Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 21 de enero de 2007 Num: 620


Portada
Presentación
Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA
Tres poemas inéditos
de Hölderlin
La cita
CLAUDIA GUILLÉN
Los traidores
(farsa circular)

JUAN TOVAR
Los perros de Estambul
RICARDO BADA
Alta infidelidad: bovarysmo a la inversa
ADRIANA CORTÉS
entrevista con ROSA BELTRÁN

Columnas:
Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

Cabezalcubo
JORGE MOCH

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

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Reseña de Jorge Alberto Gudiño Hernández sobre Un canto pletórico


Directorio
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jsemanal@jornada.com.mx

 

SI LA TELE DIJERA LA VERDAD

Si la tele dijera la verdad, Televisa y tv Azteca dirían las cosas como son y no como el gobiernito del papanatas en turno nos las quiera edulcorar: no estarían tan campantes Fox, su intragable mujer o los atorrantes, voraces hijos de ésta, ni tantos ex funcionarios de leso paso por el gobierno (leso para nosotros, perrada, porque ellos ahí felices, gordos de dinero tan caro a la dignidad nacional, ¿verdad, don Diego?, ¿verdad, señor Gil?), ni se nos habrían hecho humo los quintales de dólares que nos debería dejar tanto petróleo.

Si la tele dijera la verdad, cerraría la trompa a los panistas que se ufanan del poder porque tienen tan poca, pero tan poca memoria que ya se les olvida que no ganaron, que manosearon las elecciones porque también tienen poca, muy poca, poquísima coherencia y resultaron peores que los priístas, igual de ratas, igual de cínicos nepotes hijos de su atrabiliaria militancia, pero además hipócritas, rezanderos e intolerantes, que casi logran que uno quiera ver al pri otra vez despachándose con la cuchara grande. Vaya, si la tele dijera la verdad, Calderón no sería presidente.

Si la tele dijera la verdad, los mismos conductores de esos mismos noticieros de esos mismos canales de esas mismas empresas darían tratamiento crítico y poco acojinado –en lugar de hacer triste papel de escuderos, de patiñitos, de paleritos por comisión– a los mismos de siempre del pri que ya fueron senadores inútiles, corruptos gobernadores, parásitos diputados y babean por la dudosamente honrosa posición de presidir el sindicato de cochuras malolientes, inmensa pila histórica a la que se jactan de pertenecer. Si la tele dijera la verdad, se les reclamaría a los políticos mexicanos la inagotable avidez, la consuetudinaria adipsia que los empuja a vivir pegados a las ubres del presupuesto para seguirnos chupando la médula.

Si la tele dijera la verdad, los anuncios de productos para gordas serían protagonizados por gordas que se miden con una cintita el metro y medio de lonja, en lugar de circes de osculatrices caderas que se miden la talla cero y hacen a cuadro un mohincito de enojo adorable pero más falso que un billete de treinta pesos, y no se vendería ni una sola máquina para tonificar barrigas cerveceras.

Si la tele dijera la verdad, los bancos guardarían silencio publicitario, sepultando esas mentiras para imbéciles en que prometen un buen servicio, personalizado y amable para en realidad someternos a la vejación de la burocrática fila interminable, la humillación de responder a sus leguleyos, el anatocismo, la hemorragia de un rédito bancario que es la usura más cara del mundo.

Si la tele dijera la verdad, la educación en México sería eso, educación, y no habría tanta proliferación de universidades basura; la Universidad Nacional y el laicismo no serían blanco de ataques de una caterva de miserables, alfeñiques mentales de la ultraderecha, duchos en el doble discurso compuesto con irrecusable nequicia.

Si la tele dijera la verdad, no se adoraría una imagen extremeña, ni sería esta una nación fanatizada por una tilma pintada por hábiles artesanos, ni tragaría tan fácilmente el pueblo ese cuento de un santo que nunca existió, ni sería este país una de las principales fuentes de dinero para la estructura injusta, antidemocrática en esencia, responsable histórica de buena parte del atraso nacional, de la Iglesia católica.

Si la tele dijera la verdad, los musulmanes, los mexicanos, los colombianos, los cubanos, los comunistas, los japoneses, los indios (de América septentrional), los vietnamitas, los chinos, los turcos, los iraquíes, en fin, los otros, no seríamos el villano en las películas gringas, y el narcotráfico internacional no sería un fenómeno de extranjeros malvados que envenenan cándidos gringuitos, sino un asunto de adicción masiva, dislocación de los valores humanos en la sociedad gringa, fenómeno de mercado, de distribución y consumo intramuros como no se ha visto en ningún otro rincón del planeta, porque en ningún otro rincón del planeta está la aldea tan enajenada, tan enferma de éxito, ocio y poder, tan absorta en su propio ombligo.

Si la tele dijera la verdad, la campaña de terror antimusulmán orquestada por la oligarquía petrolera en Estados Unidos y cadenas como A&E Networks o Fox no habría tenido lugar, y todos, todos en el mundo, respiraríamos un aire menos enrarecido, más limpio y más libre.

Si la tele dijera la verdad, el mundo sería posiblemente más aburrido, pero harto más habitable.