad: el nivel de mi ingreso está a mis íntimos pálpitos aspiracionales: el enfrentamiento oferta/demanda opera en mi contra: ¿qué sistemas computacionales maneja, cuántos idiomas domina, qué doctorados ostenta? La hipertensión, el colesterol, los triglicéridos, la apnea y todos los múltiples colaterales, por instrucciones de un espléndido médico (un doctor House personal), Carlos Aguilar Salinas, los enfrento con Losartán, Hizaar, Bezafibrato, Atorvastatina, Alopurinol, Valmetral, ácido fólico, Citaloprán, Aspirina Protect y todas las pócimas, brebajes, tes, infusiones, tónicos, aguas benditas de diversas fuentes y manantiales milagrosos (Fátima, por supuesto), caldos que inevitablemente cuanta señora sabe de mis achaques no sólo me recomienda con talante de ucase, sino que las elabora y, si es preciso, me las prepara y se hace responsable que invadan mi organismo por todo conducto posible.

El costo progresivamente acelerado de los medicamentos me obliga, sin embargo, a una práctica mapacheril: me tomo la mitad de las medicinas lunes, miércoles y viernes muy noche y el resto, martes, jueves y sábado por las mañanas muy temprano. Así las aproximo lo más posible en un lapso de 24 horas y hasta parece que una dosis, es doble, como los votos.

Pero olvidemos a los expertos y hagamos un ligero toque con la realidad: a finales de 2016, Víctor Ballinas y Andrea Becerril nos dieron a conocer que en 2014, 432 mexicanos fallecieron por hambre y desnutrición. Un año después la cifra se acrecentó más de 100 por ciento. Agregaron que cerca de 9.7 por ciento de los niños de cinco años presentan signos de desnutrición y obesidad. Cuando alcanzan 12 años la cifra crece a 40 por ciento y para la edad adulta llega a 74 por ciento.

Pero actualicemos la información: en los primeros 100 días trumpianos la detención de migrantes mexicanos aumentó 32 por ciento frente al último año de Barack Obama: 25 mil personas.

Human Rights Watch denuncia que migrantes detenidos se encuentran en riesgo de muerte: datos revelan que hubo personas en centros de arresto migratorio que murieron innecesariamente. Mencionan: atención insuficiente a siete de 18 muertes. Entre ellas dos ciudadanos mexicanos. Y luego dos notitas perdidas en las páginas que suelen pasar desapercibidas. Mujer migrante pierde bebé por no recibir atención médica en la estación de Tepanatepec, Oax. Tenía 38 semanas de embarazo y le faltaba una para dar a luz.

Un último e insospechado descubrimiento: ¡Quién lo creyera! Un municipio donde tan sólo ocho de cada 10 habitantes son pobres: Tlaola, Puebla. Y una pregunta: ¿Cuántos municipios de los 2 mil 500 y tantos que hay en el país se le asemejan a este pedacito de Puebla?

Como que hay muchas patrias y unirlas no se me antoja fácil.

Una vez más les quedé a deber las buenas noticias. Y, ya nada más por no dejar, simplemente las enuncio:

¿Qué monto es mayor: el de la deuda externa mexicana o la salida de capitales nacionales (?), al inicio de este año? ¿Cuánto dejan anualmente por turismo los mexicanos en Estasdos Unidos? ¿Cuántos millones de dólares salieron del país por actividades ilícitas? Éstas y otras minucias las compartiremos el día 26 de junio, si Dios nos brinda vida y salud.

Comentemos, si el tiempo permite, algunas aseveraciones ligeramente cuestionables: 1. contralor capitalino: Imposible, eliminar la corrupción. Aquí yo simplemente estoy becado, dijo Eduardo Rovelo Pico, titular. 2. Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno: Izquierda unida sí, pero sin condiciones. Como quien dice: La izquierda y la derecha unidas, jamás serán vencidas.

Leí que hoy hace siete años te moriste. Igual, que hace siete años, me agarraste desprevenido: de tantas cosas que tendría que decir de ti, ninguna que valga la pena se me ocurre. Pero se me ocurrirá. Y como nos vamos a reír de los ansiosos que esperaron todo este tiempo para reclamar tus desdenes, tus descalificaciones éticas a su ansia desenfrenada de ofrecer talento por reconocimientos y doblones.

Twitter: @ortiztejeda